
De abril a julio y tiro porque me toca: que una dice que va a escribir más a menudo y se le viene una pandemia de nada y ya tiene la excusa perfecta para estar meses sin aparecer por aquí. Precioso está eso, vamos…
En julio nos acompañaron en nuestro almanaque Los embajadores, de Hans Holbein el Joven, pintura de 1533 (os dejo su enlace en la página de la National Gallery, por si queréis bichearla a fondo). Quizá una de las obras más enigmáticas de las que vimos en el museo, también una de las más imponentes, casi cuadrada, de poco más de dos metros de lado, con lo que sus figuras se aproximan bastante al tamaño natural.
Realmente no sabría decir si esas figuras son la excusa para un bodegón (el que se encuentra entre ambas) o si el bodegón es la excusa para los retratos: Jean de Dinteville, el joven de la izquierda, embajador de Francia en Inglaterra, y su amigo Georges de Selve, obispo que había sido embajador ante Carlos V, Venecia y la Santa Sede. Todo el cuadro está lleno de simbolismo, tanto los ropajes de los personajes, en todos los objetos que se encuentran en la consola que hay entre ellos e incluso en los que parecen encontrarse fuera de lugar, como ese ‘hueso de sepia’ (así dio en llamarse) que parece flotar entre los hombres o el crucifijo colocado en la esquina superior izquierda, tan fuera de plano que en algunas reproducciones ni aparece.
Sin duda, lo que más extraña y llama la atención del cuadro es precisamente ese hueso de sepia que no es más que la representación anamórfica de un cráneo humano. Así el supuesto bodegón quedaría convertido en un vanitas, recordándonos de lo vacía que realmente es la vida, todos sus aconteceres y sus cuitas, frente a la omnipresencia de la muerte.
Si queréis profundizar en la obra, cosa que os recomiendo, leed la reseña en la misma página de la National o la que podéis encontrar en Wikipedia.
Lo de mis lecturas lo vamos a dejar pasar, en serio. No haré ningún comentario más si no es en presencia de mi abogado. Tampoco haré la promesa de leerme El quinteto de Avignon en vacaciones. ¡Pasad de largo de este párrafo ya, malditos!
Series: como cada verano desde hace ya unos cuantos, estamos con Yo, Claudio. Sigue siendo una maravilla verla. Y a cada capítulo vuelvo a repetirle a mi él que tiene que leerse los libros de Robert Graves. ¡Yo los disfruté tanto!
A las series vintage le hemos incorporado este año Retorno a Brideshead. Siempre le he tenido cariño a esta serie, aunque no la recordara demasiado. Con ella me enamoré de Jeremy Irons, y, como contaba el otro día en otra red social, ahora me he enamorado del Sebastian Flyte de Anthony Andrews. Estoy considerando buscar la novela en una librería de viejo y empapármela en cuanto pueda… (de hecho, acabo de comprarla mientras escribía esto…)
En estos meses que os he tenido abandonados, nos terminamos la tercera temporada de Westworld (que podéis obviar tranquilamente, no os vais a perder nada), terminé Tales from the Loop, que al final vi yo sola (mi él no estaba por la labor) y ha sido de las que más he disfrutado este año: ese toque cotidiano de lo sobrenatural y la tecnología, la calma, la vida, la muerte, la soledad como protagonistas. La magnífica banda sonora. ¡Os la recomiendo encarecidamente!
También vi Penny Dreadful: City of Angels. Haceos un favor y no os acerquéis a ella ni con un palo. Penny Dreadful solo tiene las tres temporadas anteriores. Esta, además de no tener nada que ver con ellas, no tiene ni pies ni cabeza, pero sí tiene a Natalie Dorman, así que ¡huid!
La semana pasada terminé Las Luminarias (tenía que volver a por Eva Green después del desastre de la que os he comentado antes).Solo seis capítulos, una historia un tanto enrevesada, la narración bastante liosa, con continuos saltos en el tiempo, algunos cabos sueltos al final, pero en conjunto me ha dejado buen sabor de boca.
Echamos algunas tardes viendo La monja guerrera: monjas ninjas que luchan contra demonios en Málaga ¿qué puede salir mal? Es una tontería de serie, pero de las que enganchan (llegamos a ver cinco capítulos del tirón). Además, una de las localizaciones me trajo muy buenos recuerdos de hace muuuchos, muchos años. Para pasar el rato y ya está.
Y anoche terminé de ver Unorthodox. Gran serie, aunque sean solo cuatro capítulos y encuentre el final un tanto almibarado. No os cuento más, ¡vedla!
Cine poco. En sala nada, todo en casa y el que han ido poniendo en la tele. Me pareció muy interesante Relatos salvajes. Vi (y lloré, como no podía ser de otra forma) Cinema Paradiso. Anoche vi La heredera, y he rogado a La 2 de Televisión Española que no programen más Historias de Filadelfia, que se nos mueren los grandes.
Seguid siendo responsables. Usad la mascarilla, no os amontonéis por muchas ganas que tengáis. Besaos y abrazaos con la mirada. Llegarán tiempos mejores y tenemos que estar aquí para verlos. Todos.