Clementina

O cómo recibes una llamada un miércoles a las ocho y media de la tarde y a las doce del medio día siguiente tienes una gata viviendo en tu cuarto de baño.

Porque esa es la historia de Clementina, la historia conocida al menos. Unas chicas la encontraron debajo de un coche y acudieron a mi él por si se podía hacer cargo de ella. Una llamada, la condición de que se quedaran con ella hasta el día siguiente para que pudiéramos llevarla al veterinario antes de que entrara en casa (no sabíamos en qué condiciones estaba y tampoco había necesidad de poner en peligro la salud de Aris y Loki).

El veterinario (Germán, de Canymar, el dios de los michis le pague con creces la maravillosa persona que es) nos dice que, aparte de las pulgas que le corrían por el cuerpecillo, está estupenda. Que es una chica, que no tiene ni la cuarentena y que la mantengamos aislada para evitar contagio de parásitos si los tuviera (y que tiene todas las papeletas de tener). Y en esas estamos, con una gatera improvisada en el baño hasta dentro de diez días y una chiquitilla que ya ha sufrido varios cambios de nombre: de Maricruz a Catalina y de ahí al definitivo, Clementina, en cuanto pudimos bañarla y salió ese maravilloso naranja encendido de debajo de toda la roña que la cubría.

Como veis es preciosa. Tranquila, solo dio un concierto que ni la Callas la mañana que la trajimos. Ahora pasa los días entre juegos y siestas, con el vigilante Loki al otro lado de la puerta. Es juguetona y es un amorcillo de escaso medio kilo.

Estamos deseando que termine esta medio cuarentena y podamos hacer las debidas presentaciones con los que serán sus hermanos de vida. Rezamos a todos los michis santos para que la acojan bien y la adopten como a alguien a quien proteger y no la vean como una amenaza.

En ca’Ampharou se ha equilibrado la balanza humanos-felinos y creo que esto nos va a hacer más felices todavía.

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