Frío.

Nada más llegar a mi nueva oficina, allá por finales de julio, lo primero que hizo el jefe del que sería a partir de entonces mi departamento fue presentarme a todos los compañeros. A todos los que estaban, claro, que en esas fechas la mitad disfrutaban de sus vacaciones. Aún así fueron los suficientes como para que no empezase a relacionar cada nombre con cada cara hasta una semana después.

 

Lo segundo que hizo fue enseñarme mi mesa, mi silla y mi ordenador. Sí, ese cachito de estancia que me correspondía y en el que pasaría muchas horas desde ese día. Y me encantó. La mesa era fea, la silla fea, el ordenador viejo… pero había una enorme ventana para mí sola. Para mí, que había pasado los últimos cinco años de mi vida laboral en una oficina con ventanas y balcones… en los despachos de los jefes, mientras que el personal auxiliar nos bronceábamos bajo la luz blanca de los fluorescentes. Para mí, que durante los dos primeros años de aquellos cinco hubiera sido capaz de matar por un rayito de sol y que los tres restantes estaba tan mustia que ya me daba igual. ¡Y ahora me regalaban una ventana! ¡Y qué ventana, señores! Enorme, con vistas a la parte trasera de una iglesia sobre la que revoloteaban, pizpiretas, las golondrinas, en un barrio tranquilo, con fresca umbría toda la mañana… casi no veía la calle porque me lo impedían las copas de los árboles, atestados, además, de tórtolas y cotorras.

 

Pero claro, eso fue en julio. Los meses pasaron, se terminó el verano, llegó el otoño… y llegó el frío. Los árboles se quedaron pelados, las golondrinas emigraron y aquella ventana que daba a una calle sombreada y fresca resultó ser una ventana orientada al norte, y el frescor se convirtió en un frío del que hace que el grajo haga espeleología. Así que en el invierno más frío (en cantidad, calidad y duración) de los que se recuerdan en Cádiz yo estoy aquí, al lado de mi ventana, pegadita a ella porque no hay más sitio. Y ni la calefacción impide que hilos de frío se cuelen por ella pegándoseme al cuerpo y haciéndome tiritar. Lloro amargamente las mañanas que hace más frío sólo de pensar las horas que deberé pasar aquí sentada, y me revisto como si fuese a instalarme en el círculo polar ártico. Hay días en los que llevo cuatro capas de ropa (abrigo aparte. Veréis qué delgada me voy a quedar en cuanto empiece el buen tiempo) y si estoy deseando salir no es por escaquearme del trabajo, sino porque hace más frío dentro que fuera.

 

En fin, que ya estoy como los rocieros, descontando los días que faltan para la llegada de la primavera, del verano mejor, y marcándolos con muescas en la bufanda. ¡Y ya quedan menos!

7 comentarios sobre “Frío.

  1. Probesita,joé!! que te imagino con los guantes puestos,tecleando las frías letras en el ordenador,con el vaho escapando de tu ora opulento cuerpo (en verano te destaparás cual flamante mariposa),…para mí que…¿te suena la palabra «novatada»?…seguro que entre quienes te rodean hay alguien que antes ocupaba ese lugar,…busca,busca,…seguro que te mira con una mezcla de lástima,superioridad y alivio…jijijijiji … Es que esta ciudad no está preparad para los inviernos,…vamos a tener que hacer como los osos,…a dormir todo el invierno!!! colgamos un cartelito de «Vuelva Ud. en primavera» y ya está!!! XDXDXD
    En vez de un beso,te mando un abrazo para darte calorsito humano!

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  2. Volverán las oscuras golondrinas
    en tu balcón sus nidos a colgar,
    y, otra vez, con el ala a sus cristales
    jugando llamarán…

    Volverán las tupidas madreselvas
    de tu jardín las tapias a escalar,
    y otra vez a la tarde, aun más hermosas,
    sus flores se abrirán…

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  3. La idea de India de la novatada, no es tan descabellada, indaga a ver……y no podrían sellar esa peazo ventana de los c**o**s?…o pide un plus de peligrosidad y otro de vestuario, porque claro, tú el vestuario que tienes de invierno lo utilizas en un solo día, y al dia siguiente qué…
    Un abrazo muy fuerte, y la próxima plaza pídela en el Caribe.

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  4. Creo que vas a tener que poner un acumulador de calor en ese rincón y en cuanto sople el levante guardarlo para el invierno. Ten cuidado a ver si un día ven un montón de ropa en un rincón y no sabiendo que hay alguien abajo te lleven a reciclar. Un beso cálido.

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  5. India, chata… mi antecesor me han contado que se trasladó a la Junta… aunque yo creo que lo tienen congelao en el sótano, algún día me armaré de valor y bajaré, seguro que me lo encuentro allí en plan Walt Disney…

    Lunaria, ya estaba pensao, pero resulta que es un edificio viejo con una instalación eléctrica llena de parches… que no soportan el tirón de una estufa. Así que, hasta que nos mudemos de edificio, me parece que la única opción son las capas de ropa superpuestas…

    Davo, no sabes las ganas que tengo este año de escuchar los piídos cada mañana y cada atardecer…

    Livy, ya te digo que no sé si no estará el mushasho congelao en algún rinconcillo por aquí… y lo del plus de vestuario no creas que es una idea descabellada 😉 Eso sí, lo que me estoy ahorrando en liftings, con lo tersa que se me está quedando la piel….

    Búcaro, tendré que dejar la manita fuera, pa que no me barran las limpiadoras cuando pasen… 🙂

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