Ampharou’s library: julio 2021

Lo siento, me he saltado muchos  Ampharou’s library. Los últimos meses del año pasado son lo peor que recuerdo y me dejaron bastantes pocas ganas de escribir y, sobre todo, de leer.

Y he venido a elegir un mes para retomar esta serie en el que la ilustración de mi almanaque repite la de hace un año justo: Los embajadores, de Hans Holbein el Joven. Os enlazo el post de entonces, por si queréis releerlo. Y os enlazo también el podcast de un programa de Radio Clásica que descubrí el otro día, Música Enmarcada. Escuchadlo: Clara Sanmartí os va a contar muchísimas más cosas sobre este cuadro.

¡Lo que os habéis perdido este año por mi culpa! Nuestro almanaque tenía a principio de año La Virgen de las rocas, de Leonardo. Otro de los meses, la Santa Catalina de Alejandría, de Artemisia Gentileschi, y al siguiente La cena de Emaús de Caravaggio. Los tres me causaron una profundísima emoción cuando los vimos en la National, sobre todo el Leonardo, que no me esperaba. Era nuestro primer día, y desde que entramos en el museo, mi él me iba apremiando para que fuese a ver lo que él estaba viendo. Yo, que me gusta ir a mi ritmo, a la tercera o cuarta vez ya no le hacía caso. Pero esta vez insistió e insistió y poniendo gesto de fastidio fui a ver qué era aquello que no podía esperar a que mis propios pasos me llevaran. Y allí estaba: en una pequeñísima sala, tal que si fuera una capilla, vacía cuando entré la primera vez, tan raro en aquellas salas llenas de gente. Me rodaban las lágrimas por la cara y solo salí de allí cuando entró un grupo de turistas japoneses. Ni que decir tiene que cada una de las tres veces que fuimos durante el viaje, me demoraba allí un ratito.

Como me demoraba delante de La cena de Emaús (y de la Santa Catalina, que están los dos juntos), pero aquí sí, con alevosía, que los señores de la National tienen repartidos sillones chester y divanes aquí y allá y uno de ellos cae justo delante de estos cuadros, cosa que las personas de edad provecta como yo agradecemos profundamente.

Ya os he contado los cuadros que me he saltado de temática religiosa. Otro día os contaré los que faltan.

Como os decía, apenas he leído nada. La estancia en el hospital con mi padre me pilló empezando Livia o enterrado en vida, de El quinteto de Avignon, de Lawrence Durrell. Lo tengo aparcado y no sé cuándo lo retomaré.

Para mi cumpleaños mi hija me regaló Mitos nórdicos, de Neil Gaiman.  Me ha costado, pero he conseguido terminarlo, entre risas, eso sí, porque es un libro muy divertido. Contando las andanzas de Loki, no podría ser de otra forma. Eso sí, no esperéis que nombre a ningún dios más que a Odín, Thor y Loki, y mucho menos que los transcriba.

Ahora estoy con El ferrocarril subterráneo, de Colson Whitehead, que me lo regaló mi él un día porque sí.  Y de aquí nos saltamos a las series que hemos visto, porque la que está basada en este libro es la que justo acabamos de terminar. Haceos un favor y vedla. Es dura, como ya podéis imaginar si os digo que trata sobre la época esclavista y la red que ayudaba a los esclavos a escapar al norte de los Estados Unidos. De Colson Whitehead también leí, a principios de año, Los chicos de la Nickel, otro relato durísimo que consiguió engancharme.

Y sigamos con las series, que sí he visto algunas: la tercera temporada de American Gods, por ejemplo, que cada vez me gusta más aunque cada vez se vaya separando más del libro de Neil Gaiman.

Vimos también las cuatro temporadas de The Black Adder, la serie británica de los ochenta de Rowan Atkinson cuando todavía no era Mr. Bean. Absolutamente desternillante. Tiene algunos capítulos que son memorables. Muy grandes los personajes de Edmun Blackadder, Baldrick y Percy. Una delicia ver a Hugh Laurie, Stephen Fry y Miranda Richardson muy jóvenes y desarrollando toda su vis cómica. La tenéis en Filmin, por si queréis disfrutarla.

La cuarta temporada de The Crown no decepcionó, esta vez contando las cuitas del matrimonio de Carlos y Diana y el gobierno de Margaret Thatcher. Vimos también, como no podía ser de otra forma, la sensación del momento, Gambito de Dama: desde mi más profundo desconocimiento del ajedrez, me gustó. Falcon y el Soldado de invierno se deja ver, para pasar el rato y poco más.

Éstas han sido las que he visto con mi él, rascando capitulillos los fines de semana (espero no haberme dejado ninguna). Luego están las que veo yo sola, algún capítulo antes de ir a dormir o en verdaderos maratones en vacaciones. Una de maratón fue This is us, el gran drama de la familia Pearson. Cuatro temporadas que me vi en un soplido. La quinta, la primera ficción que veo con el coronavirus de fondo: al igual que se hacía  raro al principio de la pandemia  ver a gente en la tele abrazándose y de fiesta, también se me hizo muy extraño ver una serie en la que van con mascarilla y diciendo que se han hecho PCRs todo el rato…

Vi dos temporadas menos dos capítulos de Citas, la versión catalana de la Dates británica. Me dejé esos dos capítulos por temor a un ataque hiperglucémico. Vi Emily in Paris y ya empiezan a darme un poco de grima estas miniseries en las que un famoso hace de perro del hortelano y se produce una serie para su mayor gloria y lucimiento.

Vi la versión americana de Utopía: la teoría de la conspiración sobre una pandemia mundial (mundial de Estados Unidos, claro). Ahora espero ver la británica.

Modern Love y Solos muy recomendables. Además son capítulos cortos, con lo que te las ves en un plis plas. La segunda de The Boys sigue siendo tan burra como la primera. Y tan refrescante:  en el mundo de los superhéroes ni los buenos son tan buenos ni los malos tampoco lo son tanto.

Y hasta aquí llego con julio. Espero no parar aquí, y volver a la rutina de publicar los Ampharou’s library cada mes. Mientras tanto, seguid cuidándoos y sed buenos.

Ampharou’s library: marzo

 

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Son tiempos de congoja. Empezó la primavera y ni siquiera nos hemos dado cuenta (tampoco ha acompañado el tiempo y menos mal). A estas alturas no os voy a hablar de la pandemia, ni de lo mal que estamos, ni de lo difícil que es quedarse en casa… De la pandemia y sus consecuencias mejor que hablen los que saben. De lo de quedarse en casa, pues eso, qué os voy a contar que no sepáis. Pero es lo que toca. Es responsabilidad.

Hoy solo os quiero traer el mes de marzo a este Ampharou’s library. Quizá saquéis ideas para pasar el rato.

Marzo en mi calendario es El Temerario remolcado a su último atraque para el desguace, de William Turner. Es uno de mis favoritos del artista, tanto es así que nos trajimos de Londres una reproducción para ponerla en casa.

La luz de los cuadros de Turner, el estilo romántico con que impregnaba sus creaciones con ese apasionamiento por la naturaleza… rebuscad también en sus acuarelas y podréis disfrutar de la obra magnífica de este autor.  Para acercaros a él, hay una película de 2014, Mr. Turner, dirigida por Mike Leight. Es un poco larga, pero seguro que os hace enamoraros un poco de él.

De lecturas sigo tan vaga como el mes pasado. No he terminado ninguno de los que tenía empezados, y aún así, por no llevar ninguno de los dos a una escapada que hicimos a Madrid aprovechando el puente del Día de Andalucía -¡justo a tiempo! (el de Joan Didion es una edición demasiado bonita para aventurarme a que se estropeara en el viaje, y Solenoide podría haberme provocado una escoliosis al cargar con él), me empecé Sur, de Antonio Soler que, sí, adivinad, tampoco he terminado ¡Madre mía, cuánta faena acumulada!

De series, terminamos The New Pope, altamente recomendable y empezamos la quinta temporada de Better call Saul. Está siendo muy grande esta serie. Empezó siendo un spin off de Breaking Bad y para mi gusto, ya la ha superado con creces.

También hemos empezado La conjura contra América, lo nuevo de David Simons (sí, el de The Wire) sobre un libro de Philip Roth. Hasta ahora sólo hemos visto el primer capítulo, pero tiene muuuy buena pinta.

Al cine, evidentemente no hemos ido. Sí fuimos, como he comentado más arriba, a Madrid cuatro días a principios de mes. Exceptuando un ‘pequeño’ inconveniente, el viaje fue estupendo: estuvimos del Prado al Thyssen y del Thyssen al Prado. No había estado nunca en ninguno de los dos, y el Prado… bueno, es El Prado. Aprovechad ahora las visitas virtuales que hacen, con las explicaciones a algunos cuadros (esto lo podéis ver en su Instagram, no sé si en su página también, para volver. Todas las visitas que podáis hacerle nunca serán demasiadas.

Y el Thyssen… bueno, fuimos más que nada por la exposición temporal que tienen ahora Rembrandt y el retrato en Ámsterdam, donde me reencontré con mi querida Hendrickje (quédate con quien te pinte como Rembrandt pintaba a Hendrickje). Cada vez que pienso en esa exposición, magnífica por otra parte, allí cerradita y sin nadie que pueda verla… También disfrutamos, claro, de la exposición permanente (¡madre, ese Chagall, cuánto me hizo llorar!) y de la colección Carmen Thyssen. Aprovechad que tienen también visitas virtuales, incluso de la exposición de Rembrandt.

Y recordad: llegará un día de primavera (da igual el mes que sea) en que todos volveremos a la calle y volveremos a abrazarnos y volveremos a besarnos.

Ampharou’s library: febrero

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He estado estos días repasando el blog (o lo que queda de él) para ver qué había quedado y también un poco por nostalgia, así que me he encontrado con aquellos Ampharou’s library que mantuve unos cuantos años. Para los que no sepáis  qué era, o no os acordéis, era un post que escribía (más o menos. En las últimas épocas más menos que más) mensualmente. Aprovechaba el almanaque que todos los años compramos en la Ca’Ampharou real, cada año de un pintor distinto, os enseñaba el cuadro que tocaba cada mes y aprovechaba para contaros los libros que había leído y las películas y series que había visto durante ese tiempo.

Así que los he estado repasando y me ha dado penilla. Más que nada porque este año tengo un almanaque divino, que nos trajimos mi él y yo de la National Gallery cuando estuvimos el año pasado en Londres y sería una lástima que quedara para nosotros solos. Así que he decidido retomar la serie (tarde, que ya me he saltado enero) y aquí tenéis la primera entrega.

Febrero se corresponde con La Venus del espejo, de Diego Velázquez. Si os digo la verdad, conocía la obra pero no había reparado mucho en ella… hasta que la he tenido delante. Es de agradecer que los señores de la National hayan tenido el buen gusto de repartir bancos o sillones Chester por sus salas, y que uno de ellos haya caído casi enfrente de esta obra. Te sientas delante y el tiempo no pasa. O sí que pasa, mientras intentas descifrar qué quiere decirte el rostro que se esconde en el espejo, que es el centro físico y vital de la obra, allí donde se dirige la mirada, más allá del quiebro delicado de la cintura de la Venus, más allá de la pose juguetona del Cupido  (¿sujeta el espejo o está atado a él?).

En cuanto a lectura… bueno, pues estoy un poco vaga, todo hay que decirlo. Sigo con Solenoide, de Mircea Cӑrtӑrescu, desde (vergüenza suprema) Reyes del año pasado. Lo voy leyendo a ratos, es bastante denso y muchas de las imágenes que describe son complicadas de digerir.

El que sí me terminé fue Máquinas como yo, de Ian McEwan. Mi querido Ian nunca defrauda (bueno, sí, alguna vez me ha dejado picueta y con la cara torcida), siempre poniendo a los personajes y al lector en la situación más incómoda imaginable.

Y ahora dedico mi tiempo de desayuno a El año del pensamiento mágico, de Joan Didion, con unas maravillosas ilustraciones de Paula Bonet. Un libro durísimo y tremendamente triste. Ya os hablaré más de él cuando lo termine.

En cuanto a lo visto, la tercera temporada de The Crown, que supera con creces las dos primeras (Olivia Corman está divina), la tercera de La maravillosa señora Maisel, un poquito más floja que las dos primeras, pero descacharrante también. Vimos Drácula: atención aquí. Son tres capítulos de hora y media cada uno. Los dos primeros son estupendos, Drácula y Van Helsing se comen el uno al otro en la pantalla… pero ¡ay, madre mía el tercero! Os lo podéis ahorrar, directamente. Quedaos con el buen gusto de los dos primeros y decid que habéis visto una buena serie.

También intenté ver The Witcher. Mira que sale Henry Cavill y mira que está rico. Mira que incluso me tragué su infumable Superman y el horror aquél donde Ben Affleck hace de Batman. Mira que vi dos capítulos, pero de ahí no pude pasar, así que hasta aquí llega mi crónica de El brujero.

Otra con la que tampoco pude fue Carnival Row. Cara Delevigne poniendo morritos de hada  todo el rato me producía sarpullidos.

Y otra con la que me tenía que haber quedado con las ganas fue Years and years, pero me produjo curiosidad, y ya sabéis que la curiosidad mató al gato.

Ahora dedicamos nuestro tiempo libre a The new Pope, continuación de The Young Pope de Sorrentino. No solo no desmerece la primera parte, sino que John Malkovich añade un plus a lo que ya era muy bueno. Y Voiello, ese Voiello…

Me está quedando un poco largo el post, pero no quiero terminar sin contaros las veces que hemos ido al cine. La mayoría de ellas han sido para ver documentales de arte (¡bendita costumbre que están cogiendo los cines de diversificar la oferta!). Así, hemos disfrutado de Rembrandt, Van Gogh, Tintoretto, El Prado enterito, Las Meninas en particular. Os los recomiendo totalmente. Eso sí, debéis estar atento, normalmente sólo las pasan un par de veces, lunes y martes.

También vimos 1917 (y el Joker, pero de esa hace más rato). La de Sam Mendes, una película estupenda, que me mantuvo en vilo y acongojada toda la proyección. Vedla, pero vedla en el cine, merece la pena.

Y hasta aquí llegamos con febrero. Seguro que me dejo algo, intentaré hacer memoria. Para el mes que viene, más.

2020

2020

Me las prometía muy felices yo empezando de nuevo un blog: voy a escribir todos los días, bueno, al menos una vez a la semana, y aquí estoy, a finales de enero y con la última entrada del 25 de septiembre.

Han pasado muchas cosas desde entonces. Para empezar, hemos cambiado de año (yo también he cambiado las unidades de todas mis decenas). Antes de eso, a mediados de octubre, nos fuimos de vacaciones. Una semana a Londres. Así que ya sé dónde quiero vivir: descartada la primera opción, porque el vigilante al que le preguntamos nos dijo que en la National Gallery no podíamos quedarnos y que, además, era very creepy at night, le hemos echado el ojo a algunos sitios en los alrededores del Victoria&Albert Museum y de la Wallace Gallery. Para ello nos hemos encomendado a San Ildefonso, que es el patrón de los niños que reparten dineritos en cantidad.

Ya en diciembre, el primer día para ser exactos, decidí comprobar la dureza del suelo de mi cocina. Con la nariz. Y la frente. Que me parecía a mí que la baldosa del centro no estaba bien ajustada, mirusté. Y sí que lo estaba. Porque resulta que tengo dos manos, pero ¿para qué voy a ponerlas por delante si veo que me he resbalado y me estoy cayendo? Resultado: nariz maltrecha y brecha en la frente, postillas en ambas y una sombra de ojos que fue pasando del morado al amarillo en el lapso de dos semanas.  La opinión médica la reservo más que nada porque, salvo la sangre y el dolor, yo estaba bien y no fui. Así puedo agarrarme a la excusa de un puente desviado para operarme la nariz y que me la dejen como la de Amy Adams, como si fuera yo una reina cualquiera.

Después de un mes de diciembre hasta arriba de trabajo, empecé el año de vacaciones, que es la mejor forma de empezarlo: comer, beber, reír, dormir. Libros, cine, juegos, series. La falta de prisas. Lo mejor para recargar fuerzas. Lo malo es que en cuanto empiezas a trabajar, al par de horas más o menos, ya las has vuelto a perder todas.

Y hasta aquí más o menos el resumen.  No soy yo de hacer buenos propósitos para el año nuevo, ni de hacer promesas que no sé si voy a poder cumplir, pero procuraré pasarme por aquí más a menudo, aunque sea solo a saludar.

It’s a wonderful town

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La niña de mis ojos se ha ido a hacer las Américas. Pero como ese sitio es muy grande, ella es muy pequeña y tampoco va a estar allí tanto tiempo (aunque a mí dos meses sin ella me parezcan demasiados), sólo va a hacer un cachito, la esquinita de arriba a la derecha, concretamente.

Está feliz como una perdiz. Sobre todo estos últimos diez días, que ha paseado palmito por a wonderful town. Yo le voy siguiendo los pasos gracias a los interneses y ella me va enviando fotos que me mezclan guedejas de envidia con mucha felicidad. Creo que cuando vuelva, va a tener los ojos más grandes y más bonitos todavía.

¡Ya están aquí!

Desde hacía algunos días ya se iban oyendo algunos de sus típicos chillidos en las mañanas o justo antes de la puesta de sol, y se iba notando en que los días se van alargando y en que muchos días hace bastante menos frío que la primavera iba entrando.

Pero no fue hasta ayer cuando llegaron todas, coincidiendo con un día precioso, y menuda fiesta montaron en la arboleda que rodea la oficina:  chillidos y más chillidos, piruetas imposibles por los aires, todas ellas en un frenesí primaveral que contagió a todos los que lo oíamos y veíamos. Parecía que querían entrar por las ventanas (de hecho, creo que es lo que querían, pues antes hacían los nidos en los huecos de las jambas), y quebraban el vuelo en el último momento, dejándonos a todos con un ¡oh! en la boca y el ánimo encendido ante el barrunto de buen tiempo del que son portadoras.

Hoy salgo de misión especial. Voy a comprobar que en Barcelona la primavera también se desarrolla como debe.

¡Ya están aquí!

Desde hacía algunos días ya se iban oyendo algunos de sus típicos chillidos en las mañanas o justo antes de la puesta de sol, y se iba notando en que los días se van alargando y en que muchos días hace bastante menos frío que la primavera iba entrando.

Pero no fue hasta ayer cuando llegaron todas, coincidiendo con un día precioso, y menuda fiesta montaron en la arboleda que rodea la oficina:  chillidos y más chillidos, piruetas imposibles por los aires, todas ellas en un frenesí primaveral que contagió a todos los que lo oíamos y veíamos. Parecía que querían entrar por las ventanas (de hecho, creo que es lo que querían, pues antes hacían los nidos en los huecos de las jambas), y quebraban el vuelo en el último momento, dejándonos a todos con un ¡oh! en la boca y el ánimo encendido ante el barrunto de buen tiempo del que son portadoras.

Hoy salgo de misión especial. Voy a comprobar que en Barcelona la primavera también se desarrolla como debe.

Del Foro vengo…

Cuando un fin de semana estás con la persona justa con la que quieres estar. Cuando además lo pasas en una ciudad hermosa con monumentos en cada esquina

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cuando te encuentras con amigos a los que hace tiempo que no ves y compartes cenas, comidas, muchas copas y más risas. Cuando recuerdas a alguno de esos amigos que no ha podido estar viendo un cuadro maravilloso en una maravillosa exposición

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cuando disfrutar un concierto es disfrutarlo el doble al verlo reflejado en el rostro puro del deleite

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cuando el cansancio no importa y el calor casi tampoco, resulta que has vivido un fin de semana extraordinario.

Volando voy…

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Vuelo VY 5702 Barcelona Jerez de la Frontera.

Cuarenta y cinco minutos de retraso.

Señores pasajeros, tomen asiento y abróchense los cinturones. En breves momentos tomaremos tierra en el aeropuerto de Puerto Hurraco… perdón, de Jerez de la Frontera.