¡Han vuelto!

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En realidad llevan aquí algo más de una semana, asombradas como nosotros de este buen tiempo repentino. Han vuelto para alegrarnos las mañanas y los atardeceres con esos gritos y esas cabriolas en el aire. También han vuelto para desespero de mis  gatos, que no se pierden ni uno de sus caracoleos delante de mi ventana y les maúllan atribulados no sé si envidiando su libertad o por simple ansia de cazadores. Y ellas, juguetonas, cada vez se atreven más cerca, casi tocan con las alas los cristales antes de hacer un quiebro aéreo que los deja con la boca abierta y el alma felina en el suelo.


¡Han vuelto!

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En realidad llevan aquí algo más de una semana, asombradas como nosotros de este buen tiempo repentino. Han vuelto para alegrarnos las mañanas y los atardeceres con esos gritos y esas cabriolas en el aire. También han vuelto para desespero de mis  gatos, que no se pierden ni uno de sus caracoleos delante de mi ventana y les maúllan atribulados no sé si envidiando su libertad o por simple ansia de cazadores. Y ellas, juguetonas, cada vez se atreven más cerca, casi tocan con las alas los cristales antes de hacer un quiebro aéreo que los deja con la boca abierta y el alma felina en el suelo.


Altavoz.

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Capítulo ocho. Al atardecer, nubes altas en el cielo del oeste formaron una fina capa amarilla que se fue adensando…

... la llevaban monísima, con sus medias amarillo limón, y un vestidito blanco con limones…

Ocho. Al atardecer, nubes altas en el cielo del…

… y Cuca, pues como siempre, no iba mal, demasiado clásica…

Al atardecer, nubes altas en el cielo del oeste formaron…

… una chaqueta gris y una blusa rosa, con los cuellos y los puños blancos, sí, elegante a su estilo…

Al atardecer, nubes altas en el cielo del oeste formaron una fina capa amarilla…

… pero Luli tiene doce años más que él, lo que pasa es que está divina y Nando, el pobre, no puede con su alma…

Capítulo ocho. Al…

… y sobre todo, las ganas de fiesta que tiene siempre…

No hay forma. Cierro el libro y centro la poca atención que me deja esa voz chillona y chillante en perseguir el vuelo de una mosca. ¿Por qué hay gente a la que le gusta particularmente oír su voz? En un lugar casi vacío, con un interlocutor a menos de treinta centímetros, ¿de verdad que es necesario usar ese tono de voz? ¿Habla para la persona que tiene al lado o para un auditorio de cien personas? Porque yo no las veo…

Versión oficiosa.

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¿Nunca has sentido que te han metido en una guerra que no es tuya, no te has visto de pronto entre las trincheras mientras llevas calado un fusil que no quieres utilizar porque tú no tienes bando ni bandera?

¿Nunca has corrido tanto que no sabes cómo parar y mucho menos cómo volver?

¿Nunca te has sentido como un trozo de cuerda en casa de un ahorcado?

¿Nunca has tenido una conversación en la que tu interlocutor te cuenta una mentira con la boca mientras que con los ojos te va diciendo «sí, sé que sabes que te estoy mintiendo, pero sigamos fingiendo que nos creemos lo que decimos aunque sólo sea por el bien común» y tú te vendes a ese pretendido bien común sin tener muy clara tu pertenencia a él y simulas que crees esa mentira mientras vas traduciendo cada palabra pronunciada?

Se adivinan cambios en el horizonte, pero todavía no se divisa si portan pabellón pirata o bandera blanca.

Versión oficiosa.

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¿Nunca has sentido que te han metido en una guerra que no es tuya, no te has visto de pronto entre las trincheras mientras llevas calado un fusil que no quieres utilizar porque tú no tienes bando ni bandera?

¿Nunca has corrido tanto que no sabes cómo parar y mucho menos cómo volver?

¿Nunca te has sentido como un trozo de cuerda en casa de un ahorcado?

¿Nunca has tenido una conversación en la que tu interlocutor te cuenta una mentira con la boca mientras que con los ojos te va diciendo «sí, sé que sabes que te estoy mintiendo, pero sigamos fingiendo que nos creemos lo que decimos aunque sólo sea por el bien común» y tú te vendes a ese pretendido bien común sin tener muy clara tu pertenencia a él y simulas que crees esa mentira mientras vas traduciendo cada palabra pronunciada?

Se adivinan cambios en el horizonte, pero todavía no se divisa si portan pabellón pirata o bandera blanca.

¡¡Seguridad!!

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El último bastión de la libertad ha caído. Ya no queda lugar al que poder entrar sin tener que despojarnos de correas, relojes, calderilla y caramelos (que sí, que el papel de los caramelos también hace saltar la alarma. Eso sí, no los soltéis tal cual en la cinta, que cuando llegan al final, hacen que se atasque). Ya no queda lugar donde el contenido de nuestro bolso o cartera sea un asunto privado. Ya no podré hacerme los piercings que tenía pensado y supongo que tampoco podré desayunar una buena ración de lentejas.

Tampoco podrán, eso es cierto, atacarnos a los pobres funcionarios las hordas de desaprensivos armados hasta los dientes a los que estábamos acostumbrados día sí y día también, ni cientos de células terroristas islámicas nos darán opción a abrir dos vías de investigación.

El gran hermano crece y se reproduce. El último organismo público sin arco detector de metales ya tiene el suyo. Debimos imaginarlo cuando desde el año pasado, cada mañana nos encontramos a un señor uniformado en la puerta. Ese fue el principio del fin.

Solo espero que aquí no me hagan quitar los zapatos cada vez que entro.

¡¡Seguridad!!

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El último bastión de la libertad ha caído. Ya no queda lugar al que poder entrar sin tener que despojarnos de correas, relojes, calderilla y caramelos (que sí, que el papel de los caramelos también hace saltar la alarma. Eso sí, no los soltéis tal cual en la cinta, que cuando llegan al final, hacen que se atasque). Ya no queda lugar donde el contenido de nuestro bolso o cartera sea un asunto privado. Ya no podré hacerme los piercings que tenía pensado y supongo que tampoco podré desayunar una buena ración de lentejas.

Tampoco podrán, eso es cierto, atacarnos a los pobres funcionarios las hordas de desaprensivos armados hasta los dientes a los que estábamos acostumbrados día sí y día también, ni cientos de células terroristas islámicas nos darán opción a abrir dos vías de investigación.

El gran hermano crece y se reproduce. El último organismo público sin arco detector de metales ya tiene el suyo. Debimos imaginarlo cuando desde el año pasado, cada mañana nos encontramos a un señor uniformado en la puerta. Ese fue el principio del fin.

Solo espero que aquí no me hagan quitar los zapatos cada vez que entro.

Premio!

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Últimamente me llueven los premios. No la primitiva ni la bonoloto, que entonces estaría escribiéndoos desde una hamaca en las Seychelles. ¡Si ni siquiera me tocó la pedrea en el gordo de Navidad!

 

Me refiero a otra clase de premios, a esos que hacen que cuando me siento delante del ordenador para escribirlos el culo casi ni me quepa en la silla. A premios que me hacen ver que no escribo para mí sola, que vosotros estáis ahí detrás y acudís a este rinconcito como quien visita a un amigo. Y lo más importante, me hacen ver que os sentís a gusto aquí. Eso lo percibo con cada comentario que me dejáis, con este diálogo virtual que se establece de blog a blog haciendo que esta red deje de ser algo anónimo para convertirse en eso, en una reunión de amigos.

 

Pero no me enrollo. El premio esta vez me llega de parte de India, que me lo deja en su bitácora con una serie de reglas:

 

  1. Escribir un post linkeando a la persona que te lo dio.
  2. Etiquetar el premio bajo la etiqueta «Premio».
  3. Transcribir las reglas.
  4. Elegir 7 blogs que recibirán el premio.
  5. Exhibir orgullosamente el premio ¡¡¡DIZ QUE ATÉ NAO E UM MAU BLOG /DÍ QUE ÉSTE NO ES UN MAL BLOG!!!

     


    Con vuestro permiso y con el de ella, me voy a saltar la regla número cuatro y voy a romper la cadena. No sabría decir cuál de todos los que leo «no es un mal blog». Todos estáis en esa pestañita de la barra de comandos del navegador, esa que dice «Favoritos». Y sois muchos. Y ninguno es un mal blog. Porque todos sois estupendos.