
Es extraño el mundo de las filias y las fobias, y más extraño aún cuando lo aplicas a las personas: ¿por qué alguien te cae bien nada más conocerlo? ¿por qué algunas personas, sin tener que cruzar con ellas una palabra siquiera, producen en nosotros el más profundo rechazo? Gracias a Tutatis, muchas veces, cuando empiezas a conocer a esas personas más a fondo, te deshaces de esa idea preconcebida y a quien en un principio hubieses vomitado encima, termina siendo un ser encantador y tu amigo del alma. La contrapartida es que puede suceder que a quien fue adorable en un principio, acabes queriendo sacarle los ojos a la primera de cambio.
Eso nos sucede con personas de carne y hueso, que tenemos delante, a las que podemos ver, oler, pellizcar, de las que vemos gestos y manías. ¿Y a las que vemos detrás de una pantalla, a los que no pertenecen ni gestos ni muecas sino que sólo son un personaje detrás de otro? Pues bien, hoy, copiando absoluta y descaradamente el título de una de las secciones de la revista Esquire, os presento a mis actores ‘favoritos’, como los llama Beaumont, es decir, actores de los que basta su nombre en los créditos de una película para que le eche la cruz y prefiera dejar que me hagan una endodoncia antes que verla. No es cuestión de que sean guapos o feos, da igual la nacionalidad, la edad o el color de los ojos: hubo un momento en el que dije ‘no lo soporto’ y hasta ahí llegamos.
En esta lista, por cierto, no incluyo ni a Steven Seagal ni a Chuck Norris. Es una lista de actores, recordáis?
Kurt Russell: No puedo con él, lo siento. Y eso que Stargate es una película que me gustó bastante cuando la vi. La única de todas las que sale que he visto, por cierto. Después no he querido volver a tentar la suerte. Es engancharlo en un zapping y que se me mueva el pulgar como si estuviese poseído.
Colin Farrell: Más conocido como Falín, ¡Corre!. De él he visto poquitas, en las que además, salía casi nada. Ah, sí, y Alejandro Magno, que de por sí, ya me parece infumable. Memorable el pelucón absurdo que lleva.
Nicolas Cage: El horror. Con menos expresión que un ladrillo, tiene, además, un severo problema capilar (¿quién demonios se queda calvo empezando por las patillas?). ¡Y mira que en Hechizo de luna me parecía atractivo! (claro que la película también me encantaba, muestra de la falta de criterio que tiene una).
Russell Crowe: Un momento… empiezo a creer que el verdadero problema lo tengo con las ‘elles’ y las dobles ‘erres’ en una misma palabra… No, no puede ser eso. Mi querido Russell, lo siento, es al que menos puedo soportar. Ya sé que tiene club de fans, que mucha gente tiene a Gladiator como su película de cabecera, pero a mí me da repelús sólo con oír su nombre. Es monogesto, y su mirada acero azul de perdonavidas me da una grima horrorosa. Confieso que vi Gladiator y que me reí bastante (no creo que ese fuera el propósito de Ridley Scott), que vi Master and Commander sólo porque me dijeron que aparecía la Suite para cello de Bach (y, quitando esa pieza, también me reí con la peli) y que, en un arrebato de pasión por las comedias románticas de mi partenaire, también vi Un buen año: solo me sirvió para reafirmarme en el pensamiento de que hay canguros que me provocan más ternura que este señor (por aquello de compararlo con otro australiano).
Estos son algunos de ellos. Los que se me ocurren ahora, vamos. Pero id tirando, id tirando de la manta con los comentarios, que seguro que se me ocurren una veintena más.