
Sí. Esa soy yo. Eso sí, sin querer, no vayáis a pensar. Pero es que últimamente parece que no hay cosa que toque que no muera directamente en mis manos. Cosas con enchufe, digo. Las demás (no asustaros) todavía sobreviven.
Como ya os conté, Beaumont consiguió revivirme el pc, me cedió su portátil y nos buscamos una conexión inalámbrica. Yo me peleé, me peleé y me peleé con ella, y al final conseguí instalarla. Eso sí, dejé tanto al portátil como al pecé sin sonido. No me preguntéis cómo, si lo supiera no lo habría hecho. Así que ahora tenía a mi disposición tres ordenadores (cuento el de la ofi, al fin y al cabo, paso allí bastante tiempo) y ninguno de ellos me decía nada. Y vosotros venga colgar vídeos, jodíos.
No tuve más remedio que, pacientemente, esperar el segundo advenimiento de mi salvador, aka Beaumont, que se produjo esta semana santa. Tanto trabajo tuvo con los dos ordenadores que no pudo ir a ver ni una triste procesión, pobrecillo. Pero consiguió dejarme el pecé niquelao, tan perfecto que de fondo de pantalla me buscó y me puso esto (¿No es para comérselo? Sí, a Beaumont también, por el detalle). El portátil, sin embargo, ha decidido, después del recogimiento espiritual, seguir con su voto de silencio, así que he pensado que mientras navego le voy a ir cantando bajito y por peteneras, a ver si se anima.
Una vez arreglado, o casi, el sistema informático de casa, intentó poner remedio al sufrimiento que es tener el ordenador de la oficina también en silencio y tener que padecer en mis carnes (en la de los oídos) que lo único que pueda escuchar allí sea la infumable KissFM. Para ello me pasó el mp3 que ya no utilizaba desde que los reyes majos le trajeron uno muy chulo. Yo, en agradecimiento, me lo cargué en poco más de veinticuatro horas. Sí, como lo leéis: llenito de música que me lo pasó y no sólo me la he cargado toda, sino que además el cacharrito no va ni pa’lante ni pa’tras. Vamos, totalmente bloqueado, lo mismo que me hace con los ordenadores cuando lo enchufo para intentar bucearle por las tripas.
Ayer me llamó mi madre para decirme que su ordenador no se encendía. Os juro que yo no he tenido nada que ver.