Ampharou’s library: agosto 2021

A lo justo y por los pelos, que se nos acaba agosto y todavía no os he enseñado el precioso cuadro que lo corona en mi almanaque, así que vamos a ello.

Se trata de la Santa Catalina de Alejandría, de Rafael Sanzio. La ilustración de mi almanaque solo recoge un fragmento, el busto, y es una lástima porque es una obra para admirarla entera. En ella aparece Santa Catalina, mártir cristiana, quizá la más representada durante el barroco, con la rueda, símbolo de su martirio (aunque al final fuera decapitada), en éxtasis, con la mirada al cielo y una mano en el pecho y sobre un paisaje árido.

La figura, monumental, destaca por su postura: apoyada en la pierna derecha, hace un tirabuzón con el cuerpo, dirigiendo las caderas hacia la izquierda, el pecho hacia la derecha y la cabeza de nuevo hacia la izquierda del cuadro. Esto, unido al diseñó retorcido del peinado y de la tela amarilla que la envuelve por la cadera, confiere dinamismo a la imagen de la santa, que recuerda en la pose a la Leda de Leonardo, que Rafael había copiado poco antes de pintar a esta santa Catalina.

Como siempre, os dejo el enlace a la página de la National Gallery donde podéis encontrarla.

Sigo ahora con las lecturas. Bueno, con la lectura, que lo único que he hecho es terminar el que os comenté el mes pasado, El ferrocarril subterráneo, de Colson Whitehead. Magnífico libro, sí señor, más duro que la serie, que suaviza la historia (sin dejar de ser tremenda) con el toque onírico que le da Barry Jenkins. Vuelvo a recomendaros encarecidamente tanto el libro como la serie.

Y sigo con las series: el visionado anual de Yo, Claudio, que no puede faltar cada verano en Ca’Ampharou, y en ella estamos, aunque Claudio ya está viejito y no le queda demasiado. Retomamos también Gangs of London, que habíamos empezado hace unos meses. Error. Teníamos que haberla dejado ahí. El último capítulo es un despropósito detrás de otro y se carga por completo el buen comienzo que tuvo. Os la podéis ahorrar sin ningún remordimiento.

Y ahora os voy a hablar del descubrimiento del mes. ¡Qué digo del mes, del año!! Estoy absolutamente enganchada y fascinada por Inside n. 9. Es una serie inclasificable. Humor británico, ahí lo dejo. La pareja de cómicos Reece Shearsmith y Steve Pemberton, creadores y que aparecen en todos los capítulos, dando vida a los más variados personajes. Capítulos de media hora, autoconclusivos y sin nada que ver entre ellos. De miedo, de risa, tiernos. Siempre sorprendentes, eso sí. Lo único que tienen en común es que todos se desarrollan dentro del número nueve. Y el nueve puede ser cualquier cosa: una planta de hotel, un coche patrulla, una cabina de karaoke, la casilla de un calendario de adviento… Todo es posible y nada es lo que parece. Me he visto casi sin pestañear las cinco temporadas que tenía disponibles Filmin… ¡¡Y hoy se estrena la sexta!! Así que me voy a dar prisa, que tengo faena…

Cuando terminé las cinco temporadas que os comentaba arriba, me quedé con ganas de más, y bicheando en internet me enteré que esta pareja tenía un par de series anteriores. Así que me dispuse a verlas y así di con Psychoville. Inside n. 9 repite algunos de los personajes de ésta y son absolutamente memorables. Divertida, desvengonzada, me queda solo un capítulo de la primera temporada (son dos)  y ya estoy deseando ver más.

Como os he dicho, tengo una serie que meterme en vena. Cuidaos, quereos y sed buenos.

Ampharou’s library: julio 2021

Lo siento, me he saltado muchos  Ampharou’s library. Los últimos meses del año pasado son lo peor que recuerdo y me dejaron bastantes pocas ganas de escribir y, sobre todo, de leer.

Y he venido a elegir un mes para retomar esta serie en el que la ilustración de mi almanaque repite la de hace un año justo: Los embajadores, de Hans Holbein el Joven. Os enlazo el post de entonces, por si queréis releerlo. Y os enlazo también el podcast de un programa de Radio Clásica que descubrí el otro día, Música Enmarcada. Escuchadlo: Clara Sanmartí os va a contar muchísimas más cosas sobre este cuadro.

¡Lo que os habéis perdido este año por mi culpa! Nuestro almanaque tenía a principio de año La Virgen de las rocas, de Leonardo. Otro de los meses, la Santa Catalina de Alejandría, de Artemisia Gentileschi, y al siguiente La cena de Emaús de Caravaggio. Los tres me causaron una profundísima emoción cuando los vimos en la National, sobre todo el Leonardo, que no me esperaba. Era nuestro primer día, y desde que entramos en el museo, mi él me iba apremiando para que fuese a ver lo que él estaba viendo. Yo, que me gusta ir a mi ritmo, a la tercera o cuarta vez ya no le hacía caso. Pero esta vez insistió e insistió y poniendo gesto de fastidio fui a ver qué era aquello que no podía esperar a que mis propios pasos me llevaran. Y allí estaba: en una pequeñísima sala, tal que si fuera una capilla, vacía cuando entré la primera vez, tan raro en aquellas salas llenas de gente. Me rodaban las lágrimas por la cara y solo salí de allí cuando entró un grupo de turistas japoneses. Ni que decir tiene que cada una de las tres veces que fuimos durante el viaje, me demoraba allí un ratito.

Como me demoraba delante de La cena de Emaús (y de la Santa Catalina, que están los dos juntos), pero aquí sí, con alevosía, que los señores de la National tienen repartidos sillones chester y divanes aquí y allá y uno de ellos cae justo delante de estos cuadros, cosa que las personas de edad provecta como yo agradecemos profundamente.

Ya os he contado los cuadros que me he saltado de temática religiosa. Otro día os contaré los que faltan.

Como os decía, apenas he leído nada. La estancia en el hospital con mi padre me pilló empezando Livia o enterrado en vida, de El quinteto de Avignon, de Lawrence Durrell. Lo tengo aparcado y no sé cuándo lo retomaré.

Para mi cumpleaños mi hija me regaló Mitos nórdicos, de Neil Gaiman.  Me ha costado, pero he conseguido terminarlo, entre risas, eso sí, porque es un libro muy divertido. Contando las andanzas de Loki, no podría ser de otra forma. Eso sí, no esperéis que nombre a ningún dios más que a Odín, Thor y Loki, y mucho menos que los transcriba.

Ahora estoy con El ferrocarril subterráneo, de Colson Whitehead, que me lo regaló mi él un día porque sí.  Y de aquí nos saltamos a las series que hemos visto, porque la que está basada en este libro es la que justo acabamos de terminar. Haceos un favor y vedla. Es dura, como ya podéis imaginar si os digo que trata sobre la época esclavista y la red que ayudaba a los esclavos a escapar al norte de los Estados Unidos. De Colson Whitehead también leí, a principios de año, Los chicos de la Nickel, otro relato durísimo que consiguió engancharme.

Y sigamos con las series, que sí he visto algunas: la tercera temporada de American Gods, por ejemplo, que cada vez me gusta más aunque cada vez se vaya separando más del libro de Neil Gaiman.

Vimos también las cuatro temporadas de The Black Adder, la serie británica de los ochenta de Rowan Atkinson cuando todavía no era Mr. Bean. Absolutamente desternillante. Tiene algunos capítulos que son memorables. Muy grandes los personajes de Edmun Blackadder, Baldrick y Percy. Una delicia ver a Hugh Laurie, Stephen Fry y Miranda Richardson muy jóvenes y desarrollando toda su vis cómica. La tenéis en Filmin, por si queréis disfrutarla.

La cuarta temporada de The Crown no decepcionó, esta vez contando las cuitas del matrimonio de Carlos y Diana y el gobierno de Margaret Thatcher. Vimos también, como no podía ser de otra forma, la sensación del momento, Gambito de Dama: desde mi más profundo desconocimiento del ajedrez, me gustó. Falcon y el Soldado de invierno se deja ver, para pasar el rato y poco más.

Éstas han sido las que he visto con mi él, rascando capitulillos los fines de semana (espero no haberme dejado ninguna). Luego están las que veo yo sola, algún capítulo antes de ir a dormir o en verdaderos maratones en vacaciones. Una de maratón fue This is us, el gran drama de la familia Pearson. Cuatro temporadas que me vi en un soplido. La quinta, la primera ficción que veo con el coronavirus de fondo: al igual que se hacía  raro al principio de la pandemia  ver a gente en la tele abrazándose y de fiesta, también se me hizo muy extraño ver una serie en la que van con mascarilla y diciendo que se han hecho PCRs todo el rato…

Vi dos temporadas menos dos capítulos de Citas, la versión catalana de la Dates británica. Me dejé esos dos capítulos por temor a un ataque hiperglucémico. Vi Emily in Paris y ya empiezan a darme un poco de grima estas miniseries en las que un famoso hace de perro del hortelano y se produce una serie para su mayor gloria y lucimiento.

Vi la versión americana de Utopía: la teoría de la conspiración sobre una pandemia mundial (mundial de Estados Unidos, claro). Ahora espero ver la británica.

Modern Love y Solos muy recomendables. Además son capítulos cortos, con lo que te las ves en un plis plas. La segunda de The Boys sigue siendo tan burra como la primera. Y tan refrescante:  en el mundo de los superhéroes ni los buenos son tan buenos ni los malos tampoco lo son tanto.

Y hasta aquí llego con julio. Espero no parar aquí, y volver a la rutina de publicar los Ampharou’s library cada mes. Mientras tanto, seguid cuidándoos y sed buenos.

Ampharou’s library: septiembre 2020

Terminamos septiembre con un cuadro que no pudimos ver cuando visitamos la National, ya que por aquellas fechas estaba cedido a la MK Gallery, que hacía una muestra sobre el autor que después cedería a su vez a la Mauritshuis de La Haya. ¡Qué fantástico es este préstamo de obras entre museos cuando te permite ver una exposición sobre un autor o un tema que son tus favoritos! ¡Qué decepción cuando llegas a un museo buscando una obra y resulta que está cedida temporalmente!

En fin, vamos al lío. O al caballo. Os presento a Whistlejacket, caballo de carreras de éxito moderado y semental apreciado perteneciente al marqués de Rockingham allá por 1760 y pintado aquí exquisitamente por George Stubbs, considerado el mejor pintor de caballos inglés.

Es curiosa la presentación del tema. Normalmente en pintura los caballos sirven de apoyo a grandes hombres o mujeres o a tremendas escenas, pero aquí, Whistlejacket es el protagonista absoluto. Tanto es así que no cuenta ni con un escenario: tan solo un fondo neutro, casi suspendido en el aire si no fuera por esas sombras en las pezuñas traseras. Stubbs era un gran conocedor de la anatomía equina, para lo cual estudiaba diseccionando él mismo a los animales y tomando apuntes al natural de las diversas capas de los cadáveres, llegando a publicar The anatomy of the horses.

Es un cuadro de grandes proporciones: tres metros por casi dos y medio. Stubbs nos muestra al caballo en posición de levande, postura que en arte se ha utilizado para dar heroicidad a los protagonistas humanos de las obras, pero que aquí reviste de fuerza y libertad al hermosísimo animal, que no necesita de ningún adorno ni, como se especulaba en la época, de ninguna figura humana que lo dote de monumentalidad.

También os dejo el enlace a la página de la National Gallery, por si queréis saber más de ella.

Septiembre ha dado para bastante. Sigo con El Quinteto de Aviñón, aunque en cuanto a lecturas no haya avanzado demasiado.

En cuanto a series, terminé Dead to me, que bueno, se deja ver y ya está, sin alharacas de ningún tipo. Vi diez minutos (quizá quince) de Bojack Horseman y es todo lo que pienso decir sobre ella, y luego me metí de lleno con Peaky Blinders: cinco temporadas con seis capítulos cada una que me he visto en suspiro y medio. Y me ha gustado. Mucho. La historia del ascenso de una familia de delincuentes en el Birmingham de entre guerras, aliñada con una estética que roza en ocasiones el videoclip y la música de Nick Cave, Radiohead, PJ Harvey y Tom Waits entre otros. En ese sentido me recordaba un poco a The Knick, la nunca bien reconocida serie de Soderbergh que, ambientada en el Nueva York de 1900, tenía como banda sonora la música electrónica de Robert Rodríguez. Esperando la sexta temporada ya.

En familia (mi él y yo) comenzamos a ver Gangs of London (parece que ha ido el mes del mundo delictivo del United Kingdon en sus diferentes épocas). Solo hemos visto dos o tres capítulos, pero tiene buena pinta también. Y también empezamos a ver Lo que hacemos en las sombras: con tinte documental, nos va contando el día a día de la vida muerte de unos vampiros. Absolutamente desternillante. Muy fan ya de Nandor, Lazlo y Nadja, de Colin, el vampiro psíquico y Guillermo el mayordomo.

Normalmente vemos las series las noches de los viernes y sábados, pero este mes hemos decidido dedicar el sábado a una película que elegimos por turnos. Así hemos visto ya La gran belleza, Il Divo (esta no la elegimos, nos encontramos que la daban en la tele y, como ya la conocíamos, nos quedamos con ella), Inside Lewyn Davis (hermanos Coen con Óscar Isaac de protagonista, tristísima y preciosa) y Ex Machina (de nuevo Óscar Isaac). Ahora estamos con El paciente inglés: como veis, vamos sobre seguro…

Y hasta aquí llegó septiembre. Seguid cuidándoos, que se vuelve a poner la cosa un poquito fea. No bajéis la guardia con la distancia social, las mascarillas bien puestas, por favor y el lavado de manos. En octubre paso lista.

Ampharou’s library: agosto

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Un suspiro. Eso es lo que le queda a agosto. Suspiro y medio como mucho. Un agosto raro, eso sí, pero vamos, que con el año que llevamos, ya nada debería sorprendernos.

Agosto fue Tiziano. El Baco y Ariadna de Tiziano, para ser exactos, un precioso y preciosista cuadro que tuvimos la suerte de disfrutar en la National Gallery. En él se describe el momento en el que Baco, que está en plena celebración por su regreso de Egipto (loquísima fiesta, diría yo), encuentra a Ariadna, que ha sido abandonada por Teseo (que ya le vale, después de que le ayudara a derrotar al Minotauro) en la isla de Naxos  y se enamora perdidamente de ella.

Se pueden apreciar elementos clásicos de la iconografía de estos personajes (mi él os lo explicaría mucho mejor), como podría ser la guirnalda de vid sobre la cabeza de Baco, así como los sátiros y ménades que lo acompañan, o la Corona Borealis que representa a Ariadna y que podemos ver en el cielo sobre su cabeza, y que es la corona que Baco lanzó al cielo cuando le prometió las estrellas a Ariadna para que se casase con él  (que el dios sería un crápula y un disoluto, pero arte para cortejar a una señorita no me digáis que no tenía).

La obra pertenece a una serie que encargó el duque de Ferrara para decorar un camerino de su palacio ducal a Tiziano, Bellini y Dosso Dossi con escenas mitológicas tan del gusto de la época.  La pintura es exquisita, con colores vibrantes y puros, y dividida cromáticamente en dos partes cuya diagonal nos lleva directamente a Ariadna: los colores vivos para la escena principal, y pardos y ocres para la cohorte de Baco.

Como siempre, os dejo el enlace a la obra en la página de la National, para que podáis bichearla a gusto y profundizar más en ella.

Por fin me acabé Solenoide, de Mircea Cărtărescu. Dios y ayuda me ha costado. Es un libro interesantísimo pero sumamente denso y oscuro. Os lo recomiendo porque está magníficamente escrito, pero tenedle paciencia.

Y ya me he empezado Monsieur o El Príncipe de las Tinieblas, la primera parte de El quinteto de Aviñón, de Lawrence Durrell. Aquí ya llevo mejor ritmo. Ya os iré contando…

Series: terminamos Retorno a Brideshead (¡ay!) y seguimos con Yo, Claudio. Todavía no hemos designado sucesora para las noches de los fines de semana, que es cuando solemos verlas. Para unas tardes más aburridas de lo normal, nos enganchamos a The Umbrella Academy. Es simpática, tiene algunos personajes que son caramelitos  y, bueno, se disfruta en general.

De las que veo yo sola después de cenar, llamando al sueño antes de ir a la cama, este mes ha dado para tragarme, literalmente, las tres temporadas de Dark. No os voy a decir nada de ella. Bueno sí, que es una serie alemana muy bien hecha, que me ha encantado, que he flipado con el casting y que si os vais a disponer a verla, os arméis con un cuaderno y un boli. De nada. (Por cierto, si alguien la ha visto, que se manifieste, ¡que estoy loca por comentarla con alguien!)

Después vi Turn up Charlie, una miniserie (supimos que era una miniserie cuando nos enteramos que no renovaban para la segunda temporada) británica, donde Idris Elba (¡ay, omá!) se lo guisa y se lo come. Facilita, y es que la combinación tipo rudo y con miedo al compromiso que se ve obligado a hacerse cargo de un niño, ha funcionado desde Cateto a babor, solo que aquí el cateto es Idris, el niño es una cría que es, con diferencia, lo mejor de la serie, San Fernando es Londres y en vez de llevarse al niño al parque de atracciones, se lleva a la cría de rave a Ibiza, donde todo el mundo va puestísimo de todo. Por modernizar el relato será.

Y ahora estoy con Dead to me. Llevo cuatro capítulos, así que tampoco os puedo contar demasiado. Por ahora se deja ver.

Y hasta aquí lo que ha dado de sí agosto. A los que volváis de vacaciones, bienvenidos, espero que la vuelta no se os haga demasiado cuesta arriba. A los que os vais ahora, disfrutadlas. A todos, prudencia, mucha. Poneos las mascarillas, seguid guardando las distancias y lavaos mucho las manos aunque os estén empezando a salir escamas, que quiero seguir viéndoos a todos por aquí. O por los bares mejor, cuando todo esto termine.

Ampharou’s library: julio

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De abril a julio y tiro porque me toca: que una dice que va a escribir más a menudo y se le viene una pandemia de nada y ya tiene la excusa perfecta para estar meses sin aparecer por aquí. Precioso está eso, vamos…

En julio nos acompañaron en nuestro almanaque Los embajadores, de Hans Holbein el Joven, pintura de 1533 (os dejo su enlace en la página de la National Gallery, por si queréis bichearla a fondo). Quizá una de las obras más enigmáticas de las que vimos en el museo, también una de las más imponentes, casi cuadrada, de poco más de dos metros de lado, con lo que sus figuras se aproximan bastante al tamaño natural.

Realmente no sabría decir si esas figuras son la excusa para un bodegón (el que se encuentra entre ambas) o si el bodegón es la excusa para los retratos: Jean de Dinteville, el joven de la izquierda, embajador de Francia en Inglaterra, y su amigo Georges de Selve, obispo que había sido embajador ante Carlos V, Venecia y la Santa Sede. Todo el cuadro está lleno de simbolismo, tanto los ropajes de los personajes, en todos los  objetos que se encuentran en la consola que hay entre ellos e incluso en los que parecen encontrarse fuera de lugar, como ese ‘hueso de sepia’ (así dio en llamarse) que parece flotar entre los hombres o el crucifijo colocado en la esquina superior izquierda, tan fuera de plano que en algunas reproducciones ni aparece.

Sin duda, lo que más extraña y llama la atención del cuadro es precisamente ese hueso de sepia que no es más que la representación anamórfica de un cráneo humano. Así el supuesto bodegón quedaría convertido en un vanitas, recordándonos de lo vacía que realmente es la vida, todos sus aconteceres y sus cuitas, frente a la omnipresencia de la muerte.

Si queréis profundizar en la obra, cosa que os recomiendo, leed la reseña en la misma página de la National o la que podéis encontrar en Wikipedia.

Lo de mis lecturas lo vamos a dejar pasar, en serio. No haré ningún comentario más si no es en presencia de mi abogado. Tampoco haré la promesa de leerme El quinteto de Avignon en vacaciones.  ¡Pasad de largo de este párrafo ya, malditos!

Series: como cada verano desde hace ya unos cuantos, estamos con Yo, Claudio. Sigue siendo una maravilla verla. Y a cada capítulo vuelvo a repetirle a mi él que tiene que leerse los libros de Robert Graves. ¡Yo los disfruté tanto!

A las series vintage le hemos incorporado este año Retorno a Brideshead. Siempre le he tenido cariño a esta serie, aunque no la recordara demasiado. Con ella me enamoré de Jeremy Irons, y, como contaba el otro día en otra red social, ahora me he enamorado del Sebastian Flyte de Anthony Andrews. Estoy considerando buscar la novela en una librería de viejo y empapármela en cuanto pueda…  (de hecho, acabo de comprarla mientras escribía esto…)

En estos meses que os he tenido abandonados, nos terminamos la tercera temporada de Westworld (que podéis obviar tranquilamente, no os vais a perder nada), terminé Tales from the Loop, que al final vi yo sola (mi él no estaba por la labor) y ha sido de las que más he disfrutado este año: ese toque cotidiano de lo sobrenatural y la tecnología, la calma, la vida, la muerte, la soledad como protagonistas. La magnífica banda sonora. ¡Os la recomiendo encarecidamente!

También vi Penny Dreadful: City of Angels. Haceos un favor y no os acerquéis a ella ni con un palo. Penny Dreadful solo tiene las tres temporadas anteriores. Esta, además de no tener nada que ver con ellas, no tiene ni pies ni cabeza, pero sí tiene a Natalie Dorman, así que ¡huid!

La semana pasada terminé Las Luminarias (tenía que volver a por Eva Green después del desastre de la que os he comentado antes).Solo seis capítulos, una historia un tanto enrevesada, la narración bastante liosa, con continuos saltos en el tiempo, algunos cabos sueltos al final, pero en conjunto me ha dejado buen sabor de boca.

Echamos algunas tardes viendo La monja guerrera: monjas ninjas que luchan contra demonios en Málaga ¿qué puede salir mal? Es una tontería de serie, pero de las que enganchan (llegamos a ver cinco capítulos del  tirón). Además, una de las localizaciones me trajo muy buenos recuerdos de hace muuuchos, muchos años. Para pasar el rato y ya está.

Y anoche terminé de ver Unorthodox. Gran serie, aunque sean solo cuatro capítulos y encuentre el final un tanto almibarado. No os cuento más, ¡vedla!

Cine poco. En sala nada, todo en casa y el que han ido poniendo en la tele. Me pareció muy interesante Relatos salvajes. Vi (y lloré, como no podía ser de otra forma) Cinema Paradiso. Anoche vi La heredera, y he rogado a La 2 de Televisión Española que no programen más Historias de Filadelfia, que se nos mueren los grandes.

Seguid siendo responsables. Usad la mascarilla, no os amontonéis por muchas ganas que tengáis. Besaos y abrazaos con la mirada. Llegarán tiempos mejores y tenemos que estar aquí para verlos. Todos.

Ampharou’s library: abril

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Bueno, ya termina el mes de abril. El más raro que haya vivido, al menos desde que tengo memoria, en el que solo he salido a la calle anoche a tirar la basura. Y tengo el contenedor a escasos cuatro metros del portal, y aun así me resultó rarísimo salir.

En fin, sigamos. Me he prometido no daros la turra con lo del confinamiento, así que vamos al lío.

El cuadro de este mes lo he disfrutado muchísimo. Alejandro me ha estado acompañando todos los días, porque lo tengo colgadito en el despacho desde el que he estado trabajando, así que hemos estado juntos muuuuchas horas. Os lo presento: se trata de La familia de Darío ante Alejandro, del Veronés (ahora que caigo, eran muy aficionados en la época a ponerle apodos a la gente). El cuadro recoge el momento en el que Sisigambis, la madre de Darío, confunde a Hefestión con Alejandro y éste la saca de su error diciéndole que También es Alejandro. En el detalle de mi almanaque no aparece Estatira, esposa y hermana de Dario (¡¿?!), que también se postra ante el macedonio pidiendo misericordia después de la derrota, misericordia que Alejandro insistió que fuera tratamiento de reyes.

Vamos con el Veronés. Es bastante sencillo identificar sus obras, normalmente de gran tamaño, con ese sentido de la teatralidad y los escenarios arquitectónicos que cobran tanta fuerza como los protagonistas de los cuadros. Pero sobre todo por la suntuosidad de los ropajes de los personajes de sus obras, vestidos a la moda veneciana, con colores brillantes (¡ay, ese verde Veronés!) y la introducción de elementos exóticos y anacrónicos  (ojo al monito que juega con la cadena encima del muro. Os dejo el enlace de la National Gallery por si queréis observar el cuadro al detalle).

Me da mucha vergüenza deciros que no he leído prácticamente nada: solo me terminé el libro de Joan Didion, El año del pensamiento mágico, y no es ninguna heroicidad, ya que solo me quedaban unas veinte páginas. Pero es que soy incapaz de concentrarme en los ratos que tengo libre, y los libros que tengo entre manos necesitan un mínimo de atención.

Nos terminamos la quinta temporada de Better call Saul: magnífica, como siempre, ya se empieza a vislumbrar al Saul Goodman que todos conocíamos. También empezamos con la tercera de Westworld, a la que agradezco enormemente que se haya abierto un poco y no sea tan críptica como la anterior.

Por mi cuenta empecé a ver Hand of God, que no, no va de Maradona, y recogiendo el testigo de mi él, Historias del bucle. He visto demasiado poco de ambas, así que esperaré a tenerlas más avanzadas para contaros algo.

Y hasta aquí este library. Espero tener algo más que contaros el mes que viene. Sed prudentes, sed responsables y cuidaos mucho.

Ampharou’s library: marzo

 

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Son tiempos de congoja. Empezó la primavera y ni siquiera nos hemos dado cuenta (tampoco ha acompañado el tiempo y menos mal). A estas alturas no os voy a hablar de la pandemia, ni de lo mal que estamos, ni de lo difícil que es quedarse en casa… De la pandemia y sus consecuencias mejor que hablen los que saben. De lo de quedarse en casa, pues eso, qué os voy a contar que no sepáis. Pero es lo que toca. Es responsabilidad.

Hoy solo os quiero traer el mes de marzo a este Ampharou’s library. Quizá saquéis ideas para pasar el rato.

Marzo en mi calendario es El Temerario remolcado a su último atraque para el desguace, de William Turner. Es uno de mis favoritos del artista, tanto es así que nos trajimos de Londres una reproducción para ponerla en casa.

La luz de los cuadros de Turner, el estilo romántico con que impregnaba sus creaciones con ese apasionamiento por la naturaleza… rebuscad también en sus acuarelas y podréis disfrutar de la obra magnífica de este autor.  Para acercaros a él, hay una película de 2014, Mr. Turner, dirigida por Mike Leight. Es un poco larga, pero seguro que os hace enamoraros un poco de él.

De lecturas sigo tan vaga como el mes pasado. No he terminado ninguno de los que tenía empezados, y aún así, por no llevar ninguno de los dos a una escapada que hicimos a Madrid aprovechando el puente del Día de Andalucía -¡justo a tiempo! (el de Joan Didion es una edición demasiado bonita para aventurarme a que se estropeara en el viaje, y Solenoide podría haberme provocado una escoliosis al cargar con él), me empecé Sur, de Antonio Soler que, sí, adivinad, tampoco he terminado ¡Madre mía, cuánta faena acumulada!

De series, terminamos The New Pope, altamente recomendable y empezamos la quinta temporada de Better call Saul. Está siendo muy grande esta serie. Empezó siendo un spin off de Breaking Bad y para mi gusto, ya la ha superado con creces.

También hemos empezado La conjura contra América, lo nuevo de David Simons (sí, el de The Wire) sobre un libro de Philip Roth. Hasta ahora sólo hemos visto el primer capítulo, pero tiene muuuy buena pinta.

Al cine, evidentemente no hemos ido. Sí fuimos, como he comentado más arriba, a Madrid cuatro días a principios de mes. Exceptuando un ‘pequeño’ inconveniente, el viaje fue estupendo: estuvimos del Prado al Thyssen y del Thyssen al Prado. No había estado nunca en ninguno de los dos, y el Prado… bueno, es El Prado. Aprovechad ahora las visitas virtuales que hacen, con las explicaciones a algunos cuadros (esto lo podéis ver en su Instagram, no sé si en su página también, para volver. Todas las visitas que podáis hacerle nunca serán demasiadas.

Y el Thyssen… bueno, fuimos más que nada por la exposición temporal que tienen ahora Rembrandt y el retrato en Ámsterdam, donde me reencontré con mi querida Hendrickje (quédate con quien te pinte como Rembrandt pintaba a Hendrickje). Cada vez que pienso en esa exposición, magnífica por otra parte, allí cerradita y sin nadie que pueda verla… También disfrutamos, claro, de la exposición permanente (¡madre, ese Chagall, cuánto me hizo llorar!) y de la colección Carmen Thyssen. Aprovechad que tienen también visitas virtuales, incluso de la exposición de Rembrandt.

Y recordad: llegará un día de primavera (da igual el mes que sea) en que todos volveremos a la calle y volveremos a abrazarnos y volveremos a besarnos.

Ampharou’s library: febrero

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He estado estos días repasando el blog (o lo que queda de él) para ver qué había quedado y también un poco por nostalgia, así que me he encontrado con aquellos Ampharou’s library que mantuve unos cuantos años. Para los que no sepáis  qué era, o no os acordéis, era un post que escribía (más o menos. En las últimas épocas más menos que más) mensualmente. Aprovechaba el almanaque que todos los años compramos en la Ca’Ampharou real, cada año de un pintor distinto, os enseñaba el cuadro que tocaba cada mes y aprovechaba para contaros los libros que había leído y las películas y series que había visto durante ese tiempo.

Así que los he estado repasando y me ha dado penilla. Más que nada porque este año tengo un almanaque divino, que nos trajimos mi él y yo de la National Gallery cuando estuvimos el año pasado en Londres y sería una lástima que quedara para nosotros solos. Así que he decidido retomar la serie (tarde, que ya me he saltado enero) y aquí tenéis la primera entrega.

Febrero se corresponde con La Venus del espejo, de Diego Velázquez. Si os digo la verdad, conocía la obra pero no había reparado mucho en ella… hasta que la he tenido delante. Es de agradecer que los señores de la National hayan tenido el buen gusto de repartir bancos o sillones Chester por sus salas, y que uno de ellos haya caído casi enfrente de esta obra. Te sientas delante y el tiempo no pasa. O sí que pasa, mientras intentas descifrar qué quiere decirte el rostro que se esconde en el espejo, que es el centro físico y vital de la obra, allí donde se dirige la mirada, más allá del quiebro delicado de la cintura de la Venus, más allá de la pose juguetona del Cupido  (¿sujeta el espejo o está atado a él?).

En cuanto a lectura… bueno, pues estoy un poco vaga, todo hay que decirlo. Sigo con Solenoide, de Mircea Cӑrtӑrescu, desde (vergüenza suprema) Reyes del año pasado. Lo voy leyendo a ratos, es bastante denso y muchas de las imágenes que describe son complicadas de digerir.

El que sí me terminé fue Máquinas como yo, de Ian McEwan. Mi querido Ian nunca defrauda (bueno, sí, alguna vez me ha dejado picueta y con la cara torcida), siempre poniendo a los personajes y al lector en la situación más incómoda imaginable.

Y ahora dedico mi tiempo de desayuno a El año del pensamiento mágico, de Joan Didion, con unas maravillosas ilustraciones de Paula Bonet. Un libro durísimo y tremendamente triste. Ya os hablaré más de él cuando lo termine.

En cuanto a lo visto, la tercera temporada de The Crown, que supera con creces las dos primeras (Olivia Corman está divina), la tercera de La maravillosa señora Maisel, un poquito más floja que las dos primeras, pero descacharrante también. Vimos Drácula: atención aquí. Son tres capítulos de hora y media cada uno. Los dos primeros son estupendos, Drácula y Van Helsing se comen el uno al otro en la pantalla… pero ¡ay, madre mía el tercero! Os lo podéis ahorrar, directamente. Quedaos con el buen gusto de los dos primeros y decid que habéis visto una buena serie.

También intenté ver The Witcher. Mira que sale Henry Cavill y mira que está rico. Mira que incluso me tragué su infumable Superman y el horror aquél donde Ben Affleck hace de Batman. Mira que vi dos capítulos, pero de ahí no pude pasar, así que hasta aquí llega mi crónica de El brujero.

Otra con la que tampoco pude fue Carnival Row. Cara Delevigne poniendo morritos de hada  todo el rato me producía sarpullidos.

Y otra con la que me tenía que haber quedado con las ganas fue Years and years, pero me produjo curiosidad, y ya sabéis que la curiosidad mató al gato.

Ahora dedicamos nuestro tiempo libre a The new Pope, continuación de The Young Pope de Sorrentino. No solo no desmerece la primera parte, sino que John Malkovich añade un plus a lo que ya era muy bueno. Y Voiello, ese Voiello…

Me está quedando un poco largo el post, pero no quiero terminar sin contaros las veces que hemos ido al cine. La mayoría de ellas han sido para ver documentales de arte (¡bendita costumbre que están cogiendo los cines de diversificar la oferta!). Así, hemos disfrutado de Rembrandt, Van Gogh, Tintoretto, El Prado enterito, Las Meninas en particular. Os los recomiendo totalmente. Eso sí, debéis estar atento, normalmente sólo las pasan un par de veces, lunes y martes.

También vimos 1917 (y el Joker, pero de esa hace más rato). La de Sam Mendes, una película estupenda, que me mantuvo en vilo y acongojada toda la proyección. Vedla, pero vedla en el cine, merece la pena.

Y hasta aquí llegamos con febrero. Seguro que me dejo algo, intentaré hacer memoria. Para el mes que viene, más.

Ampharou’s library: septiembre

Cezanne, Paul (1885-87)_El jarr n azul.0

Se acabó septiembre y con él, toda esperanza de verano. Aunque siga haciendo buen tiempo (¡casi mejor que en agosto!), pero ya no es lo mismo: vamos irremediablemente hacia otro largo invierno. Exactamente igual que otros años por estas fechas, todo hay que decirlo. ¡Pero qué sería de nosotros sin los tópicos!

Pues nada, que septiembre se fue, y hoy volteo este Jarrón azul para dar paso a una nueva ilustración de nuestro pintor del año. No os voy a desvelar cuál es, así me obligo a escribir un nuevo post antes de que acabe el mes. Disfrutad mientras tanto de estas flores, de los colores. De la disposición de esa fruta, como dejada sin querer encima de la mesa. De la textura del lienzo, armazón de la belleza de un jarrón azul y unas flores silvestres.

Agosto y septiembre han sido buenos meses en lo que a lectura se refiere. Después de paladear convenientemente al maravilloso Leight Fermor, me atreví con un libro que me había regalado Beaumont, y que, por una reseña en un artículo que leí, creo que de Jacinto Antón, tenía muchas ganas de leer. Y mi gozo en un pozo. Se trata de El malogrado, de Thomas Bernhard: lo siento, no he conseguido contactar con él. Las ideas en las cuales se urden las poco más de ciento cincuenta páginas son el fracaso, la genialidad, la admiración y la frustración, y la reflexión que sobre ellas se hace me parece espléndida. Pero no he podido hacerme con el tono de la novela. Que esas poco más de ciento cincuenta páginas fuesen un solo párrafo no ha ayudado. Me producía angustia. Pero leído ha quedado.

Ya de vacaciones fue el turno de La fuerza y el viento, de Óscar Lobato. El tercero de mis libros dedicados este año (son los únicos tres que tengo, bien es cierto). Ni una semana me ha durado. Lo he leído a cara perro, reconozco. El cariño que le tengo al autor, y que algunos de los escenarios de la novela sean tan reconocibles han ayudado, pero sobre todo han sido las aventuras de ese trío de arcángeles (Uriel, Miguel y Gabriel) piratas lo que me ha tenido enganchada al libro, algunas veces hasta bien entrada la madrugada.

Hablemos ahora de las series: a estas alturas estamos pendientes de ver el último capítulo de la segunda temporada de Ray Donovan. Si la primera nos gustó mucho, ésta no le va a la zaga. Cada vez va a más, y no vemos el momento de sentarnos con este último capítulo y ver qué hace Ray con todos los enanos que le han crecido alrededor.

A Ray lo simultaneamos con la cuarta temporada de The Killing. La tercera fue una temporada de las que hacen que una serie brille por encima de todas las demás, pero esta tercera ha sido un pequeño desastre (pequeño porque son solo seis capítulos), con un final tan empalagoso y tan fuera de lugar del tono del resto de la serie que más parecía una película Disney que otra cosa.

Y mientras espero que empiece la cuarta de American Horror Story (que veo yo sola, a Beumont no le van esas cosas), seguimos las cuitas de Enoch Thompson en la quinta (y última) temporada de Boardwalk Empire. Cuando acabe, la vamos a echar de menos…

En cuanto a las películas de estos dos meses (acabo de caer en la cuenta que me salté agosto), pues básicamente han sido dos: Cars 2 y Despicable Me 2, así en inglés, que las hemos visto en versión original. Las mil quinientas veces. Cada una. En diez días. Diálogos enteros que me sé, y eso que yo en inglés no paso del hakuna matata..

Bromas aparte, hemos visto Gomorra. La peli, no la serie que pasan ahora no sé por qué cadena. Despiadada, dura, descorazonadora. No me extraña que Saviano esté en paradero desconocido… pero no callado, ojo.

También vimos el otro día X-Men: días del futuro pasado… y qué os voy a contar, que es un gustazo ver en un mismo plano a Michael Fassbender, Hugh Jackman y James McAvoy!

Ampharou’s library: julio

naturaleza muerta con flores y frutos

Ya se acaba este julio inmensamente largo. Largo me lo parece a mí, claro, que a los que habéis estado de vacaciones, o los que todavía apuráis estos últimos días os parecerá ínfimo.

Seguimos con Cezanne. Lo que estoy aprendiendo gracias al calendario de este año y a estos posts con los que os atormento. Por ejemplo, buscando la ilustración que acompaña a estas letras, la Naturaleza muerta con flores y frutos,  he encontrado también ésta otra, La Montaña Sainte Victoire  de 1904. Fijaos bien en la montaña y en el árbol de la izquierda. Ahora fijaos en la disposición del mantel (un tanto rebuscado) del bodegón  y en el ramo de flores a la derecha: Cezanne llegó a reproducir la montaña en 44 óleos y 43 acuarelas, pero parece que, además, la camufló en otras obras, tal era el poder que sobre él ejercía ‘su musa’.

Vayamos con los libros. Bueno, ‘el libro’. Terminé El tiempo de los regalos y Entre los bosques y el agua (como los tenía en un solo tomo, para mí son un único libro), de Patrick Leigh Fermor. Lloré al terminarlo. Pocas, muy pocas veces (y eso lo sabe mi adorado Chatwin) me he encontrado con un libro tan hermoso. Por eso será mejor que le dedique un post aparte: primero, porque apenas hace dos días que lo he acabado y todavía lo estoy paladeando. Segundo, porque se lo merece. Y tercero, quedaría un post demasiado largo y no quiero ahuyentar a mi extenso público (a vosotros dos, quiero decir). Así que un día de estos me pongo y os cuento de don Paddy.

A ver, series… Os dejé en que estábamos con las últimas temporadas (emitidas) de Juego de Tronos y Mad Men. Como podéis suponer, a estas alturas, ya las tenemos más que vistas. Además, nos ha dado tiempo a ver también la segunda temporada de Endeavour (no tiene mucho mérito, a cuatro capítulos por temporada) y la primera de Penny Dreadful (¡ah, tenéis que verla! Ambiente victoriano y mezcla de monstruos clásicos que se citan a sí mismos. Un poquito de Shakespeare, mucha aventura, una mijita de gore, el vozarrón de Timothy Dalton y los ojos y la magistral interpretación de la bella Eva Green, que da muuuucho susto). Y ahora estamos metidos de lleno en Ray Donovan. Nos hemos encontrado (Ray, Beaumont y yo) justo cuando comenzaba a emitirse la segunda temporada, así que nos estamos dando un pequeño atracón de la primera para ponernos al día. Muy recomendable, sobre los entresijos de Hollywood, las mentiras y las apariencias. Además, Jon Voight hace un papelín muy simpático (es mentira. Su personaje es de los que te dan ganas de inflarlo a hostias y él ocupa toda la pantalla hasta cuando no sale).

Ahora llega el turno de las películas. O de la película, para ser más exactos, porque sólo recuerdo (tengo que ir anotándolas) haber visto Viva la libertad, la última que ha estrenado Toni Servillo, el Jep Gambardella de La gran belleza. Que sí, que somos muy pesaditos, pero es que desde la película de Sorrentino nos hemos enamorado de este hombre, y con razón. Porque también tenéis que ver Viva la libertad. Ya luego, si eso, me decís si os recuerda a algo…

El mes de julio ha dado para más. Primero, para la presentación de un libro. No le voy a hacer publicidad, porque Óscar Lobato no la necesita, pero por fin ha publicado su tercer libro, La fuerza y el viento, y el pasado día dieciocho lo presentó en Cádiz. Y allá que nos fuimos, arrastrada por el cariño que le tengo: coincidimos poco más de un año en el cafetal, pero aprendí de él lo que no hay en los escritos. Literalmente. Así que, desde aquí, le deseo la mejor fortuna a este nuevo libro (ni que decir tiene que ya tengo mi ejemplar, con una cariñosísima dedicatoria, esperando a ser leído).

Segundo, y sobre todo, para un reencuentro largamente deseado con la persona más dulce y más achuchable en dos mil cuatrocientos kilómetros a la redonda por lo menos, mi querida India. Aunque al llamarla querida no os podréis hacer una idea de cuánto lo es. Para empezar a sospecharlo, tendríais que haber visto el abrazo de cuando nos encontramos.

Perrísimas que somos las dos, hacía mil que no nos veíamos, cuando apenas vivimos a quince kilómetros la una de la otra. La excusa perfecta nos la dio José Alberto López y su exposición (junto a Mª  Ángeles Robles) Paisaje interior: Arte y sueño en kimono, que a su vez se integra en la exposición Made in Japan que se encuentra en el Castillo San Sebastián de Cádiz hasta el 12 de octubre y que no debéis dejar de ver si pasáis por este trocito de orilla atlántica. De la exposición os diré que es preciosa, aunque lo explican mejor José Alberto y también India. Del día que pasamos… bueno, eso lo saben la piel y las pajarillas del sentío.