Pero el aire de pelÃcula italiana es superado por la realidad. Bárbara, mi vecina de arriba (no se llama asÃ, pero tener un marido clon de Ãngel Cristo, gastar tinte rubio-rubÃsimo y tener tres leones por hijos la hacen digna merecedora de ese nombre) decidió un buen dÃa ponerle banda sonora a la ya colorida tarea de tender y asÃ, cada vez que tira de las cuerdas, arrastrando hacia sà un trozo libre de dónde colgar la siguiente prenda, las poleas (o carruchas, como prefiráis) se quejan en un chirrido capaz de levantar a la vez todo el pelo de un cuerpo. Oyéndolo entiendo cómo debÃa sentirse Clarece en la matanza de los corderos, porque el «ruidito» es lo más parecido al último chillido que emite un pavo antes de Navidad.
Y como no hay dos sin tres, ni una sin veinte, varias vecinas envidiosas y deseosas de protagonismo han entrado en competición con Bárbara no por ver, como si de un anuncio se tratara, quién tiende más limpio, sino cuál de ellas forma más escándalo a la hora de tender o recoger la ropa. Bárbara parte como favorita, claro, que por algo ya acumula varios trienios, pero esas jovenzuelas vienen siguiéndola muy de cerca.
Lo peor que llevo de esta competición es que cualquier momento es bueno para revalidar el tÃtulo y da igual que sean las tres de la tarde que la una y media de la mañana (esto supongo que será cuando coincide el Gran Premio de carruchas de Japón, por eso de la diferencia horaria). Ahà están ellas, impasibles al sol, a la humedad que cae tal que empieza a oscurecer y que deja la ropa más mojada que recién sacada de la lavadora o a la oscuridad detrás de cada ventana que denota que el resto de los habitantes de este pequeño universo vecinal estamos ya durmiendo.
¿Alguien sabe dónde se puede conseguir 3 en 1 al por mayor?






