Un año, una peli.

Y seguimos con la tarea pendiente del verano, que se me va a juntar con la de navidad. Esta vez, un meme que me llegaba desde El nido del jilguero. En él, hay que elegir una película por cada año vivido. Y claro, la cosa me pareció muy interesante, hasta que caí en la cuenta de que Miguel sólo había tenido que poner algo más de un par de docenas de películas, mientras que yo me tenía que remontar casi a la época del cine mudo. Es lo malo de tener «tanta experiencia» acumulada.

Como a él, me ha costado elegir: en algunos años me era difícil elegir alguna y en otros lo complicado era quedarme sólo con una. Pero a pesar del trabajo que me ha llevado, y como me siguió pareciendo muy interesante, ahí os dejo mis elegidas (y de paso la pista para que os deis cuenta cuántas canas peino ya).

1969: Danzad, danzad, malditos.

1970: La hija de Ryan.

1971: La naranja mecánica.

1972: El padrino.

1973: El espíritu de la colmena.

1974: El padrino II.

1975: El viento y el león.

1976: Taxi driver.

1977: Una jornada particular.

1978: El expreso de medianoche.

1979: Apocalypse now.

1980: Recuerdos.

1981: Excalibur.

1982: Blade runner.

1983: El sur.

1984: Cotton Club.

1985: El jinete pálido.

1986: Hannah y sus hermanas.

1987: Ojos negros.

1988: La última tentación de Cristo.

1989: Delitos y faltas.

1990: Muerte entre las flores.

1991: La linterna roja.

1992: Leolo.

1993: Pesadilla antes de navidad.

1994: Tres colores: rojo.

1995: Los puentes de Madison.

1996: Secretos y mentiras.

1997: Carácter.

1998: La delgada línea roja.

1999: El verano de Kikujiro.

2000: In the mood for love.

2001: El viaje de Chihiro.

2002: Dolls.

2003: Big fish.

2004: 2046.

2005: Manderlay.

2006: V de Vendetta.

2007: Expiación.

2008: WALL-E

Y para que siga el meme, se lo encasqueto a:

Beaumont

India

Marta

Valiada

Bohemia.

Maestros.

Hace unos días, Landahlauts, aprovechando este anuncio, hacía una reflexión sobre los maestros y me uní a ella, dando un repaso a los profesores que han poblado mis años escolares. Entre ellos ha habido de todo, como en botica. Profesores malos y profesores buenos, Y entre los malos, recuerdo especialmente como el peor al que me dio Historia en primero de BUP y en COU, donde ya, harto de mí (aunque creo que no tanto como yo de él), me aconsejó que dejara de estudiar y me dedicara al muy honorable oficio de enterrador (supongo que dijo enterrador sólo como un acto de originalidad que él quería disfrazar de ironía recalcando mi afición por aquellos años a vestir de negro, pero que lo mismo pudo decir pocero). Y es que este hombre era un auténtico fusilador que me hizo odiar la historia durante mi adolescencia (gracias a Tutatis, me reconcilié con ella años más tarde). Sus métodos didácticos no eran, digamos, los más apropiados, ya que sus clases se convertían en un dictado de una hora que, además, no se podía interrumpir, so pretexto de no hacerle perder el hilo. Eso sí, al César lo que es del César, que el hombre tenía su mérito, ya que dictaba de memoria, puntos y comas incluidos, y que daba igual que estudiaras por tus apuntes o por los de tu hermano mayor que había recibido sus clases cuatro años antes porque, si no hubiese sido por el cambio de letra, hubiesen parecido fotocopias de su guión, incluidos los chistes. Si durante el dictado algo lo frenaba (un murmullo al final de la clase, una pregunta sobre el tema, un portazo al fondo del pasillo), trastabillaba en su discurso hasta que caía de bruces sobre él tartamudeando, soltando luego un casto ¡lechugas! para recomponerse.

Y como dios aprieta pero no ahoga, vine a tener ese mismo curso el mejor de los profesores de toda mi vida académica, un profesor que hizo que sus clases fueran las únicas con nivel de absentismo cero, que nos trataba como a personas inteligentes (no quiere decir esto que lo fuéramos), que invitaba al pensamiento y a la discusión como métodos educativos y que consiguió que termináramos adorando sus clases de filosofía.

Algunas veces aún me los encuentro por la calle. Mi profesor de filosofía es un abuelo adorable que lleva a sus nietos al autobús del colegio, que me saluda tan afable como aquel mismo curso, hace tantísimo tiempo. El de historia sigue igual, con su mirada de iluminado, balbuciendo de forma confusa continuamente, supongo que repasando sus temas para que no se le olviden, tan ensimismado que no atina a reconocer a quien fue su pesadilla durante dos largos años. Quizá sea porque ya no suelo vestir de negro.

Meme.

La verdad es que últimamente estoy algo vaga para escribir en el blog. Por no decir que muy vaga. Tanto, que se me van acumulando las tareas y son ya dos los memes que tengo pendientes. El primero me llegó, hace muchas lunas, de mano de Yedra y de India, que se pusieron de acuerdo para nominarme. Y ese es el que acometo hoy, el meme de los libros.

En él hay que relacionar los libros que te han marcado. A mí, lectora voraz (aunque no leo todo lo que quisiera, ni todo lo que me gustaría ni necesito), todos los libros que han caído en mis manos me han dejado poso. De todos he aprendido y de todos aprehendo algo, pero quizá sean estos, por un motivo u otro, los que más huella dejaron:

Colección de «Los cinco», de Enid Blyton. Después de pasar horas y horas leyendo tebeos fueron los primeros libros a los que dediqué atención. Yo encontré unos amigos aventureros y mi familia un filón para mis regalos.

La Regenta, de Leopoldo Alas «Clarín». Ya había leído bastantes libros, pero quizá fuera éste con el primero con el que experimenté el placer exquisito de la lectura.

Cien años de soledad, de García Márquez. Ha sido compañero de un montón de veranos: los Buendía y yo mezclamos la canícula de Macondo y la de Cádiz año tras año.

Historia de Mayta, de Vargas Llosa. Un tachón en mi expediente de devoradora de libros. Luchamos durante unas cuantas páginas y al final ganó él. El único libro que me ha podido y que no he terminado. Después he tenido tiempo y ocasión para reconciliarme con don Mario.

La muerte en Venecia, de Thomas Mann. Encontrarse con Tadzio en la decadente Venecia es por sí mismo la encarnación de la belleza.

Rayuela, de Julio Cortázar. Palabras mayores, leídas mil veces al derecho y al revés, como mandan los cánones. ¿Quién no ha querido alguna vez encontrarse con la Maga?

Hojas de hierba, de Walt Whitman. Un canto a la vida que me llegó justo y por cuando yo comenzaba mi mejor tonada.

La escala de los mapas, de Belén Gopegui. Justo como yo quisiera escribir (y como no llegaré a hacerlo): creando belleza en cada línea. Otro de los libros a los que no me canso de leer.

Estos son mis siete fantásticos. No están todos los que son, pero podéis estar seguros de que son todos los que están.

Y, aunque no me gusta nominar, esta vez lo haré por pura curiosidad de las respuestas y procurando no repetir con los que ya lo habéis hecho:

Valiada

El nen riepel-lent

Beaumont

Miguel

Fernando

Ea, que rule!!

Invasión germánica.

Cinco de septiembre:

Feliz como una perdiz de que la niña de mis ojos pasara de curso, todavía deshaciendo el nudo que se me había agarrado al estómago desde bien temprano, encargo los libros nuevos en el cole:

Administradora: ¿Inglés, francés, ciencias sociales y los de lectura de lengua?
Ampharou: Sólo los de lectura, sociales e inglés. Ella no da francés.
Administradora: Muy bien, el día doce pueden recogerlos.

Quince de septiembre:

Tras unas tan cortas como merecidas vacaciones por tierras catalanas, con visita al Fossar de les Moreres incluido, volvimos tal día a Cádiz, día, por cierto, de comienzo de curso (empezamos bien, primera campana del año). La niña de mis ojos llama, ya por la tarde, a una compañera para pedirle el horario:

Niña de mis ojos: El lunes es un rollo, mira: matemáticas, francés, soc…
Ampharou: ¿Francés? Tú no tienes francés.
Niña de mis ojos: ¿Cómo que no? ¿No te dije que era la optativa que quería?

Los ojos como platos. Claro que me lo dijo. Y claro que fue la optativa que YO le marqué cuando YO rellené la matrícula.

Esta tarde toca, por supuesto, peregrinación por todas las librerías en busca de un libro que no sé ni qué pinta tiene.

Invasión germánica.

Cinco de septiembre:

Feliz como una perdiz de que la niña de mis ojos pasara de curso, todavía deshaciendo el nudo que se me había agarrado al estómago desde bien temprano, encargo los libros nuevos en el cole:

Administradora: ¿Inglés, francés, ciencias sociales y los de lectura de lengua?
Ampharou: Sólo los de lectura, sociales e inglés. Ella no da francés.
Administradora: Muy bien, el día doce pueden recogerlos.

Quince de septiembre:

Tras unas tan cortas como merecidas vacaciones por tierras catalanas, con visita al Fossar de les Moreres incluido, volvimos tal día a Cádiz, día, por cierto, de comienzo de curso (empezamos bien, primera campana del año). La niña de mis ojos llama, ya por la tarde, a una compañera para pedirle el horario:

Niña de mis ojos: El lunes es un rollo, mira: matemáticas, francés, soc…
Ampharou: ¿Francés? Tú no tienes francés.
Niña de mis ojos: ¿Cómo que no? ¿No te dije que era la optativa que quería?

Los ojos como platos. Claro que me lo dijo. Y claro que fue la optativa que YO le marqué cuando YO rellené la matrícula.

Esta tarde toca, por supuesto, peregrinación por todas las librerías en busca de un libro que no sé ni qué pinta tiene.

De vuelta.

¿Habéis visto qué fecha es? Sí, señores, lo pone ahí arriba: treinta y uno de agosto. Que esto se acaba, que está dando los últimos coletazos. Que mañana toca madrugar y volver al curro. Y no es por nada, pero no me apetece nada. Que conste que no es por el trabajo en sí, que no llevo allí ni un mes, ni por los compañeros, que parecen majetes todos. Tampoco es por la depresión postvacacional esa. Es simplemente que estas vacaciones me lo he pasado fatal. Pero que muy mal. Imaginaos quince días en los que os obligan a levantaros tarde todos los días, a desayunar tranquilamente sentada a la mesa y no de pie en la cocina quemándoos con el café. Imaginad que os obligan a ir a la playa, a coger un moreno maravilloso que hace que toda la ropa luzca mejor. Imaginad que os obligan a ir de cañas y tapas todos los días, y que encima os hacen reír todo el tiempo. Imaginad que os llevan a pueblos preciosos, imaginad que estás con buenos amigos y que las sobremesas se alargan lo indecible, entre charlas o en saludables siestas, o que pasáis las tardes en el cine, o paseando entre el bullicio de la ciudad, o simplemente en casa viendo buenas películas (no siempre tan buenas).

Pues eso. Que como he sufrido tanto estas vacaciones, las declaro nulas y las empiezo de nuevo. Ea.

Cumpleaños.

abrasador-cumpleanos-velas-42-17182337.jpg

 

Felicidades a todos los cumpleañeros, que un día como hoy, en una primavera que no acaba de creérselo, han decidido que es un buen día para tener un año más.

 

Felicidades a mi hermana mayor, por ser más hermana que mayor y porque aún siendo mayor, está más estupenda que nunca.

 

Felicidades a 3nity, mi informática favorita, mi salvavidas en esto del blogueo. Un cambio de versión  que seguro le va a sentar muy bien.

 

Felicidades a Sergio, el pequeño indiecito, con todo un mundo por descubrir, un mundo que su mamá se encargará de hacer más bello para él y para Daniel.

 

Felicidades para todos y que sean muchos, pero que muchos más.

Cumpleaños.

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Felicidades a todos los cumpleañeros, que un día como hoy, en una primavera que no acaba de creérselo, han decidido que es un buen día para tener un año más.

 

Felicidades a mi hermana mayor, por ser más hermana que mayor y porque aún siendo mayor, está más estupenda que nunca.

 

Felicidades a 3nity, mi informática favorita, mi salvavidas en esto del blogueo. Un cambio de versión  que seguro le va a sentar muy bien.

 

Felicidades a Sergio, el pequeño indiecito, con todo un mundo por descubrir, un mundo que su mamá se encargará de hacer más bello para él y para Daniel.

 

Felicidades para todos y que sean muchos, pero que muchos más.