Winter is coming

No me gusta el invierno. El frío me encoge y me paraliza hasta extremos insospechados, la falta de luz me entristece, y si llueve más de dos días seguidos, me enerva como a un león encerrado y hambriento. Pues bien, justo hoy lo empezamos. Nos queda por delante unos meses en los que, además, tendré que agradecer estar en esta parte del mundo y no en Verkhoyansk, que no sé qué sería de mí de haber pertenecido al clan de los Stark.

Pero llevo unos días en los que estoy disfrutando con esta estación. De acuerdo que mucho tiene que ver el clima suave que tenemos para que no me esté cagando cada cinco segundos en la marequeparió al frío y pueda fijarme en otras cosas, pero es que me parece a mí, o al menos no recuerdo otro que lo hubiera sido tanto, que éste ha sido el final de otoño (principio de invierno, que empieza hoy y no creo que se estropee todo esta noche) más hermoso de los que he vivido.

Sobre todo me pasa por la mañana temprano. Cuando salgo de casa es todavía de noche, y salvo la hora, no hay nada que indique que vaya a salir el sol. Los últimos días hemos tenido en Cádiz unas nieblas matutinas que, si no eran puré de guisantes, lo eran de coliflores. Yo me bajaba del bus en la parada de al lado del cafetal, cruzaba el semáforo (la visibilidad no estaba para  hacer tonterías) y me topaba con mi querida acacia. Ahora todavía está repleta de hojas, todas de un tono dorado absolutamente precioso, aunque cada mañana amanece con una tupida alfombra amarilla a sus pies. Tiene, además, una farola al lado que la sobrepasa en altura. Uniendo el factor del dorado, la luz anaranjada de la farola sobre la acacia, la noche y la niebla, os podéis hacer una idea de cómo me quedo clavada a sus pies  cada mañana cogiendo el aire que me hace falta después del madrugón para continuar el día, llenándome los ojos de bonitura para que no quepa nada feo de lo que me espera.

Hoy no he madrugado tanto, y cuando llegué a la parada, ya iba despuntando el sol. Estaba todo el cielo nublado, pero un rayo de sol había conseguido eludir las nubes y se había escapado para dar justo en las primeras casas del casco antiguo, allí en Santa Elena. Yo los veía por encima de las Puertas de Tierra, con las que no parecía ir aquel rayo de sol y seguía sumida en colores parduzcos. Si hubiese sido una fotografía, podía haber jurado que estaba hecha de recortes, tan definidos como estaban los cambios de luz.

En fin, que no sé si es que se me ha despertado la glándula pineal o qué, pero pareciera que tuviera ojos nuevos para captar pequeñas cosas hermosas casi sin salir de casa: esos cambios de luz, los árboles con unos tonos que quitan el habla, los olores intensos a mar y el suave y dulzón de las acacias. Este año, casi me gusta el invierno.

3 comentarios sobre “Winter is coming

  1. Bonitura… qué palabra más linda!
    Oye, pues me alegro mucho de que seas capaz de disfrutar de esas cosillas, porque me parece uno de los pequeños placeres de la vida. Yo me quedo embobada con las mismas cosas que cuentas, bueno, con las que forman parte de mis rutinas. Cada mañana me quedo mirando por mi ventana como recortan las montañas una infinidad de casitas blancas (por un lado mi piso da a la sierra y a un barrio que parece un pueblecito de casa encaladas), y cuando hay niebla, como estos días, la atmósfera es hipnotizante ^^
    Yo este año he decidido que (por la cuenta que me trae) voy a empezar a querer al invierno y a que el frío me resbale muy mucho. A ver si me sale!
    Besitos, y que tengas un finde muy chuli y… por si se me olvida en otro momento… felices fiestas 🙂

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    1. Sí que es bonito, elbucaro, sí que es bonito!!

      Rune, al final vas a echar de menos el calorín de tu pueblo!! 😛
      En serio, es chulo fijarse en esas cosas, encontrar cosas bonitas, aunque pases por su lado cada día, y que una de esas cosas pueda hacer mejor tu día.

      Besines a los dos, felices fiestas!!! 😀

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