Mi primer Ikea, chispas

Hace dos noches se nos rompió el espejo del cuarto de baño. No os preocupéis, no hubo heridos. Ni siquiera el propio espejo, porque de hecho, lo que se rompió fue lo que lo sujetaba a la pared. Eso sí, después del estruendo (que agradecimos fervientemente que se produjera a las doce de la noche, que aún estábamos levantados, y no a las tres de la mañana, que nos habría dado un susto de muerte), cuando llegamos al baño, los diez mil botecitos de todo que se acumulaban felizmente en la repisa del propio espejo, rodaban libres por el suelo. Después de acomodar el espejo en lugar seguro, recogerlo todo y dejar los cables en una situación segura, nos acostamos, no sin agradecer de nuevo la deferencia del espejo de no tirarse de la pared a altas horas de la madrugada.

Así que ayer tocaba comprar espejo nuevo. Más que nada, porque con el chiquitito que nos apañamos (porque no tenemos más remedio) es un rollo. Que sólo te ves la mitad de la cara. Que me tengo que maquillar de oído. Que dejo a la intuición el ir bien peinada. Y que además, no hay luz suficiente para todo lo anterior. Por la mañana me puse a buscar en internet dónde venden espejos BBB. Me metí en la página del lugar ese del triangulito verde más que nada por cercano y global. Y casi se me cayeron las rayas de los ojos que tanto me había costado pintarme por la mañana: espejos de quinientos leiros y más. Que digo yo que me miro en un espejo de esos y el reflejo tiene que ser por lo menos el de Natalie Portman arreglada para salir, porque si no, no lo entiendo. También los había más baratos, claro, pero ya se me quitaron las ganas. Así que me fui a la página del sitio sueco de letras amarillas, éste por global, pero no por cercano, y allí encontré cosas más acordes con mi comatoso estado financiero.

Decidimos pues, después de comer y con el sabor de los calamares todavía pegado a la campanilla, hacer una excursión a ese bonito pueblo de la provincia de Cádiz donde hace tanto fresquito en agosto. Cogimos el tren (por los pelos) y al salir de él en la estación de Jerez, alguien nos dio una bofetada ardiente que no se nos pasó hasta que entramos en un taxi con aire acondicionado. Y de pronto, allí estaba yo, en la puerta del gigante sueco ¡por primera vez! Como sólo íbamos a por el espejo y queríamos volver cuanto antes por si nos daba tiempo a colocarlo, Beaumont me arrastró por los pasillos, obligándome a no mirar, hasta que llegamos al departamento de baños. Elegimos, y como nos salía más barato de lo que esperábamos, decidimos llevarnos también una estantería. Una chica muy amable nos indicó dónde podíamos encontrarla, porque al ser de oferta, no estaba colocada en el almacén. Aún así, cuando llegamos al sitio, tampoco la vimos, con lo que, mientras Beaumont se quedaba con el espejo que ya habíamos encontrado, me dirigí a un señor con pinta de trabajar allí para que me indicara. Yo, que a estas alturas ya estaba hiperventilando y tenía los calamares haciendo estragos en mi tripa, me atropellaba diciéndole al hombre que estaba buscando la estantería MOLGER, pero la de colgar, no la otra, que una chica nos había dicho que estaba allí, pero que no.. El tipo me miraba sin mover una pestaña, y yo seguía hablando como si no hubiera mañana. Hasta que paré para coger aire y el señor me espetó un seco ‘pasillo veinte’ con acento del norte de Europa. Fui hasta donde me dijo, al final para nada, porque se les habían acabado las estanterías de supermegaoferta. Salir de la tienda fue como cruzar el Yunque del Infierno, otra vez, y llegar de nuevo a Cádiz fue de un alivio casi pecaminoso.

Ahora sólo nos queda colocar el espejo. Pero eso deberá ser contado otro día.

9 comentarios sobre “Mi primer Ikea, chispas

  1. Pscht! Pscht!… la próxima me das el toque… nos vamos las dos… solitas… jijijiji con el maletero del Cordobita vacío (a la ida)… 😆
    Los pasillos del almacen sólo son divertidos si los vives como el plano de una isla del tesoro jejejeje
    aaaaaahhhhhhh arde Cái que ya te ves y sales aún más guapa a la calle!
    Achuchones!

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  2. Ay, qué ascuzo le he cogido a ikea, que ha puesto en peligro mi relación ni me acuerdo de cuántas veces en el último mes… La estantería molger no estaba porque la están quitando, yo me he quitado mi repisita molger de mi casa, que usaba para soltar las llaves y cosas en el recibidor inexistente para el baño del piso de mi chico, porque me encanta esa maderita ^^

    En fin, pues ir a ikea es un rollo pero sí, el triangulito verde es más caro quel copón…

    ¿Me enseñarás a pintarme de oído para momentos de extrema necesidad? 😀

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  3. Uy, India, las dos solitas… tú sabes que van a tener que llamar a los Geos pa sacarnos de allí, no???
    Y sí, ya me veo… además, con el pedazo de foco que le hemos puesto al espejo!! Que estoy más contenta!!! 😀

    Rune, en peligro va a poner mi relación la fobia que le tiene mi medio limón a todo lo que huela a centro comercial. Que voy a tener que hacer como los del Equipo A con el Mr.T ese, doparlo pa llevarlo a alguno…
    Y lo de pintarte de oído no te lo aconsejo… la raya del ojo sale chuuuuuuuuunga, chunga 😉

    Besines a las dos, preciosísimas!!

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  4. Aquí en Murcia tenemos IKEA, y ya la gente lo usa como un pasatiempo o un Corte Inglés (van a pasear)

    Vayas cuando vayas siempre está lleno.

    Y siempre que voy por algo, también vuelvo con cosas de más.

    Saludos!

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    1. Bueno, Fran, lo comentábamos el otro día, precisamente en nuestra ‘fugaz’ visita a Ikea, que ahora, la noción de ocio es la de ir a un centro comercial y echar allí la tarde o incluso el día, herencia directa de Estados Unidos… y a mí no me mola nada!
      Y a mí es que no me dejaron volverme con cosas de más… pero ya me vengaré, ya!! 🙂

      Besines!!

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  5. Nosotros tuvimos que subdividirnos. Uno con 1/2 de estanterías y armarios ya pagadas hacia la berlingo. Comprobar que caben, ¡que estrés!, y luego pasar 1, 2, ó3? o una a una para ir comprobando si caben. Más estrés.
    Al final ibamos encajados en la furgoneta, y se tuvo que hacer a los 15 días un segundo viaje por no montar 1/2 de armario. Eso sí, las albóndigas, muy ricas.
    besos.

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