
Como quiera que sea que los problemas técnicos (que no han sido más que el toque de atención que tuvo a mal darme este cuerpecillo donairoso del que hago gala) se han alargado más de lo imprevisto y ya nos encontramos metidos y bien metidos en el mes de marzo, y por más que sea tardona reconocida y posteadora tardía, no me parece ya de recibo colgar un post con el nombre de un mes que ya ha pasado de largo (y déjelo estar, donde quiera que haya ido, aunque sean sus últimos días). Así que mejor nos saltamos Febrero, digamos que por chiquitajo y carnavalero, y damos paso así a Marzo, aprovechando además para que este post mensual pase a estar en una fecha más lógica y deje de parecerse a una nómina cualquiera, apareciendo por meses vencidos.
En fin, que sin más preámbulo, aquí tenemos el cuadro que honra a estos treinta y un días, en uno de los cuales, suponemos, empezará (san Edelmiro nos oiga) la primavera. Se trata de un retrato de Jeanne Hébuterne, también pintora, bellísima modelo, última amante, madre de su única hija y amor trágico de Modigliani, aquí con gran sombrero, realizado en óleo sobre lienzo y que actualmente pertenece a una colección privada. En él, claro, los rasgos carácterísticos de la pintura de Modi, que hacen que, a pesar de que los modelos son perfectamente individuales y reconocibles, parezcan arquetipos.
Los libros que me han acompañado durante el último mes (y sobre todo, durante sus últimos días) han sido dos, ambos de Albert Cohen. Hace ya algún tiempo que leí Bella del Señor, de este autor, y desde entonces, en prácticamente todas las incursiones que he efectuado a la que puede que sea la mejor librería de este rinconcito del mundo (quizá sea cierto que es la mejor, pero su modo de ordenar los volúmenes no llega a mi comprensión y termino casi siempre desesperada allí dentro) he buscado cualquiera de sus novelas (tiene cuatro, incluyendo Bella) con el mismo resultado: venirme con las manos vacías o con cualquier otro libro. Pero bendito el día en que me hice fan de las compras por internet y mi librero se ha convertido en un mensajero con casco que se empeña en dejarle mis libros a mi vecina porque siempre aparece cuando no estoy. Gracias a él, esos dos libros ha sido Solal y Comeclavos. En la estantería espera pacientemente Los Esforzados, que completará la serie.
Solal, el primero, recibe el nombre y cuenta los amores de su protagonista, Solal de los Solal, joven y hermoso judio de Cefalonia.
Comeclavos fue el segundo. Comeclavos es miembro de los Esforzados de Francia, grupo de judios cefalonios tíos de Solal y que protagonizan, en esta novela, quizá las situaciones más desternillantes que he dado en leer nunca. Como dice Cohen en la propia novela, «Ah, ojalá pudiera escribir un libro en el que, sin necesidad de seguir una acción, contara infinitas historias esforzadas sin hilazón las unas con las otras». Y ojalá que sí hubiera podido hacerlo, porque las hilarantes historias contadas en este libro me han regalado infinidad de carcajadas.
Aquí, para terminar de convenceros, tenéis un artículo que escribió en mayo del año pasado Enric González sobre este libro en El País.
El mes que viene, más.