La casualidad no existe. Como si viviésemos en un enorme show de Truman, nuestras vidas están sujetas y ancladas a un plan ‘divino’ que no deja nada al azar. Ya puede deberse a Dios, a Buda, a la Confederación Intergaláctica o a Ed Harris. No hay casualidad, sólo causalidad. Causa y efecto. Todo tiene un porqué y un sentido. Todo medido, todo estudiado, hilos manejados… Mi titiritero debe tener un extraño sentido del humor.
Truman.
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