
Siete de julio (san Fermín), diez (hora zulú) de la mañana. Cafetal molón. Despacho supermolón. Ampharou, rodeada de documentos, cualesquiera que sean los que hace, despacha la agenda con su compañero. En la puerta, aparece J., otro compañero que trabaja en el despacho contiguo:
– Sabéis qué es bookcrossing?
Ampharou sonríe y asiente. Su compañero sólo sonríe.
J. comienza a contar entonces una historia:
– Es que ayer por la tarde dejé el coche en la calle Talycual (calle muy conocida por Ampharou, ya que está muy cerca de su propio domicilio y mucho más del que lo fue en su tierna y muy reciente juventud), y encima de otro coche había un libro. Me acerqué y vi que era una biografía de san Cucufato (santo muy conocido por Ampharou por ser el patrón del cole donde pasó su tierna y muy cercana infancia), así que la dejé allí.
– Peeeeeero, después, cuando volví, resulta que había otro libro ENCIMA de mi coche…
Aquí J. hace una pausa, para crear el velo de misterio en una historia que, por otra parte, Ampharou no terminaba de encajar demasiado. A J. se le nota la profesión, y es bueno, el jodío, relatando.
– … y este era el libro (y muestra lo que ha tenido escondido a la espalda durante toda la conversación. Un libro viejuno, con unas tapas brillantes que reflejan toda la luz de los fluorescentes. En la tapa, de un color turquesa insultante, un niño con sombrero de paja y camiseta de rayas, sostiene a su vez un libro. En una esquina, se puede leer el título del libro: Cucufatín).
Ampharou abre tanto los ojos que están a punto de caérsele las lentillas.
– ¡Yo tenía un libro como ese cuando era pequeña e inocente! ¡San Cucufato era el patrón de mi cole, y las señoras monjas regalaban el libro a las pequeñas!
Mientras Ampharou iba diciendo esto, J., que ya os he dicho que es el puto amo de mantener la tensión, decía a su vez:
– Pero lo mejor es.. ¡ESTO!
Y abrió el libro por su primera página, justo delante de los ojos de Ampharou, la cual, como ya no podía abrir más los ojos, abrió la boca en su máxima expresión, al ver escrito en esa hoja ya amarillenta su propio nombre, Ampharou Guapa Guapetísima, escrito con la letra de su propia madre.
Recordáis que mi madre tenía un mueble que era como Google y que lo estaba vaciando porque lo iba a cambiar? Pues eso.