Hace tiempo que os presenté a Nano, mi gato mayor y hoy os traigo a Wey, mi gato pequeño, porque así, además, presumo de niña, que esta foto tan fantástica se la hizo Lorah, que tiene en los gatos y en ella misma sus mejores modelos.
Wey es un gato que no sabe que es un gato. Ni siquiera tiene conciencia de ser una gata, aunque lo parezca. Él piensa que es un dios divino que está por encima del bien y del mal. Por eso no hace ni puñetero caso de nada ni falta que le hace. Por eso se cree con el derecho y el deber de castigar a quien se lo merece -o no- y que siempre es Nano, que tiene ya -y para siempre, me temo- la cara como un mapa. Wey es el latin king de mi pasillo. Ningún gato a este lado del Pecos puede pasar por allí sin que él le deje su impronta en forma de emboscada, acoso y posterior derribo. Él no se amilana porque Nano sea mayor que él, ni porque pese casi el doble, ni porque éste lo adoptara cuando era un peluche desflecao y llegó a casa con más miedo que vergüenza.
Eso sí, todo lo que he contado arriba, las escaramuzas que, casualmente, casi siempre coinciden cuando nos vamos a dormir y se apagan todas las luces de la casa, las peleas… son cuando él quiere. Porque cuando le conviene, Wey puede ser el gato más cariñoso, más mimoso y más empalagoso del mundo. Le hace arrumacos al rubio y se lo camela para dormir bien calentito arrebujados los dos o en el mejor sitio y el más cómodo. O lo engatusa -nunca mejor dicho- para que lo lama y lo lave de arriba a abajo, que al señorito se conoce que le da asco tener la lengua llena de pelos. También puede ser el más glamouroso: nunca jamás comerá de tu mano, ni tampoco beberá directamente de su cuenco. Él prefiere meter su patita en el agua y lamérsela antes que meter el hocico en el bebedero común. Estoy pensando en comprarle una Riedel, que creo que va más con su estatus de aristogato.
En fin, que Wey vive como un obispo. Nano también, pero él como un obispo flagelado.

¡Me encanta esa foto! Felicitaciones a la artista 🙂
Yo pensaba que todos los gatos eran como Wey. Cada día aprendes algo nuevo.
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JAjaja qué puntazo de gato, AMpharou, despotilla el minino… a este le hace un oficial Matute que le ponga las pilas! BEsos
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Tu gato es como mi perro Ringo, en realidad es el dueño de la casa, eso me pasa por haberlo mimado tanto…
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Malatesta, es que tengo una artista en casa 🙂
Y no, todos los gatos no son como Wey. Nano, por ejemplo, es mucho más bueno y más cariñoso… y Dioni, el que tuve hace años, era un gato ejemplo del síndrome de Asperger…
Venti, despotilla y tirano.. con la carilla de no haber roto un plato en su vida. Claro que creo que yo tengo parte de culpa: en verdad se llama Wey Cabrón. Con ese nombre no podía salir de otra forma..
Luz, guapa!! Tienes razón, las mascotas al final se convierten en los dueños de las casas. Igual es por mimarlos, pero también debe influir el carácter de cada uno: yo quizá haya mimado más a Nano, y no es ni la mitad de tirano que éste..
Besines a todos!!!
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y esa personita que ronda por las esquinas… se acerca cuando el quiere.. te muestra su cariño..y se aleja cuando le apetece.. es como su dueña?
o acaso es el gato el que aprende?
Un besote Ana
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Insomne, cuánto tiempo!
Hombre, la dueña es un poco menos arisca… aunque en verdad su dueño es Nano, que aquí las jerarquías las tenemos muy asumidas
Besines!
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Yo tengo dos gatines, me siento muy identificada con lo que has contado, aunque los mios actuen de diferente manera.
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Marga, bienvenida! Cada uno son de su padre y de su madre, como se dice por aquí. Yo he tenido tres (contando a los dos que tengo ahora), he convivido con una más y conozco unos cuantos: y ninguno es igual que otro!! Eso sí, todos son adorables 🙂
Besines.
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