¡Premio!

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Pues resulta que falta una un par de días porque se halla sufriendo en los carnavales el estrés que supone estar todo el día de juerga, que si coplas por aquí, chirigotas en cada rincón, que si una cervecita, que si un platito de ortiguillas, que quítame de ahí esos papelillos; y cuando vuelve a casa se encuentra en la puerta, envuelto para regalo y recién caído de uno de los blogs más divertidos que visita, el de la Mimismidad de Raquel, todo un premio de esos merecedores de la mejor de las alfombras, sea roja o de topos.

Pues que siga la juerga, porque pienso celebrarlo con todos vosotros.

¡Premio!

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Pues resulta que falta una un par de días porque se halla sufriendo en los carnavales el estrés que supone estar todo el día de juerga, que si coplas por aquí, chirigotas en cada rincón, que si una cervecita, que si un platito de ortiguillas, que quítame de ahí esos papelillos; y cuando vuelve a casa se encuentra en la puerta, envuelto para regalo y recién caído de uno de los blogs más divertidos que visita, el de la Mimismidad de Raquel, todo un premio de esos merecedores de la mejor de las alfombras, sea roja o de topos.

Pues que siga la juerga, porque pienso celebrarlo con todos vosotros.

Viva Las Vegas.

Hace menos de un mes que, al entrar en la «cocina» de este vuestro blog, descubrí que tenía un montón de comentarios en una entrada antigua, concretamente en una del verano de hace dos años. En ellos, un montón de nuevos amigos me invitaba, amablemente (creo, porque todos los mensajes estaban en inglés y yo, en la lengua de Shakespeare, del «oui» no paso), a jugar en sus casinos. A mí, que no juego ni a la primitiva.

El caso es que parece ser que, como este blog es conocido mundialmente, todos los casinos de Las Vegas se pusieron de acuerdo para tomarme como plataforma publicitaria. Bueno, todos los casinos no, que del Montecito todavía no he detectado ningún mensaje.

Y como los comentarios no dejaban de llegar en cantidades industriales (más que casinos son cansinos) y se hacía un poco farragoso ir borrándolos (sí, lo siento, señores croupiers) uno a uno, tiré del tutorial que Phoebe, con su infinita paciencia y vía chat, tuvo a bien (gracias, gracias, Phoebe) proporcionarme y me instalé un plugin para detectar el spam y bloquearlo. Así que ahora, cada día, reviso los entre cien y doscientos comentarios bloqueados para asegurarme que todos son susceptibles de ser borrados y que no se ha colado entre el spam alguno vuestro.

En fin, que a estas alturas ya tengo más comentarios bloqueados y borrados que los que he recibido y permanecen en los más de dos años que tiene este blog. Pero no me importa, porque sé que ellos, en realidad, no me quieren y vosotros sí… ¿no?

Meme.

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Yedra me ha dejado deberes en su blog para después de las vacaciones.

Es un meme y éstas son sus reglas:

  1. Cada persona «nominada» ha de hacer un listado de 8 cosas que le gustaría hacer o ver antes de pasar a «criar malvas».
  2. Hay que escribir esas 8 cosas en su blog junto con las reglas del juego.
  3. Hay que seleccionar a 8 personas más, invitarlas a jugar y anotar sus nombres o el nombre de sus blogs.
  4. Es importante no olvidar dejar un comentario en el blog desde donde nos invitaron a jugar.

Así que he ido siguiendo la cadena al revés, cotilleando qué pensaban los bloggers al respecto, cuáles son sus ansias y sus anhelos y me he pasado la mañana pensando las cosas que querría ver o hacer antes de que la Parca me llame a su seno. Y así, dándole vueltas, he llegado a una única conclusión: QUE YO QUIERO SER INMORTAL.

De esa forma, las ocho cosas que querría ver o hacer antes de morir se resumen, como los mandamientos (lamento ponerme bíblica ahora) en una única e irremediable cosa:

  1. Antes de morir quiero ver cómo algún científico avezado descubre una vacuna contra la mortalidad, sea cual sea su causa y que el tal científico, en vez de guardarse su descubrimiento para sí, la regala a una farmacéutica que, en un gesto de magnífica filantropía (esto sí que es una utopía y no lo de la vacuna), la fabrica a gran escala y la pone a disposición de la población mundial.

Ahí queda eso.

Y ahora, para que no se rompa el meme, los ocho elegidos son:

Fernando

Raquel

Endora

Kamenah

Insomne

Sacris

Buitre

Miguel

Por supuesto, que lo haga el que tenga ganas y quiera pensar y/o divertirse un rato.

 

Año Nuevo.

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Ea! Se acabaron las fiestas. Y con ellas, las vacaciones. Mañana volvemos al trabajo y hoy ya hay que empezar a ponerse las pilas, que no nos pillen con el pie cambiado. Hay que guardar todo lo que nos han traído los reyes, ya están aquí las rebajas y las estadísticas anuales y hay que empezar a pensar en la operación bikini, que para marzo ya es tarde. Vuelve la rutina, por lo menos durante un mes, que es lo que tardarán en llegar los carnavales (¡por dios, qué estrés! Aquí no hemos terminado de tirar los papeles de regalo y ya estamos tirando papelillos). ¡Qué digo un mes! ¡Menos! Así que ya estáis quitando el belén y los adornos (tú no, Carmen. Tú lejitos) y os ponéis a ensayar desde ya con el pito de caña, que los quiero bien afinados para el día uno.

Y nada, se acabó el vaguear en este blog y abusar de los vídeos (¡cuatro seguidos, vaya morrete!) y a escribir. Espero que la inspiración tenga a bien rozarme con una de sus alas… o mejor, que se deje de rozar, que baje aquí y vaya recogiendo el salón, que lo tengo manga por hombro, mientras yo intento escribir algo decente.

Año Nuevo.

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Ea! Se acabaron las fiestas. Y con ellas, las vacaciones. Mañana volvemos al trabajo y hoy ya hay que empezar a ponerse las pilas, que no nos pillen con el pie cambiado. Hay que guardar todo lo que nos han traído los reyes, ya están aquí las rebajas y las estadísticas anuales y hay que empezar a pensar en la operación bikini, que para marzo ya es tarde. Vuelve la rutina, por lo menos durante un mes, que es lo que tardarán en llegar los carnavales (¡por dios, qué estrés! Aquí no hemos terminado de tirar los papeles de regalo y ya estamos tirando papelillos). ¡Qué digo un mes! ¡Menos! Así que ya estáis quitando el belén y los adornos (tú no, Carmen. Tú lejitos) y os ponéis a ensayar desde ya con el pito de caña, que los quiero bien afinados para el día uno.

Y nada, se acabó el vaguear en este blog y abusar de los vídeos (¡cuatro seguidos, vaya morrete!) y a escribir. Espero que la inspiración tenga a bien rozarme con una de sus alas… o mejor, que se deje de rozar, que baje aquí y vaya recogiendo el salón, que lo tengo manga por hombro, mientras yo intento escribir algo decente.

Calendario habemus!!

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Si no digo que no. Si los bomberos de cada pueblo y cada pedanía tienen el suyo, ¿por qué no lo van a tener ellos si son iguales? (bueno, iguales no. Los bomberos sólo tienen obligación de obediencia. Lo de pobreza viene reglamentado por convenio colectivo, no por vocación, y lo de castidad… pues para qué engañarnos, sería una lástima). Además, nadie duda de que sean guapos. Claro que hay curas guapos, igual que en algún lugar, en cualquier otra dimensión, hay bomberos feos.

Lo que digo yo que, si la intención es provocar (que lo es, porque Marzo no es precisamente Rouco Varela ni Diciembre el mismísimo Ratzinger, y morbo dan más que el pájaro espino y don Fermín de Pas juntos), ¿por qué no hacerlo ya con todas las de la ley (divina)? Fotografías de curas, sí, pero, por ejemplo, ataviados con el paño de pureza o la hoja de parra que tanto gustaba a los antiguos moradores de esa su comunidad. O emulando la vida ejemplar de los santos. San Sebastián sería un buen modelo en el que inspirarse. Y santa Teresa, en pleno éxtasis, para que no tengamos que decir que hay discriminación en el Vaticano, aprovechando que también habrá monjas guapas, igual que azafatas de Ryanair feas (en la misma dimensión que los bomberos feos).

En fin, que de todas formas, no me veo yo con un almanaque de esos detrás de la puerta de la cocina. Ni a las monjas de mi colegio cambiando el que daban cada año antes de las vacaciones de navidad por éste.

 

Ah, y no sé si me leerán muchos sacerdotes, pero que sepan que ya está abierto el casting para el calendario del 2.009.

 

 

Photo © Piero Pazzi 2005

Puentes.

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Ya se sabe lo que pasa en estos días de puente: el mundo se paraliza, los críos no tienen cole, la mitad de la población disfruta de unas mini vacaciones y a la otra mitad, a la que nos ha tocado venir a la oficina, pues también se nos ha contagiado el espíritu navideño y las ganas de fiesta y todo aparece como más relajado y más amable.

Estos días, digo yo que aprovechando el puente también, se celebran en el circuito de Jerez los entrenamientos de Fórmula I. Supongo (la verdad es que no me he preocupado demasiado por seguir las noticias que al respecto pudiera haber) que estarán rodando por allí Alonso, Hamilton, Massa (¿éste no se acaba de casar? ¿Luna de miel en Jerez?) y Raikkonen, al que el frío que nos atenaza aquí le debe parecer de broma. Parece que la Fórmula I sigue levantando pasiones, aunque sean los entrenamientos, y según testigos, ya ayer se podían ver enormes colas colapsando el acceso norte de la ciudad.

¿Y qué tiene que ver una cosa con otra? Eso mismo me preguntaba yo, hasta que esta mañana he cogido el autobús para venir hasta la oficina. Un autobús que nada tenía que ver con el que tomo habitualmente, lleno de niños-tortuga que no se quitan las mochilas de la espalda así tengan que llevarse a veinte viejas por delante a su paso, de madres histéricas por llegar tarde al colegio, de oficinistas medio dormidos… Hoy sólo éramos tres o cuatro, y el sueño nos duraba lo que tardaba el conductor en poner el autobús en marcha. Porque el buen hombre ha debido emocionarse hasta casi el orgasmo al ver la avenida vacía de coches y ha querido emular a los que sin duda son sus ídolos cada fin de semana durante la temporada de Fórmula I. Parecía que le disgustara cada vez que alguien solicitaba la parada, porque todavía no le tocaba entrar en boxes, y una señora casi ha tenido que saltar en paracaídas ya que poner en funcionamiento el sistema que baja el piso del autobús debe restarle puntos en la clasificación.

No quiero ni imaginarme cómo ha debido dar la curva en la Plaza España. Eso sí, para el próximo puente, me doy el paseíto y paso del autobús. Mis cervicales me lo agradecerán.