Ampharou’s library: septiembre

Septiembre siempre me ha parecido un mes dulce. Vosotros me diréis: claro, cabrona, como que estás de vacaciones… pero no, no es ahora, es desde que tengo uso de razón (o razón a secas, que uso le doy poco), o desde que septiembre dejó de tener los colmillos de la vuelta al cole. Me parece un mes amable, como os digo, al menos en este rinconcito del mundo donde no hay que irse demasiado lejos para tener sensación de vacaciones. Me gusta este mes porque todavía hace una temperatura agradable sin los agobios de meses atrás, porque los días todavía son largos y porque… que sí, hombre, que sí, ¡porque todavía estoy de vacaciones!

Pero en fin, que aunque lo esté no descuido mis obligaciones y aquí vengo con el post mensual de libros y cine/series. Aunque no tengo mucho que contar, ya veréis.

La ilustración que veis arriba es una de las versiones que Alphonse Mucha hizo de Las cuatro estaciones. Si buscáis por ahí (san google, of course), comprobaréis que son varias las que tiene. Ésta, concretamente, es de mil novecientos. Ya os he hablado otras veces del gusto de Mucha por realizar series de un mismo tema, y éste es un buen ejemplo, que continúa con las características de la cartelería del autor: elementos femeninos, mujeres altivas y etéreas, profusión de adornos, sobre todo vegetales (hasta las joyas recuerdan flores y plantas), todo muy al gusto art noveau.

Aquí veis el panel completo, aunque en mi calendario sólo aparecen la Primavera y el Invierno (señor editor, vamos a tener que hablar seriamente de su medicación) en pose de diosas, de glorias, de triunfos. Que me va a faltar pared en el salón para tanto panel, creo…

Vamos a los libros. Al libro, mejor dicho, porque sólo ha sido uno: el de Harold Bloom de el que os hablé el mes pasado, La anatomía de la influencia. Y menos mal que lo he terminado: me harían falta un par de vidas más para leer todo lo que él nombra y otras cien para  llegar a tener la comprensión que este hombre tiene de cada obra de la que habla. Una lástima, porque, aunque es un verdadero placer reencontrarse con don Harold, siempre que lo leo tengo la sensación de que dejo de aprender mucho de lo que debiera con él (aunque también está el consuelo de que algo queda).

De cine andamos cortitos, ni aún en casa hemos visto apenas nada. Destacable, A sangre fría, la peli del libro de Truman Capote, que como  película está bien… y ahí lo dejo para no entrar en el estéril discurso de si es mejor la película o la novela.

También revisionamos los Batmans de Chris Nolan. El primero y el segundo, que la última entrega la tenemos demasiado reciente y tampoco es para tirar cohetes. Y aparte de Brave, que la vimos en el cine, y de la que ya os hablé en este post, nada más que añadir.

Vamos ahora con las series: se nos terminaron las temporadas de las que nos quedaban por terminar, es decir, de Breaking Bad (¡¡bestial!!) y The Newsroom. Ahora nos toca esperar hasta el año que viene para ver las siguientes temporadas de todas las que seguimos, a saber, las dos que acabo de nombrar, Mad Men, Juego de Tronos, Luther, Sherlock, Boardwalk Empire (sí, nos acabamos de enterar que tendrá una tercera temporada). Mientras tanto, hemos empezado con Parade’s End, con la BBC haciendo lo mejor que sabe hacer: dramas de época. Aquí se trata de la adaptación de una tetralogía de Ford Madox Ford (que ya tengo encargadita a una librería de segunda mano) con Benedict Cumberbatch (nuestro Sherlock favorito) de protagonista. Y si digo BBC, poco más tengo que decir.

Seguiremos informando.

Ampharou’s library: agosto

Agosto. Ya queda menos para las vacaciones (¡septiembre, glorioso septiembre!). Mientras tanto, seguimos con don  Alphonse. Este mes toca el Mucha de los carteles publicitarios, con éste de 1898 para F. Champanois, imprimeur-editeur. Mucho ha llovido en publicidad desde entonces, pero viendo algunos anuncios de ahora, dan ganas de darle al publicista con el marco de este cartel en la boca y ponerle a escribir mil veces ‘caca no’.

Seguimos en este cartel con las señoras ‘Mucha’, señoras sobrenaturales, etéreas, enmarcadas en las joyas que lucen, en sus propios cabellos, en la voluptuosidad de sus vestidos que se enredan con el fondo de flores y figuras geométricas. Señoras que convencen porque miran fijamente y con franqueza. Además, ¿quién puede negarse a la dulzura de esos rostros?

Las lecturas, igual que durante el resto del año, han estado escasas. Pero tiene su motivo: empecé a leer la Anatomía de la influencia, de Harold Bloom. Para los que no lo sepáis, Bloom es un crítico literario que, además, es la persona que yo quisiera ser de mayor (ya soy mayor, así que yo quiero ser como él ¡ya!). Harold Bloom tiene ochenta y dos años, lleva siendo profesor de literatura en Yale desde los veinticinco y el libro que estoy leyendo ahora lo escribió el año pasado. Bloom es un señor que aprendió a hablar nosecuántos idiomas sólo por el placer de leer en su lengua original cada obra. Harold Bloom, en definitiva, contagia su amor por la literatura al que se acerca a su obra y te hace querer leer cuanto antes todos los títulos de los que habla y conocer a cada autor de su mano.

Bien, pues como os digo, leo su Anatomía de la influencia. En los primeros capítulos habla de Shakespeare, y nombra y renombra al Rey Lear. Y yo, que hace mil que lo leí, lo busco ufana en mi estantería, aparco la Anatomía y me pongo con Lear. Sigue hablando de Milton. Y yo, que no tengo ningún libro suyo, me pongo a buscar fragmentos de El paraíso perdido, para comprobar la maravilla de personaje que es Satán, del que Bloom se declara enamorado. Sigo con la Influencia, y ahora habla de Whitman… y estoy deseando llegar a casa, coger mis Hojas de hierba y buscar La última vez que florecieron las lilas en el huerto… Así que creo que el libro me durará hasta el año que viene por estas fechas, pero, desde luego, tengo el disfrute asegurado.

Seguimos con las series: The Newsroom, de la que ya os hablé en julio, progresa adecuadamente y cada capítulo es mucho mejor que el anterior. Una vez que te has acostumbrado al ritmo de metralleta de sus diálogos, sólo queda engancharte a los planteamientos de cada tema.

También continuamos con la quinta temporada de Breaking Bad. ¿Qué os puedo decir que no os haya dicho ya, y que no os la chafe, de esta serie? Sigue siendo maravillosa, y Walter White quedará elevado por siempre al cielo de los grandes personajes del mundo mundial.

Y en cuanto a cine, pues poca cosa. Fuimos a ver, porque queríamos comprobar si estaba a la altura de la anterior y para huir de los fastos pueblerinos de la más grande efeméride que ha vivido esta ciudad en toda su historia, la última de Batman. Entretenida, sin más, sin efusiones de ningún tipo, sin nada que sobresalga (a no ser que nos fijemos en los trapecios de Bane, que qué lástima, cómo se estropean los cuerpos). Para pasar un rato entre fuegos de artificio.

Y hoy no me despido sin dejaros esto que he encontrado mientras buscaba la ilustración de hoy: puzzles para formar de obras de arte (India, he pensado que a tus chikitajus quizá les guste. Yo me he pasado un buen rato entretenida!)

 

Ampharou’s library: julio

Me salto junio, ea. Primero porque sí, porque hoy no os voy a contar nada distinto a ayer. Segundo, porque la ilustración del mes pasado en mi calendario Mucha era el Otoño de sus Cuatro estaciones, y, además que ya había utilizado esa ilustración en el blog, no me parecía de recibo ponerla cuando tenemos este verano recién estrenado y casi todavía echan humo las ascuas de San Juan.

Así que pasamos directamente a julio y os traigo las Cabezas bizantinas (la rubia, la morena podéis verla aquí), de nuevo unos paneles gemelos que cualquiera querría en la cabecera de su salón. De nuevo el gusto oriental, estas magníficas cabezas adornadas con profusión de unas joyas que se prolonga hasta el fondo y el marco de los medallones.

Este mes por fin os puedo contar algo de mis lecturas: conseguí terminar La vida y opinones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne, con traducción de Javier Marías, al que llegué gracias a la película de Michael Winterbottom y  no pocas tribulaciones: resulta que hace ya bastante tiempo enganché la película un día que zapeaba. La pesqué empezada, y lo que vi me pareció hilarante,así que no quise seguir viéndola para poder verla tranquilamente y entera. Pero empecé a buscar información del tal Tristram Shandy y me empeñé en leer el libro. El único problema es que el libro estaba descatalogado. Empecé a buscar en librerías de segunda mano, pero no encontraba ningún ejemplar en castellano (mi inglés no da ni para leer el título), y mucho menos la traducción de Marías, considerada de referencia. Compré la película, eso sí, pero la dejé aparcada y casi me olvidé. Hasta que un día, cotilleando en mi librería favorita, vi el lomo de un libro que me sonaba: allí estaba Tristram, guiñándome desde la estantería. Lo habían vuelto a editar, y se vino a casa conmigo. Habéis sido testigos de lo que me ha costado leerlo, pero aún así ha merecido la pena. Es un libro divertidísimo, que, desde luego, no se parece a nada que haya leído antes.

También me ha dado tiempo a leer El barón rampante, de Italo Calvino. Todavía sigo con la boca abierta con la poesía de esta fábula que me he bebido en cuatro días, y que no creo que tarde en releer, tal es como la he disfrutado. La historia de un niño que un día decide subirse a un árbol y no bajar nunca más. Ahí lo dejo, para los que no lo hayáis leído.

Y como terminé Tristram Shandy, vi la película: tan desternillante como el libro. Para adaptarlo, Winterbottom acude al recurso de hacer una película dentro de una película (y dentro de una película). Divertidísima.

Aprovechando que en verano no curro (presuntamente) por las tardes, además de tener más tiempo para leer, también lo tengo para ver películas; y a la de Shandy siguió El cielo protector, que también tengo yo delito de no haberla visto antes. Me gustó, pero por encima. Aparte de los paisajes, nada consiguió meterme en la película: diálogos fríos y como metidos a presión, personajes impostados. Eso sí, ha conseguido que ahora tenga unas ganas horrorosas de leerme el libro de Bowles.

Y en el apartado series, terminamos todas las temporadas que teníamos empezadas (Mad Men, The Killing, Juego de Tronos, Breaking Bad). Seguimos con la cuarta de esta última, de la que nos quedan tres capítulos y que va mejorando (sí, es posible) por momentos.

También empezamos a ver The Newsroom (la nueva de Sorkin), que promete muchísimo, y tenemos en parrilla de salida a Inside men, de la que solo tengo buenas referencias.

Seguiremos informando.

 

Ampharou’s library: mayo

Me salté el mes de abril, lo siento. Y casi el de mayo, al que ya le quedan pocas horas, pero aquí estoy, para contaros las pocas novedades de mi library.

Seguimos con Mucha. Ésta que corona el post es la ilustración que correspondía al mes de abril en mi calendario. No la puse en su día y me gusta más que la que aparece en mayo. Con ella seguimos con los paneles de series que elaboraba el artista, ya que esta obra, ‘Hiedra‘ es pareja a una llamada ‘Laurel‘ . Seguimos con los cuadros joya, con las recreaciones de caracteres clásicos, con la voluptuosidad de las formas y los adornos. Mujeres impresionantes en medallones de gusto heleno. ¿Quién no quisiera una pareja de éstas adornando su salón?

Poco tengo que contaros sobre mis lecturas. Sigo con el Tristram Shandy de Sterne. Lo estoy disfrutando muchísimo, pero, aunque ya estoy casi terminándolo, se me está haciendo eterno. Tener apenas veinte minutos al día para dedicárselos, siendo un libro de casi novecientas páginas, está haciendo que me dure lo que me está durando: una eternidad y media. Y estoy deseando acabármelo para poder hablaros de él, de mis cuitas con él, para ver la película y comentárosla también.

En cuanto a películas, en estos dos meses, poca cosa también. Enganchamos un día, mientras hacíamos zapping, Watchmen. No soy muy amante de los comics (salvo los Mortadelo de mi infancia), pero Beaumont insiste en que debería leerme la obra de Alan Moore. La película (bajo mi escaso interés por este género) me pareció un divertimento con mensaje (o moralina). Curiosa cuanto menos.

También, en otro zappeo, nos quedamos viendo Syriana. Cada vez me gusta más George Clooney, aunque salga gordo  y con barba. Me gusta el tipo de la imagen que da. Me gusta que se atreva con críticas como ésta, o como la fantástica ‘Los idus de marzo’, que ya hace meses que vimos.

Otra de las que vi en televisión (ya veis que el cine lo pisamos poco) fue Me enamore de una bruja: encantadora (en todos los sentidos) Kim Novak y su Pyewacket.

Y bueno, el no tener tiempo para lecturas ni para cine será por algo: series. Que no se puede estar en todo, oigas, y nosotros estamos en casi todas. Seguimos con la tercera de Breaking Bad, aunque la pobre la vemos cuando ya hemos agotado todos los capítulos de las demás, y eso que es maravillosa (cuando la hayamos terminado y la vea con perspectiva, comentaré más de ella). Seguimos con la quinta de Mad Men, cada día mejor. Seguimos con la segunda de Juego de Tronos, que cada día me gusta más (Lovely: ¿Drogo o Tyrion?). Seguimos con la segunda de The Killing, que a pesar de que avanza y avanza, no consigo verle el final a la trama.  Y vimos Black Mirror, por recomendación encarecida de Endora, aunque esto merece un punto y aparte.

Black Mirror es una miniserie británica de tres capítulos, cada uno de ellos autoconclusivo. El black mirror del título hace referencia a las pantallas, y de eso va, de cómo incide, o incidirá, en nosotros la tecnología. El planteamiento es brutal, sólo hay que ver los primeros diez minutos del primer capítulo, y las conclusiones que se sacan de cada uno de ellos, demoledoras. Absolutamente recomendable. Eso sí, no me hago cargo del mal rollito que se os quede a cada uno después de verla.

Seguiremos informando.

 

Ampharou’s library: marzo

Continuamos con el año Mucha. Marzo corresponde a las flores (ya os dije que el editor del almanaque debía tener los meses cambiados, el hombre), y aunque aquí os dejo el panel completo, en mi calendario sólo aparecen las rosas y las azucenas. También había comentado que Mucha trabajaba bastante este tipo de composiciones, mostrando los todos de cuatro en cuatro partes (las estaciones, las fases de la luna, las flores, las horas del día…), siempre con decoración y colores naturales, y líneas sensuales y vaporosas.

Navegando por estos mundos virtuales en busca de la ilustración que correspondía, he encontrado el dossier de prensa de la exposición que tuve la enorme suerte de ver hace ya cuatro años, en el CaixaForum de Madrid: Mucha, seducción, modernidad y utopía. Si tenéis curiosidad (y paciencia) y le echáis un vistazo, comprobaréis que el título de la exposición no podía encajar mejor en este artista, y así podréis conocer también la faceta de patriota que espero que el almanaque nos dé la oportunidad de conocer a través de su obra.

Y ahora es cuando me entra la vergüenza: al confesar que me he quedado atorada con el libro que me estoy leyendo y que lo llevo fatal. Y no es por él, es por mí, que entre que tengo poco tiempo, que el poco que tengo lo pierdo miserablemente, que el libro tiene un formato “tocho inmundo” y que se me ha partido un bolso y en el que me ha quedado (negro) no me cabe, el caso es que, aunque estaba deseando leerlo (cuando lo termine contaré mis cuitas con él) y es sumamente divertido, al final me voy a ver la película antes de acabarlo.

Y hablando de película. Que corría el año 1982 cuando yo veía de estreno, en el Teatro Andalucía de Cádiz, Blade Runner. Y me impactó, claro, que yo entonces era muy joven, la historia, la estética, la oscuridad, el agua cayendo continuamente… y Rutger Hauer. Y hace un par de sábados solamente, y más que nada por escuchar una frase, volvimos a verla.  Me encantó más todavía, y Roy me terminó de enamorar. Delito tengo yo de no haberla vuelto a ver en ¡treinta años!

Y en cuanto a series, que Vinti me pedía novedades el otro día, seguimos con Breaking Bad, royéndonos las uñas, eso sí, porque el domingo pasado se estrenó la nueva temporada de Mad Men (no sé lo que hacer con los dos capítulos que ya tenemos, si verlos ya o esperar a que termine la temporada y verla de tirón) y el próximo se estrena la segunda de Juego de Tronos. Como le decía el otro día a mi querido Lovely, ¡se me acumula la faena!

Ampharou’s library: febrero

Bien, vamos con febrero, que ya casi está terminando, aunque este año nos regala un día más. Febrero es el mes que comparten los acuarios y los piscis. Esto viene no porque yo sea interpretadora de signos zodiacales, sino porque en mi particular calendario, febrero corresponde al Zodíaco de nuestro Alphonse Mucha. Seguimos pues con su cartelería, que comenzó este moravo nacido en 1860 con el encargo de realizar un cartel publicitario sobre la obra de Teatro Gismonda de la actriz Sarah Bernhardt, que quedó encantada con el resultado, tanto que firmó un contrato en exclusividad con Mucha para que le realizara, además de la cartelería, los decorados, vestuario y hasta el diseño de las joyas.

En el Zodíaco apreciamos las características que hicieron de Mucha un referente del art decó: mujeres románticas y expresivas, melenas al viento, líneas sinuosas y decoración natural y recargada, así como las aureolas que enmarcan a los personajes pareciendo insertos en medallones.

Por fin conseguí terminarme La montaña mágica. Un triunfo me ha costado, y no porque no me enganchase desde el principio, pero una obra de casi mil páginas apabulla cada vez que la tomas entre las manos, sobre todo si es de la profundidad y seriedad de ésta. Recomiendo leerla, eso sí, con tiempo y con calma para disfrutarla, para comprender que el Berghof no es sólo el Berghof. Una novela de tiempo y de un tiempo. Hans Castorp tiene mucho que decir, aún hoy.

En cuanto a series, nos terminamos la segunda temporada de Boardwalk Empire (memorable) y empezamos y terminamos la primera de Breaking Bad. Los que ya la habéis visto, sabéis de lo que hablo, y los que no, ya estáis tardando en buscarla: muy grande, enorme, agradecida de que todavía me quedan, al menos, tres temporadas por delante para disfrutarla.

Películas: abofeteadme si queréis, pero este mismo viernes vi, por primera vez entera, Doctor Zhivago. Que ya me vale, sobre todo para una fan acérrima y enamorada absoluta de Omar Sharif (atención, descubrí que en esta peli le taparon ese huequito que tiene entre las paletas que.. en fin, que sale con una dentadura perfecta pero… pues eso). Son tantérrimas las películas que me quedan por ver… y tan poco el tiempo!

También vimos Midnight in Paris. Divertida, mucho, muy original, muy sorprendente. Y la primera sorpresa, por supuesto, Owen Wilson. Acostumbrada a verlo en comedietas tipo Zoolander poniendo morritos, la verdad es que verlo en la de Allen es una gozada. Igual que ver a Adrien Brody en el papelín que tiene encomendado… y los rinocerontes!

Para el mes que viene, más.

Nadav Kander

En el palacio de la Diputación Provincial de Cádiz se expone en estos días (y hasta el seis de noviembre) una muestra fotográfica de Nadav Kander. Una muestra que en realidad son tres: Obama’s people, Portraits e Inner condition. He de confesar que, totalmente desconocedora de este artista y, por ende, de su obra, lo que me convenció de acercarme a ver la exposición fue el cartel que, en la fachada del palacio, la anunciaba: una fotografía dos por dos de Brad Pitt, caracterizado como su Aldo Raine, Aldo “el Apache”, de Malditos Bastardos, con ese mentón prominente digno de un Vito Corleone cualquiera.

Como digo, la exposición recoge tres muestras de la obra de Kander, todas fotografías de gran formato. En el lado derecho del claustro del palacio, Obama’s people: los que dirigen el mundo (el subtítulo es mío). Está bien conocerlos, por si tuviéramos que acordarnos de sus familias. Curiosas fotografías, en las antípodas de las ‘fotos oficiales’. Un fondo blanco y desnudo y estos personajes tan importantes que se atreven a posar con un sombrero tejano, una gorra de béisbol o una pelota de baloncesto entre sus manos. Caras corrientes y comunes, sin una mijita de photoshop que les atenúe las arrugas o esas cejas de papanoel.

Al finalizar esta parte, ya en el ala izquierda del claustro, Portraits: el Brad Pitt que me enamoró desde la fachada (y no sólo a mí. Mientras la miraba y decidía qué día iría a ver la exposición, fueron varias las féminas que se quedaron prendadas y que debieron pensar, como yo, cómo de fácil sería descolgar ese cartel), Benicio del Toro (que también sé que por aquí pasan algunas de sus enamoradas), Robbie William… rostros conocidos, también desprovistos del benévolo photoshop (acercaos al de Christopher Lee: es simplemente maravilloso, y podréis contarle los pelos que tienen en la nariz). Algunos rostros también desnudos sobre un fondo blanco, otros, con efectos: probad a mirar los que están sobre fondo negro con los ojos entornados… pero no os perdáis, que todavía tenéis que llegar al final de esta parte y encontraros con el extraordinario retrato de sir Ian McKellen. Miradlo, miradlo bien y disfrutadlo: yo no puedo decir más.

Embelesados todavía que estaréis, preparaos para más. Entrad ahora en el salón central. Allí se expone Inner condition. La luz se atenúa y la música ambiente cambia. Desde las paredes, desnudos a camino entre Gustave Courbet y Lucian Freud. Una maravillosa Lilith oculta el rostro. Cuerpos en un blanco tan puro como el de los ratones albinos que los acompañan. Cuerpos envueltos en ceniza, en aceite, dorados y negros… inquietantes.

Recordad: sólo tenéis hasta el seis de noviembre. No dejéis tampoco de pinchar en los enlaces. No os hará falta nada más para convenceros.

 

La foto de la cabecera, de la página de la Diputación Provincial.

 

Ampharou’s library

No pensaba actualizar la biblioteca durante las vacaciones, porque no soy mucho de leer durante ellas. Leo, bastante, aunque no todo lo que quisiera, durante el resto del año, pero al contrario de mucha gente, que es justo durante sus vacaciones cuando aprovecha para leer algún libro, yo suelo hacer justo lo contrario. Además, tenía entre manos un libro que no me estaba enganchando demasiado, pero, oyes, estas cosas que no planeas, que lo coges en un ratillo tonto y te lías y te lías… que al final me lo he tragado entre dos tardes, tardes-noche-madrugada más bien, porque de ese no-enganche inicial pasé al “un capítulo más y lo dejo” que me ha tenido dos días hasta las tres de la madrugada (qué gusto da poder hacer eso sin mirar de reojo al despertador encima de la mesilla).

En fin, que el libro en cuestión, que me recomendó Beaumont fervientemente y que me ha producido un agravamiento de la escoliosis a base de paseos infructuosos antes de las vacaciones, es Cualquier otro día, de Dennis Lehane. No, a mí tampoco me sonaba ese nombre, pero que sea el escritor de otro libro llamado Mystic River y guionista de algunos capítulos de The Wire, para mí ya tiene suficiente peso. Después de terminar Cualquier otro día, tiene mucho más.

Y ya que me he acercado al blog para recomendaros este libro, sigo con las recomendaciones habituales. Nos terminamos la cuarta temporada de Mad Men (¡maldición!), y ahora tendremos que esperar pacientemente a que se emita la quinta (¡más maldición!) para despejar todas las dudas que nos acumularon los últimos capítulos vistos. Se van a hacer larguísimas tantas esperas, así que conseguí convencer a Beaumont (¡por fin, después de nosecuántos años!) de que Carnivàle también es una serie que merece mucho la pena ver. ¡Que es de HBO, homme! ¡Que sólo son dos temporadas! ¡Que de verdad no da miedo, sólo un poco de sustico! En fin, que en medio de la primera temporada nos hayamos, yo, disfrutándola de nuevo y envidiosa de él que la mira con ojos nuevos.

En cuanto a cine, cine en casa quiero decir, no estamos precisamente en la semana de la comedia romántica de Elcortinglé, no. En la última semana nos hemos visto Reservoir dogs de Tarantino, y Promesas del este y Una historia de violencia de David Cronenberg (sí, a la espera de que se estrene A dangerous method. Sí, también con Viggo Mortensen. Sí, juro que es casualidad). En fin, que ahora ya sabemos cómo podríamos matar a un hombre usando sólo el meñique y sin tener que levantar la vista del periódico. Son grandes películas, pero desde luego no son para estómagos sensibles.

Seguiremos informando.

Ampharou’s library

Ea, pues vamos al lío que para mañana es tarde. Me ha coincidido que he terminado de ver una serie a la par que un libro (bueno, no en el mismo momento, claro. Aunque cuando veo una serie también leo) y me ha parecido buen momento para colgar nueva entrega de la Library, antes de que llegue el parón de las vacaciones y me entregue a una vida de sufrimiento y dolor.

Desde la última entrada de biblioteca han caído tres libros, dos que esperaba como agua de mayo y otro de propina.

Uno de los esperados era Solar, de Ian McEwan. Desde hace más de un año que supe que iba a publicar de nuevo, me he estado comiendo las uñas. Todo el tiempo que ha tardado en salir la edición en castellano, porque a mí, de la lengua de Shakespeare, me da a lo justo para entender el “on-off” de la lavadora… y aún así es más por intuición que por conocimiento. En fin, que volvamos a lo que nos atañe: Solar. McEwan. Y yo de nuevo con la boca abierta. Que sí, que lo sé, que soy muy pesadita, pero yo de mayor quiero escribir como este señor. Y dibujar un personaje con palabras tal como lo hace él, y encima hacerlo tan sumamente hostiable. E imaginármelo en situaciones tales, y que al final te dé lo mismo que estén hablando de energías renovables o de las cruzadas (Ned, Lolo, ya sé lo que es un MacGuffin), lo que quieres es que te cuenten una historia y que te la cuenten así.

El segundo libro llegó de la mano de Belén Gopegui, Acceso no autorizado. A ella la esperaba desde que me terminé su último libro. Está bien que te tengan acostumbrado a cierta rutina, y ya sabes que cada dos años hay libro de Gopegui. Y yo también quiero escribir como ella cuando sea mayor, así que esa espera se hace un poco larga. Lo que pasa es que esta vez sí que me ha decepcionado un poco. Magníficamente escrita, eso sí, pero quizá el tema, que podéis medio adivinar por el título, y del que no tengo ni pajolera idea, me sobrepasaba un poquito y no llegué a cogerle el punto a la historia. Volveremos a esperar un par de años de nuevo.

El tercero, la propina, libro del que supe por un artículo de un periódico y que no tardé en encargar. Todos los casos de Sam Spade, de Dashiell Hammet, que empieza con El halcón maltés (que releí con sumo gusto) y algunos cuentos cortos. Me recordaron estos cuentos a aquellos “Hitchcock presenta…”, que conservaban la genialidad del maestro en dosis más cortas. Simplemente delicioso.

Cine poquito. Lorah, la niña de mis ojos me arrastró a ver la segunda parte de Harry Potter y las reliquias de la muerte, en 3D, y la verdad es que disfruté como una enana, previo maratón de las anteriores para ponerme en antecedentes (ahora tengo rebujadas las seis anteriores, pero bueno).

Así que a lo que más nos dedicamos es a ver series. O a metérnoslas en vena, casi. Terminamos Juego de Tronos y The Killing, y ahora, junto con Sherlock, son tres las series que esperamos con anhelo. Mientras tanto, dimos buena cuenta de la segunda temporada de Luther (tan grande como la primera) y seguimos poniéndonos al día con Mad Men (ya estamos con la cuarta temporada. Me va a dar mucho coraje cuando acabemos). Me pegué una enorme paliza de Dexter, que había dejado en la segunda temporada y conseguí terminarme las tres que me quedaban en una semana más o menos. Eso sí, ésta tuve que verla sola, que el aprensivo Ned no estaba por la labor. Y bueno, todas estas más o menos ya os las tenía recomendadas. Ahora quiero hacerlo, fervientemente (me ha gustado tanto que ya tengo el libro encargado y deseándo ponerme con él) con The Crimson petal and the white. En castellano, al menos el libro, ha sido traducido como Pétalo carmesí, flor blanca, pero me gusta más el título original. Serie de la BBC (sigue siendo síntoma de calidad), de solo cuatro capítulos (eso sí, de horita cada uno), visualmente impactante, está ambientada en el Londres victoriano. Serie para darle su tiempo, ruda, cruda y ambiciosa.

Seguiremos informando.

Ampharou’s library

El virus y el tiempo que me mantuvo alejada del blog como excusa y mi proverbial pereza como único motivo han hecho que se pierda entre unos y ceros la costumbre de castigaros cada mes con un cuadro y algunos libros. Y empezar, a estas alturas, a escribir poniéndole a los cuadros de Hopper (que era el que nos tocaba este año, que para eso suyo es el calendario que me regaló Beaumont a principio de año) nombres de meses no me parece de recibo. Pero me queda el gusanillo de contaros los libros que me voy leyendo, y de daros pistas sobre las series o las películas que veo, así que comienza una nueva sección de la que nadie sabe cuánto durará ni cómo discurrirá.

En fin, vamos al lío. Desde el último libro que os comenté han caído unos cuantos. No tantos como hubiese querido, que la pereza también se ha dejado notar en esto. Eso, y que he estado una chispa más liada que de costumbre.

Empecemos por La maldición de los Dain, de Dashiell Hammett. Curioso libro que creí terminar al menos tres veces, porque cuando la trama parecía estar resuelta, Hammett daba una vueltecilla a su tuerca y el asunto volvía a enredarse. Novela negra de la grande, de la que, como ya he dicho en alguna otra ocasión, me gusta, de esa época en que hasta los buenos eran un poco canallas y los malos tenían honor.

Después de Hammett, don Enrique Jardiel Poncela: La tournée de Dios, una novela casi divina, una preciosísima edición de Blackie Books (precioso regalo de cumple). Más que ácida, cáustica, tenía que estar recordándome a cada momento que esta novela fue escrita en 1932 y no hace dos días. Poncela utiliza la excusa de una más que improbable visita de Dios a la tierra para poner de relieve, con gran humor, la condición humana. Todo lo peor de ella, quiero decir.

A Poncela le siguió Vargas Llosa y su última novela, El sueño del celta (esta vez, regalo de Reyes). Dura durísima novela, está inspirada en la vida de Roger Casement, diplomático británico al que sus vivencias y sus denuncias sobre las atrocidades cometidas por los colonos contra la población del Congo y Nigeria primero, y de la Amazonia después, lo convirtieron a él mismo en antiimperialista, involucrándose en la lucha para liberar a Irlanda de Gran Bretaña, por lo que fue condenado y ejecutado.

Luego llegó el turno de La Gaviota, de Sándor Márai. Una novela de Marái nunca es lo que parece, o lo que esperas de ella. Siempre es mucho más. Y eso que ésta no es de mis preferidas, pero como las que he leído antes de este autor, dejan un regusto acre en la boca, una sensación de tristeza y fatalidad inevitables.

Y hasta aquí los libros que recomiendo. Después de ellos, leí uno y estoy ahora enredada con otro que quería leer por pura curiosidad. E igual la curiosidad mató al gato, a mí me ha alejado de otras lecturas mucho más apetecibles por la cabezonería de terminar algo que realmente no me está interesando nada. Como no os los voy a recomendar, no hace falta que os diga los nombres. Lo que sí diré es que su lectura haría sonrojar al mismísimo Góngora. Sólo espero terminármelo pronto para echarme en los brazos de mi queridísimo McEwan.

Vayamos ahora con las series. Tenemos descolorido a Luther y Sherlock habla muchísimo más lento de las veces que las hemos visto esperando desesperados las segundas temporadas de ambos. Para descanso de los dos, descubrimos Juego de Tronos. ¡¡Ah!!Lo único malo que tiene es que la temporada aún no está completa y las dosis de capítulo por semana son demasiado escasas. Menos mal que descubrimos también The Killing, otra grandísima serie. Lo que pasa es que tiene exactamente el mismo defecto, y en una semana me da lo justo para que me crezcan un poco las uñas para volvérmelas a morder. Peeeeeeeero… menos mal que también descubrimos Mad Men. Bueno, en realidad, de Mad men lo que descubrimos es un lugar donde la VOS existe. Don Drapper y Joan Holloway son lo único que nos ayudan a calmar nuestros respectivos síndromes de abstinencia. Así es, llevamos tres series a retortero, tres series bien distintas que están haciendo las delicias de estas semanas que llevamos viéndolas.

Cine poco. Nada más bien en salas. Vamos viendo en casa, y no sé cuántas han caído desde la última vez que os conté alguna, pero seguro que la más destacable es la que hemos disfrutado este mismo fin de semana: Valor de ley, de los hermanos Coen. ¿Habré visto alguna película de ellos que no me haya gustado? Creo que no. Ésta, desde luego, es una película enorme con un enormísimo Jeff Bridges. Tampoco dejéis de ver, si podéis, Black Swan. Pero la que no debéis perderos, bajo ningún concepto, si queréis entender algo de la tan cacareada crisis, si queréis saber en manos de quién estamos, si todavía no estáis lo suficientemente indignados, es Inside Job.

Esto es todo por ahora. Prometo que habrá más. Pronto.

Actualización:

¡No me lo puedo creer! ¡¡Oseas!! ¡Que me haya olvidado de él! Definitivamente, debo estar haciéndome mayor… porque me he dejado atrás A sangre fría, de Truman Capote,  novela de no ficción que me mantuvo en vilo los tres días que tardé en leérmela, simplemente porque no podía cerrar el libro y dejar de saber qué sucedería a continuación, a pesar de que todos los elementos de la trama están presentes desde el principio. Sabes de lo que hablo, verdad, India?