Interneeeeeeeeeeeeeeeé

Desde que hace algo más de un mes mi ordenador decidió que ya estaba bueno lo bueno y se puso en huelga de circuitos caídos, se han ido sucediendo los acontecimientos. Primero intenté arrancarlo por todos los medios. Teniendo en cuenta que mis conocimientos de informática me llevan a tener la pantalla llena de tippex en mi intentos de borrar los errores cometidos en Word, podéis entender que ‘todos mis medios’ iban poco más allá de reiniciar el ordenador una y otra vez, aunque sólo fuera por comprobar quién se aburría antes, si él o yo. Ganó él. Por goleada.

Una semana más tarde, cuando ya tenía las uñas mordidas a la altura del codo, Beaumont bajó de los cielos barceloneses como un San Jorge dispuesto a enfrentarse al dragón. Tampoco hubo resultados, al menos no satisfactorios para nosotros, que al ordenador me pareció entreverle una sonrisilla en el fundido en negro que era su pantalla. Llegados a este punto, se tomaron varias decisiones: primero, se decidió que el portátil de Beaumont cambiaría su nacionalidad catalana por una entidad nacional andaluza. Segundo, se decidió que Beaumont cambiaría su portátil de tres kilos por uno de medio moniiiiiísimo. Tercero, se decidió, mi ordenador, por su cuenta, que ya estaba bien de bromas y era hora de arrancar. Al final lo convenció Beaumont. Hay que tener en cuenta que, de haberse dado la tercera circunstancia en primer lugar, no se habrían dado las dos primeras, si bien, esta tercera fue consecuencia directa de la segunda (ahí queda planteado el problema de lógica, que a mí me supera, ya que mi profesora de filosofía de tercero decidió hacer con el programa lo que le salió del Kierkegaard y nos saltamos esos temas).

En fin, que Beaumont transmitió su portátil en fideicomiso (él insiste en la donación, pero yo todavía no tengo confianza con él –con el portátil- como para eso. Todavía me sigo acercando a él –al portátil- con una silla a modo de escudo. A Beumont no. A él –a Beaumont- me acerco de otra forma), y ya que el panorama estaba así, decidimos también cambiar la conexión por una inalámbrica. Que me llegó ayer. Como ya os he contado cómo se me dan a mí los temas informáticos, me ahorraré de dar más ejemplos para no hacer leña del árbol caído, pero os podéis suponer que este post no lo estoy escribiendo cómodamente sentada en mi sofá con el portátil sobre las rodillas mientras veo España directo, sino sobre la mesa del despacho, con el ordenador de sobremesa apagado y el portátil esposado mediante un cable ethernet (esta palabra la aprendí ayer).

Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad. Esperamos un nuevo advenimiento de nuestro salvador. Seguiremos informando.

7 comentarios sobre “Interneeeeeeeeeeeeeeeé

  1. Tranqui Bella, qué como dicen por ahí, «las cosas de palacio van despacio»!
    Ya verás como en menos de nada estás escribiendo ese post desde el sofá y con la tele de fondo, te lo digo yo que viví lo mismo en carne propia!
    A amigarse con el portátil, anda! Qué es lo primero!
    Besos!

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  2. ¿Cable ethernet? ¿y eso se come?…yo había oído hablar de los cables MP3, pero vamos, que creo que tampoco se comen…En fin, que yo que soy de los que escriben con el portátil en la rodillas placidamente sentado en el sofá viendo España directo te animo a que también lo hagas, con o sin cable ethernet 😀

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  3. Ojú! yo tenía antojo de uno portátil,…ya sabes,para que no se me quemen las lentejas mientras despotrico contigo,…pero si tiene tanta complicación…:D
    Y…¿cómo dices que te acercas? jajajajaja

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