
He estado estos días repasando el blog (o lo que queda de él) para ver qué había quedado y también un poco por nostalgia, así que me he encontrado con aquellos Ampharou’s library que mantuve unos cuantos años. Para los que no sepáis qué era, o no os acordéis, era un post que escribía (más o menos. En las últimas épocas más menos que más) mensualmente. Aprovechaba el almanaque que todos los años compramos en la Ca’Ampharou real, cada año de un pintor distinto, os enseñaba el cuadro que tocaba cada mes y aprovechaba para contaros los libros que había leído y las películas y series que había visto durante ese tiempo.
Así que los he estado repasando y me ha dado penilla. Más que nada porque este año tengo un almanaque divino, que nos trajimos mi él y yo de la National Gallery cuando estuvimos el año pasado en Londres y sería una lástima que quedara para nosotros solos. Así que he decidido retomar la serie (tarde, que ya me he saltado enero) y aquí tenéis la primera entrega.
Febrero se corresponde con La Venus del espejo, de Diego Velázquez. Si os digo la verdad, conocía la obra pero no había reparado mucho en ella… hasta que la he tenido delante. Es de agradecer que los señores de la National hayan tenido el buen gusto de repartir bancos o sillones Chester por sus salas, y que uno de ellos haya caído casi enfrente de esta obra. Te sientas delante y el tiempo no pasa. O sí que pasa, mientras intentas descifrar qué quiere decirte el rostro que se esconde en el espejo, que es el centro físico y vital de la obra, allí donde se dirige la mirada, más allá del quiebro delicado de la cintura de la Venus, más allá de la pose juguetona del Cupido (¿sujeta el espejo o está atado a él?).
En cuanto a lectura… bueno, pues estoy un poco vaga, todo hay que decirlo. Sigo con Solenoide, de Mircea Cӑrtӑrescu, desde (vergüenza suprema) Reyes del año pasado. Lo voy leyendo a ratos, es bastante denso y muchas de las imágenes que describe son complicadas de digerir.
El que sí me terminé fue Máquinas como yo, de Ian McEwan. Mi querido Ian nunca defrauda (bueno, sí, alguna vez me ha dejado picueta y con la cara torcida), siempre poniendo a los personajes y al lector en la situación más incómoda imaginable.
Y ahora dedico mi tiempo de desayuno a El año del pensamiento mágico, de Joan Didion, con unas maravillosas ilustraciones de Paula Bonet. Un libro durísimo y tremendamente triste. Ya os hablaré más de él cuando lo termine.
En cuanto a lo visto, la tercera temporada de The Crown, que supera con creces las dos primeras (Olivia Corman está divina), la tercera de La maravillosa señora Maisel, un poquito más floja que las dos primeras, pero descacharrante también. Vimos Drácula: atención aquí. Son tres capítulos de hora y media cada uno. Los dos primeros son estupendos, Drácula y Van Helsing se comen el uno al otro en la pantalla… pero ¡ay, madre mía el tercero! Os lo podéis ahorrar, directamente. Quedaos con el buen gusto de los dos primeros y decid que habéis visto una buena serie.
También intenté ver The Witcher. Mira que sale Henry Cavill y mira que está rico. Mira que incluso me tragué su infumable Superman y el horror aquél donde Ben Affleck hace de Batman. Mira que vi dos capítulos, pero de ahí no pude pasar, así que hasta aquí llega mi crónica de El brujero.
Otra con la que tampoco pude fue Carnival Row. Cara Delevigne poniendo morritos de hada todo el rato me producía sarpullidos.
Y otra con la que me tenía que haber quedado con las ganas fue Years and years, pero me produjo curiosidad, y ya sabéis que la curiosidad mató al gato.
Ahora dedicamos nuestro tiempo libre a The new Pope, continuación de The Young Pope de Sorrentino. No solo no desmerece la primera parte, sino que John Malkovich añade un plus a lo que ya era muy bueno. Y Voiello, ese Voiello…
Me está quedando un poco largo el post, pero no quiero terminar sin contaros las veces que hemos ido al cine. La mayoría de ellas han sido para ver documentales de arte (¡bendita costumbre que están cogiendo los cines de diversificar la oferta!). Así, hemos disfrutado de Rembrandt, Van Gogh, Tintoretto, El Prado enterito, Las Meninas en particular. Os los recomiendo totalmente. Eso sí, debéis estar atento, normalmente sólo las pasan un par de veces, lunes y martes.
También vimos 1917 (y el Joker, pero de esa hace más rato). La de Sam Mendes, una película estupenda, que me mantuvo en vilo y acongojada toda la proyección. Vedla, pero vedla en el cine, merece la pena.
Y hasta aquí llegamos con febrero. Seguro que me dejo algo, intentaré hacer memoria. Para el mes que viene, más.