Hoy la ciudad amaneció bajo techo. No un techo bonito, lleno de frescos o artesonados. Tampoco un techo de cristal que dejara pasar el sol. Era un techo gris y pesado como de cemento. Y era un techo malo, muy malo, con goteras que han durado todo el día mientras se iba cayendo a trozos.
Espero que mañana haya terminado de caerse. Aunque tengamos que recoger todos los desperfectos y tengamos que achicar el agua. Con sol, seguro que el trabajo será mucho menos pesado.

