
Ea, pues vamos al lío que para mañana es tarde. Me ha coincidido que he terminado de ver una serie a la par que un libro (bueno, no en el mismo momento, claro. Aunque cuando veo una serie también leo) y me ha parecido buen momento para colgar nueva entrega de la Library, antes de que llegue el parón de las vacaciones y me entregue a una vida de sufrimiento y dolor.
Desde la última entrada de biblioteca han caído tres libros, dos que esperaba como agua de mayo y otro de propina.
Uno de los esperados era Solar, de Ian McEwan. Desde hace más de un año que supe que iba a publicar de nuevo, me he estado comiendo las uñas. Todo el tiempo que ha tardado en salir la edición en castellano, porque a mí, de la lengua de Shakespeare, me da a lo justo para entender el “on-off” de la lavadora… y aún así es más por intuición que por conocimiento. En fin, que volvamos a lo que nos atañe: Solar. McEwan. Y yo de nuevo con la boca abierta. Que sí, que lo sé, que soy muy pesadita, pero yo de mayor quiero escribir como este señor. Y dibujar un personaje con palabras tal como lo hace él, y encima hacerlo tan sumamente hostiable. E imaginármelo en situaciones tales, y que al final te dé lo mismo que estén hablando de energías renovables o de las cruzadas (Ned, Lolo, ya sé lo que es un MacGuffin), lo que quieres es que te cuenten una historia y que te la cuenten así.
El segundo libro llegó de la mano de Belén Gopegui, Acceso no autorizado. A ella la esperaba desde que me terminé su último libro. Está bien que te tengan acostumbrado a cierta rutina, y ya sabes que cada dos años hay libro de Gopegui. Y yo también quiero escribir como ella cuando sea mayor, así que esa espera se hace un poco larga. Lo que pasa es que esta vez sí que me ha decepcionado un poco. Magníficamente escrita, eso sí, pero quizá el tema, que podéis medio adivinar por el título, y del que no tengo ni pajolera idea, me sobrepasaba un poquito y no llegué a cogerle el punto a la historia. Volveremos a esperar un par de años de nuevo.
El tercero, la propina, libro del que supe por un artículo de un periódico y que no tardé en encargar. Todos los casos de Sam Spade, de Dashiell Hammet, que empieza con El halcón maltés (que releí con sumo gusto) y algunos cuentos cortos. Me recordaron estos cuentos a aquellos “Hitchcock presenta…”, que conservaban la genialidad del maestro en dosis más cortas. Simplemente delicioso.
Cine poquito. Lorah, la niña de mis ojos me arrastró a ver la segunda parte de Harry Potter y las reliquias de la muerte, en 3D, y la verdad es que disfruté como una enana, previo maratón de las anteriores para ponerme en antecedentes (ahora tengo rebujadas las seis anteriores, pero bueno).
Así que a lo que más nos dedicamos es a ver series. O a metérnoslas en vena, casi. Terminamos Juego de Tronos y The Killing, y ahora, junto con Sherlock, son tres las series que esperamos con anhelo. Mientras tanto, dimos buena cuenta de la segunda temporada de Luther (tan grande como la primera) y seguimos poniéndonos al día con Mad Men (ya estamos con la cuarta temporada. Me va a dar mucho coraje cuando acabemos). Me pegué una enorme paliza de Dexter, que había dejado en la segunda temporada y conseguí terminarme las tres que me quedaban en una semana más o menos. Eso sí, ésta tuve que verla sola, que el aprensivo Ned no estaba por la labor. Y bueno, todas estas más o menos ya os las tenía recomendadas. Ahora quiero hacerlo, fervientemente (me ha gustado tanto que ya tengo el libro encargado y deseándo ponerme con él) con The Crimson petal and the white. En castellano, al menos el libro, ha sido traducido como Pétalo carmesí, flor blanca, pero me gusta más el título original. Serie de la BBC (sigue siendo síntoma de calidad), de solo cuatro capítulos (eso sí, de horita cada uno), visualmente impactante, está ambientada en el Londres victoriano. Serie para darle su tiempo, ruda, cruda y ambiciosa.
Seguiremos informando.