Leonor.


Fue mi eterna predecesora en las listas de clase durante párvulos y toda la EGB. Recuerdo perfectamente el día en que nos conocimos: ella con cinco años, yo con cuatro (por aquel entonces, todavía permitían a los niños de enero estar en el curso que por lógica les corresponde).
Me acerqué a ella porque era la única niña que no lloraba -todavía no entiendo por qué las demás sí lo hacían-, le pregunté su nombre y, por esa extraña razón por la que las madres nos empeñamos en que nuestros hijos se aprendan su nombre y dos apellidos tal que empiezan a hablar y por la no menos extraña razón por la que los niños lo repiten completo ante propios y extraños cada vez que son requeridos a ello, me soltó el suyo terminando con un ‘Marchena’ que continuó, poniendo gesto de malicia, con un ‘¿no te da miedo?’. Debí poner la misma cara que Heidi, ya he dicho en alguna ocasión que cuando yo era pequeña no habitaba mucho tiempo en este mundo, porque me dio la explicación en seguida: Marchena era en aquel tiempo uno de esos vagamundos que habitan todas las ciudades, a los que los niños malos torturan y los buenos temen porque a la hora de defenderse no distinguen entre unos y otros.
Después de eso, y a pesar de que estuvimos durante años en la misma clase, no tuve demasiada relación con ella. Fue un mal comienzo y nunca hicimos pandilla.
Ahora me la encuentro muchas mañanas. Tiene a su hija en el mismo colegio que yo a la mía, del que ambas somos antiguas alumnas.
Desde hace algunos días, pienso si estará contenta.

5 comentarios sobre “Leonor.

  1. Yo no conozco a nadie con ese nombre y no tengo nada en contra de la niña en cuestión. Tan sólo espero que nunca llegue a reinar.Seguro que tu compi es como todos, con días buenos, días malos. Momentos tristes y momentos felices.Cariñosss

    Me gusta

Deja un comentario