Toda la pena negra se le deslizaba por las mejillas y la nariz, incapaz ya de contener tanto desconsuelo, le goteaba constantemente. ¿Por qué le había hecho eso? ¿Por qué la había dejado allí abandonada? Había pasado toda su vida pegada a ella, adorándola, y así se lo pagaba. ¿Qué era lo que había hecho mal? ¿Cuál había sido su falta, tan grande como para recibir aquel pago? No podía ni imaginarlo, mientras seguía asida a aquella reja, con la mirada perdida en aquel punto por donde la había visto desaparecer. «Vendré a por ti», le dijo antes de marcharse, pero ¿debía creerla? Ya no estaba segura. Al fin y al cabo, le había mentido aquella misma mañana, cuando, tras el amoroso despertar que le regalaba todos los días, le había dicho «hoy vamos a ir a un sitio precioso en el que lo vas a pasar muy bien». Y allí estaba ahora, rodeada de otros que lloraban su mismo pesar, con el mismo corazón encogido que ella. Tal era su angustia que no se dio cuenta de que una de aquellas mujeres con bata blanca se le acercaba. Gritó, pataleó y se cogió aún con más fuerza a la reja. No podía, no debía separarse de allí. Por si volvía, le había dicho que lo haría.
La señora de blanco, no sin esfuerzo, consiguió que se soltara. La cogió dulcemente en brazos y, entrando en la enorme clase en la que Winnie the Pooh las miraba incesantemente desde todas las coloridas paredes, le iba diciendo tranquilamente «No llores, Martita, preciosa, verás como tu mamá vuelve enseguida».

Yo, al igual que Martita, lloraba y lloraba. Parece mentira que lo recuerde tan bien si tenía sólo 4 ó 5 años, pero hay momentos en la vida de un niño que se quedan marcados para siempre.
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Andá, parece que no soy el único que lloraba a la entrada del cole. El final me ha despistado, pero desde el principio me ha hecho revivir el abandono en guarderia ó colegio. Nunca entendí el porque de tantas horas perdidas de jugar…
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Nunca lloré al ir al cole, pero si recuerdo como a aquella niña que pataleaba la entraron en clase casi a rastras, y yo, muy pequeña no comprendía a qué venía tanto desconsuelo. Por supuesto lo entendí mucho después cuando me tocó ser la de la bata blanca, entonces si entendía a esos pequeños que se agarraban a la pierna de mi pantalón y no me soltaban ni a sol ni a sombra. ¿Te acuerdas?
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Yo tampocó lloraba, conocía a varios niños ya del parque, tuve esa ventaja.
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Yo no fui nunca al cole ni a la guardería tampoco.
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mi comienzo en el cole fue un poco así… Diferente. No dira que traumatico, – al menos no lloré-, pero no lo recuerdo como algo alegre.besosme encanta el blog
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¡¡Precioso relato lleno de imaginación!!Yo no recuerdo si lloré mucho o no, pero reconozco que ahora lo hago por otras cosas y es que la edad nos pone en distintas circunstacias ¿verdad?Bss.
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Yo no lloré nunca, pero recuerdo a un par de compañero que lo hacían a todo pulmón y me daba penita verlos así. Hoy en día cuando me cruzo con ellos no puedo evitar recordarlos en ese primer día de clase y me da ternura.Besos
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Es que son muy pequeños y están tan unidos a nosotros… El primer día es malo para algunos.
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A mí tenían que ir arrancándome de todas las farolas que encontraba en mi camino, o cualquier otro asidero posible. En realidad el cole no me desagradaba demasiado, pero me costaba mucho hacerme el ánimo de ir :)Con mi niña mayor, que acaba de empezar, no tengo problema. Se queda tan a gusto. El que me quedo mirando en la reja soy yo 😉
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Yo nunca lloré, mi profesora (la seño) sí. El primer día me escapé de clase con 4 añitos. El segundo día me pusieron 3 puntos en la ceja. La profe me tenía miedo, pero yo la adoraba por que después de ponerme los puntos me invitó a un zumo de naranja y el primer día cuando mi madre me devolvió a clase me dio besos llorando de alegría.Besos de niño travieso.
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Ains… igualitos de tiernos los niños shicos que los cafres de los míos…
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Ay, Carmela, que si me acuerdo.. ese Dani deshecho en lágrimas quitándose el chupete para decirle a su prima Chari que no llorase, o Paquito, medio curso agarrado a tu pierna llorando por su mamá… Si a mí también me dan ganas de llorar muchas mañanas cuando llego a la oficina, que no llamo a mi mamá porque me da vergüenza, no lo van a hacer ellos que son tan pequeños???Lesan, David: Bienvenidos!!!Besitos a todos.
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