Recuerdo cuando era pequeña, muy pequeña, que jugaba con mis primos o con la vecinita de la puerta de enfrente (bueno, yo jugaba con ella y ella me sufría), que uno de los pasatiempos favoritos era hacer pompas de jabón. Para ello, debíamos ponernos muy pesados (cosa que debía ser día sí y día también) hasta que a mi madre, por tenernos un rato entretenidos, llenaba medio vaso de agua, le echaba un chorreón de Mistol y nos lo daba junto a un boli Bic al que le había sacado la mina y quitado el tapón y el capuchón. Bajo amenaza severa para que no saliéramos de allí y le empercocháramos toda la casa, nos desterraba a la terraza en esas tardes interminables de verano, sin saber que ese era el mejor lugar para hacer pompas, porque, en su suelo de losas de barro, era donde mejor quedaban dibujados los esqueletos de las burbujas muertas.
El juego se dividía entre el que tenía la cánula y fabricaba las pompas, cuyo mayor propósito era hacer que salieran el mayor número posible de cada soplido, y los que esperábamos turnos, que nos dedicábamos, como pequeños cabrones, a explotar rápidamente todas las burbujas antes de que llegaran al suelo. Pero una vez sofocado el primer fragor, cuando era tiempo de pasar a un nuevo juego, yo prefería quedarme, dueña absoluta, ahora sí, de los restos del agua jabonosa y del boli bic, y hacerlas tranquila, sin competiciones, dejándolas reposar con cuidado sobre una superficie lisa. El objetivo era hacerlas lo más grande posibles y entonces observarlas. Llegué convertirme en una experta del ciclo vital de las pompas de jabón: sabía que, recién hechas, reflejan los colores del arcoíris perfectamente concéntricos, perfectamente alineados, para, al poco tiempo, y sin que medie influencia exterior, pero como movidas por una suave brisa, el centro imaginario (¿acaso no lo era todo?) de esos círculos desaparece y los colores empiezan a ondularse como a ritmo de latidos, hasta que ¡oh!, aparecen unas manchas negras. Estas manchas son al principio apenas unos puntos minúsculos que hacen que los colores se retuerzan en torno a ellos, en espirales que se mueven rápidamente lo mismo hacia un lado como hacia el otro. Luego lo negro va creciendo, y el espectro comienza a diluirse poco a poco en esa superficie líquida. Cuando ya no queda nada de color, la pompa explota, por mucho cuidado que pongas, por mucho que trates de evitarlo, en cien mil o más pequeñísimas gotas de agua, dejando un círculo en el lugar que fue.
Me he acordado mucho los últimos días de estos juegos infantiles. Y me he acordado porque he vuelto a vivirlos. Sin pompas, eso sí, sin agua jabonosa, sin boli bic. Ampharou, la que veía colores a la hora de dormir, la de los remansos de agua cuando cerraba los ojos, ahora sólo ve espirales de manchas negras que giran y se retuercen, que bailan una danza macabra que funde en negro cuando aprieto los ojos. Son malos tiempos para la lírica, y hasta las pompas lo saben.

Jo, qué mal rollito el final, con lo poética que iba la entrada.
¿Y ahora qué hago yo con el comentario tan intelectual que tenía ya preparado sobre la teoría del caos aplicada a las pompas de jabón? Como hubiera dicho el difunto Fernán Gómez, ¡a la mierda!.
En fin, que haya mejoría.
Me gustaMe gusta
Malatesta, te parece poca la teoría del caos que promulgan mis pompas???
En fin, que sí, que esperemos que haya mejoría para todos, que la cosita está mu neeeeegraaaaaaaaa!!!
Besines!
Me gustaMe gusta
Que observadora, ay si einstein te hubiera conocido E=mc2 y la teoria de la relatividad habría podido llamarse teoria de la pompalidad. A mi no me dio tiempo a revisar los puntitos negros, porque escuchaba antes la teoría acústica del pum-pam ya explotó.
Mucho ánimo, las pompas vienen y van, pero sobreviviremos. Que entrada más bonita, como todas. Besos guapa.
Me gustaMe gusta
Vinti, yo es que fui una niña tímida e introspectiva. Si no, pregúntale a mi madre, que ya verás cómo te lo confirma
Y sí, las pompas vienen y van… pero hay algunas que se hacen muy gordas antes de explotar… Esperemos que sea pronto el tiempo en el que todas sean de colores 😉
Besines relinda!
Me gustaMe gusta