Arena.

Tengo una noche de verano prometida, cuando ya no sea el tiempo de los aeropuertos, en la que bajar contigo a la playa y, quitándome las sandalias, hundir mis pies en la arena mojada mientras te beso y te beso.

En esa noche de luna prometida, en la que ya no será el tiempo de las estaciones, descorcharemos una botella por todo lo que nos queda por vivir.

Cuando llegue esa noche prometida y ya no sea el tiempo de las despedidas, sacudiré la arena de mis pies de camino a casa, mientras vamos encendiendo todas las velas que nos encontremos por el camino, en alabanza a nosotros mismos.

Pero todavía es el tiempo de los aviones y los trenes, de las lágrimas y los reencuentros. Todavía no es verano ni hay luna. Y la arena que siento pegada a mis piernas pesa, al menos, mil kilómetros.

Permítame.

Permítame, señor, que me acerque a usted de puntas de pies descalzos, sin más atuendo que un halo de perfume a mi alrededor.

Permítame, señor, que no dé un solo paso en falso.

Permítame, señor, que me acurruque en su regazo, interrumpiendo su lectura o su fingida atención al televisor.

Permítame de nuevo, señor, que le cuente mil secretos al oído, que le pinte de cosquillas los labios, que dibuje su mirada del color de la mía.

Permítame, señor, que me apriete contra su pecho, que haga de su calor el mío, que respire todo el aire en su cuello. Permítame, señor, que sus manos busquen, que mis manos encuentren.

Permítame, señor, que hoy lo lleve a la gloria. Una gloria para dos.

La imagen, de Christian Vogt. 

Permítame.

Permítame, señor, que me acerque a usted de puntas de pies descalzos, sin más atuendo que un halo de perfume a mi alrededor.

Permítame, señor, que no dé un solo paso en falso.

Permítame, señor, que me acurruque en su regazo, interrumpiendo su lectura o su fingida atención al televisor.

Permítame de nuevo, señor, que le cuente mil secretos al oído, que le pinte de cosquillas los labios, que dibuje su mirada del color de la mía.

Permítame, señor, que me apriete contra su pecho, que haga de su calor el mío, que respire todo el aire en su cuello. Permítame, señor, que sus manos busquen, que mis manos encuentren.

Permítame, señor, que hoy lo lleve a la gloria. Una gloria para dos.

La imagen, de Christian Vogt. 

Diez días.

Los días en que no estás aquí se me queda la caricia en suspenso y boqueo buscando tu boca.

Los días en que no estás aquí soy como pez fuera del agua, sin tu cuello en el que respiro, con los ojos cerrados, mientras me abrazas.

Los días en que no estás aquí río por reír, pero sigo amando por amor.

Los días en que no estás aquí mi cama, la tuya, está fría, demasiado ancha, demasiado vacía, con solo un cuerpo que busca y busca.

Los días en que no estás aquí me pierdo por las aceras porque no me llevas del talle, y los semáforos dejan de ser la excusa perfecta para un beso.

Los días en que no estás aquí me envuelvo en celofán. Esperándote.

Diez días.

Los días en que no estás aquí se me queda la caricia en suspenso y boqueo buscando tu boca.

Los días en que no estás aquí soy como pez fuera del agua, sin tu cuello en el que respiro, con los ojos cerrados, mientras me abrazas.

Los días en que no estás aquí río por reír, pero sigo amando por amor.

Los días en que no estás aquí mi cama, la tuya, está fría, demasiado ancha, demasiado vacía, con solo un cuerpo que busca y busca.

Los días en que no estás aquí me pierdo por las aceras porque no me llevas del talle, y los semáforos dejan de ser la excusa perfecta para un beso.

Los días en que no estás aquí me envuelvo en celofán. Esperándote.

Cumpleaños.

Hoy es mi cumpleaños. No ha habido tarta, ni velas, ni fiesta. Y sin embargo, ha sido de los mejores cumpleaños que recuerdo. Porque he tenido un beso, aunque fuera por teléfono, al despertar. Porque han sido muchas las llamadas, muchos los correos, muchos los mensajes. Porque estabais todos ahí para hacerlo más feliz.

Gracias a los que os habéis acordado. Gracias a los que os habéis enterado y habéis dedicado vuestro tiempo a felicitarme. Gracias a todos. Y gracias, muchas gracias a ti.

Cumpleaños.

Hoy es mi cumpleaños. No ha habido tarta, ni velas, ni fiesta. Y sin embargo, ha sido de los mejores cumpleaños que recuerdo. Porque he tenido un beso, aunque fuera por teléfono, al despertar. Porque han sido muchas las llamadas, muchos los correos, muchos los mensajes. Porque estabais todos ahí para hacerlo más feliz.

Gracias a los que os habéis acordado. Gracias a los que os habéis enterado y habéis dedicado vuestro tiempo a felicitarme. Gracias a todos. Y gracias, muchas gracias a ti.

Hermosa.

Lo hermosa que soy cuando la mirada de mi reflejo en el espejo se cruza con tu mirada y mis ojos brillan como sólo lo hacen cuando me miras.

Lo hermosa que soy cuando me haces reír y las lágrimas me bañan la cara y sigues haciéndome cosquillas y no paras aunque te lo pida y en realidad deseo que sigas.

Lo hermosa que soy cuando mi pecho anida en el molde perfecto de tus manos.

Lo hermosa que soy cuando mi piel es de cera y talco, piel de armiño, ante el breve roce de tus dedos.

Lo hermosa que soy cuando entreveo mi vientre plano, coronado con un ombligo ávido de tu lengua ávida de mi deseo, enmarcado por los huesos de mi cadera que se yergue mientras buceas entre mis piernas, columnas quebradas de mármol torneado.

La imagen, Mujer Corazón, de Luis Sanus.