Abril.

Y como hoy ya ha empezado a hacer calor, pero calorcito del bueno (¡por fin!), pues toca el post de abril, que la ilustración lo merece.

La obra de Schiele que corresponde a este mes en mi calendario es Desnudo con medias verdes, dibujado en 1918, y que es parte de esos dibujos eróticos que, como ya comenté, le sirvieron como medio de vida gracias a la demanda que encontraron en la Viena de la Primera Guerra Mundial.

El dibujo, de factura magistral, muestra su estilo inconfundible, la desnudez de forma casi obscena, en posturas excesivas y con un fondo vacío, con apenas un toque de color, eso sí, vibrante, sin nada que desvíe la atención del espectador.

Durante abril he terminado dos libros (llevo un tercero entre manos, pero no creo que me dé tiempo a acabarlo en estos poco días que restan del mes, así que os hablaré de él el mes que viene). Para empezar, La espuma de los días, de Boris Vian, descubrimiento y regalo de mi queridísima Endora (el libro también da nombre a su blog), una preciosísima historia que mezcla lo absurdo, lo tristísimo, lo divertido y lo tierno en una delirante prosa que ya estáis tardando en leer si no lo habéis hecho ya. Y si lo habéis hecho, también, porque os aseguro que es uno de esos libros a los que hay que volver cada cierto (y no demasiado largo) tiempo.

El segundo libro, Humo, de Felipe Benítez Reyes. He de confesar que no estaba en mis planes leer nada de este autor, ni siquiera por el hecho de que sea paisano. Y que tenía bastantes libros pendientes (todavía lo están), pero me lo dejaron y tengo la manía de querer devolver tan pronto como sea posible las cosas que me prestan, así que me lo leí rápidamente. Y la verdad es que no me costó nada hacerlo, y además me sorprendió muy gratamente.

En mayo, más.

Phalaenopsis.

India ya está reclamando su post mensual, y yo tenía previsto para hoy otro (sí, anoche no me podía dormir, y cuando no duermo, pienso, igual que cuando friego), pero ha sido llegar esta mañana a la oficina y encontrarme en el correo las fotos que una compañera, Rosa, les había hecho a mis orquídeas recién florecidas. Y menos mal que lo ha hecho ella, porque quería enseñároslas, pero no tengo modo de sacar después las fotos que hago con el móvil (ya sabéis, Terminatrix, que traducido al castellano significa puto desastre).

Así que como a Rosa les han salido preciosas, aquí os las dejo y así presumo un poco.

Un trocito de primavera.

Terminatrix.

Sí. Esa soy yo. Eso sí, sin querer, no vayáis a pensar. Pero es que últimamente parece que no hay cosa que toque que no muera directamente en mis manos. Cosas con enchufe, digo. Las demás (no asustaros) todavía sobreviven.

Como ya os conté, Beaumont consiguió revivirme el pc, me cedió su portátil y nos buscamos una conexión inalámbrica. Yo me peleé, me peleé y me peleé con ella, y al final conseguí instalarla. Eso sí, dejé tanto al portátil como al pecé sin sonido. No me preguntéis cómo, si lo supiera no lo habría hecho. Así que ahora tenía a mi disposición tres ordenadores (cuento el de la ofi, al fin y al cabo, paso allí bastante tiempo) y ninguno de ellos me decía nada. Y vosotros venga colgar vídeos, jodíos.

No tuve más remedio que, pacientemente, esperar el segundo advenimiento de mi salvador, aka Beaumont, que se produjo esta semana santa. Tanto trabajo tuvo con los dos ordenadores que no pudo ir a ver ni una triste procesión, pobrecillo. Pero consiguió dejarme el pecé niquelao, tan perfecto que de fondo de pantalla me buscó y me puso esto (¿No es para comérselo? Sí, a Beaumont también, por el detalle). El portátil, sin embargo, ha decidido, después del recogimiento espiritual, seguir con su voto de silencio, así que he pensado que mientras navego le voy a ir cantando bajito y por peteneras, a ver si se anima.

Una vez arreglado, o casi, el sistema informático de casa, intentó poner remedio al sufrimiento que es tener el ordenador de la oficina también en silencio y tener que padecer en mis carnes (en la de los oídos) que lo único que pueda escuchar allí sea la infumable KissFM. Para ello me pasó el mp3 que ya no utilizaba desde que los reyes majos le trajeron uno muy chulo. Yo, en agradecimiento, me lo cargué en poco más de veinticuatro horas. Sí, como lo leéis: llenito de música que me lo pasó y no sólo me la he cargado toda, sino que además el cacharrito no va ni pa’lante ni pa’tras. Vamos, totalmente bloqueado, lo mismo que me hace con los ordenadores cuando lo enchufo para intentar bucearle por las tripas.

Ayer me llamó mi madre para decirme que su ordenador no se encendía. Os juro que yo no he tenido nada que ver.

Ya me lo ha dado!!

Para empezar, muchas gracias a todos los compinches ¡¡sois unos gamberrísimos todos!! ¡Cómo me habéis tenido engañada!!

A las facedoras, muchas gracias, os ha quedado precioso, además ya sé quién puede guardar un secreto perfectamente.

Y sobre todo, muchas gracias al guapísimo por el regalo, por el gato, por este nuevo blog… y más que nada, por dos años como éstos, en los que he sido, en los que estoy siendo tan feliz.