El año Modigliani llega a su fin, y tras saltarme noviembre, lo despedimos con este Retrato de J. Borowski. Poco más puedo decir del pintor, salvo que me ha encantado traeros un trocito de su obra cada mes, que hacerlo me ha ayudado a saber más de él y que espero que vosotros hayáis disfrutado de su obra y de su vida tanto como yo.
En cuanto a las lecturas de estos dos meses, la verdad es que he estado un poco vaga. Noviembre lo ocupé casi por completo con La inmortalidad, de Milan Kundera. Maravilloso libro que me ha hecho reencontrarme con el autor checo al que abandoné hace mucho tras leer La insoportable levedad del ser. La inmortalidad son muchas historias dentro de una historia, una “novela que no se puede contar”, según las palabras del autor en el propio libro, pero que a mí me tuvo enganchada y extasiada durante casi un mes.
Diciembre fue el mes Vian. Boris Vian, para ser exactos. Obsesiva compulsiva que soy, desde que Endora me descubrió a este autor regalándome La espuma de los días (no pongo ningún adjetivo porque cualquiera que quiera decir lo increíble que es esta novela se queda corto. A Endora ya le eché en cara estas navidades su culpabilidad en mi obsesión por Vian), voy devorando su obra poco a poco. O mucho a mucho, que este mes han caído tres: Escupiré sobre vuestra tumba, Otoño en Pekín y Que se mueran los feos.
Tiene Vian dos vertientes en cuanto a escritor (en realidad tenía muchas más: fue ingeniero, trompetista, cantante, inventor, traductor, locutor, escenógrafo… un alma inquieta, sin duda). Las novelas que firmaba con su nombre, novelas irreales que se desarrollan en un mundo extraño en el que lo mismo un perro habla francés que el sol brilla en rayas concéntricas que alternan luz y oscuridad; y las novelas que firmaba con pseudónimo (y que normalmente prologaba con su nombre real), parodias de novela negra con un sentido del humor del mismo color que arranca no pocas carcajadas.
Otoño en Pekín pertenecería a la primera vertiente. Extraña, onírica, imposible. Tan imposible que no tiene nada que ver ni con el otoño ni con Pekín. Absolutamente encantadora.
Escupiré sobre vuestra tumba y Que se mueran los feos (¡qué títulos, dior mío! ¡Sólo por ellos ya hay que leerlas!) pertenecerían a la segunda. Bestias, muy bestias, sobre todo Escupiré… Vian no se anda con tonterías en ellas y pone en jaque modelos de sociedad falsamente puritanas, totalmente hipócritas y absolutamente superficiales.
De cine he tenido poco, y entre lo poco que he visto, destaca por méritos más que propios La red social. Además, tuvimos la suerte de que, aprovechando un fin de semana con boda incluida en Sevilla, pudimos verla en una sala de versión original (¡cuánto lo echo de menos en Cádiz!). Aparte de ella, el maratón de Harry Potter al que me sometieron en casa a fin de que me enterara de algo en la sexta entrega.
Y de series, cuentagotas de Treme para que no se nos termine y enganche absoluto a The Big Bang Theory. ¡Amo a Sheldon Cooper!!







