Ampharou’s library: agosto

1024px-Titian_Bacchus_and_Ariadne

Un suspiro. Eso es lo que le queda a agosto. Suspiro y medio como mucho. Un agosto raro, eso sí, pero vamos, que con el año que llevamos, ya nada debería sorprendernos.

Agosto fue Tiziano. El Baco y Ariadna de Tiziano, para ser exactos, un precioso y preciosista cuadro que tuvimos la suerte de disfrutar en la National Gallery. En él se describe el momento en el que Baco, que está en plena celebración por su regreso de Egipto (loquísima fiesta, diría yo), encuentra a Ariadna, que ha sido abandonada por Teseo (que ya le vale, después de que le ayudara a derrotar al Minotauro) en la isla de Naxos  y se enamora perdidamente de ella.

Se pueden apreciar elementos clásicos de la iconografía de estos personajes (mi él os lo explicaría mucho mejor), como podría ser la guirnalda de vid sobre la cabeza de Baco, así como los sátiros y ménades que lo acompañan, o la Corona Borealis que representa a Ariadna y que podemos ver en el cielo sobre su cabeza, y que es la corona que Baco lanzó al cielo cuando le prometió las estrellas a Ariadna para que se casase con él  (que el dios sería un crápula y un disoluto, pero arte para cortejar a una señorita no me digáis que no tenía).

La obra pertenece a una serie que encargó el duque de Ferrara para decorar un camerino de su palacio ducal a Tiziano, Bellini y Dosso Dossi con escenas mitológicas tan del gusto de la época.  La pintura es exquisita, con colores vibrantes y puros, y dividida cromáticamente en dos partes cuya diagonal nos lleva directamente a Ariadna: los colores vivos para la escena principal, y pardos y ocres para la cohorte de Baco.

Como siempre, os dejo el enlace a la obra en la página de la National, para que podáis bichearla a gusto y profundizar más en ella.

Por fin me acabé Solenoide, de Mircea Cărtărescu. Dios y ayuda me ha costado. Es un libro interesantísimo pero sumamente denso y oscuro. Os lo recomiendo porque está magníficamente escrito, pero tenedle paciencia.

Y ya me he empezado Monsieur o El Príncipe de las Tinieblas, la primera parte de El quinteto de Aviñón, de Lawrence Durrell. Aquí ya llevo mejor ritmo. Ya os iré contando…

Series: terminamos Retorno a Brideshead (¡ay!) y seguimos con Yo, Claudio. Todavía no hemos designado sucesora para las noches de los fines de semana, que es cuando solemos verlas. Para unas tardes más aburridas de lo normal, nos enganchamos a The Umbrella Academy. Es simpática, tiene algunos personajes que son caramelitos  y, bueno, se disfruta en general.

De las que veo yo sola después de cenar, llamando al sueño antes de ir a la cama, este mes ha dado para tragarme, literalmente, las tres temporadas de Dark. No os voy a decir nada de ella. Bueno sí, que es una serie alemana muy bien hecha, que me ha encantado, que he flipado con el casting y que si os vais a disponer a verla, os arméis con un cuaderno y un boli. De nada. (Por cierto, si alguien la ha visto, que se manifieste, ¡que estoy loca por comentarla con alguien!)

Después vi Turn up Charlie, una miniserie (supimos que era una miniserie cuando nos enteramos que no renovaban para la segunda temporada) británica, donde Idris Elba (¡ay, omá!) se lo guisa y se lo come. Facilita, y es que la combinación tipo rudo y con miedo al compromiso que se ve obligado a hacerse cargo de un niño, ha funcionado desde Cateto a babor, solo que aquí el cateto es Idris, el niño es una cría que es, con diferencia, lo mejor de la serie, San Fernando es Londres y en vez de llevarse al niño al parque de atracciones, se lleva a la cría de rave a Ibiza, donde todo el mundo va puestísimo de todo. Por modernizar el relato será.

Y ahora estoy con Dead to me. Llevo cuatro capítulos, así que tampoco os puedo contar demasiado. Por ahora se deja ver.

Y hasta aquí lo que ha dado de sí agosto. A los que volváis de vacaciones, bienvenidos, espero que la vuelta no se os haga demasiado cuesta arriba. A los que os vais ahora, disfrutadlas. A todos, prudencia, mucha. Poneos las mascarillas, seguid guardando las distancias y lavaos mucho las manos aunque os estén empezando a salir escamas, que quiero seguir viéndoos a todos por aquí. O por los bares mejor, cuando todo esto termine.

Ampharou’s library: julio

1024px-Hans_Holbein_the_Younger_-_The_Ambassadors_-_Google_Art_Project

De abril a julio y tiro porque me toca: que una dice que va a escribir más a menudo y se le viene una pandemia de nada y ya tiene la excusa perfecta para estar meses sin aparecer por aquí. Precioso está eso, vamos…

En julio nos acompañaron en nuestro almanaque Los embajadores, de Hans Holbein el Joven, pintura de 1533 (os dejo su enlace en la página de la National Gallery, por si queréis bichearla a fondo). Quizá una de las obras más enigmáticas de las que vimos en el museo, también una de las más imponentes, casi cuadrada, de poco más de dos metros de lado, con lo que sus figuras se aproximan bastante al tamaño natural.

Realmente no sabría decir si esas figuras son la excusa para un bodegón (el que se encuentra entre ambas) o si el bodegón es la excusa para los retratos: Jean de Dinteville, el joven de la izquierda, embajador de Francia en Inglaterra, y su amigo Georges de Selve, obispo que había sido embajador ante Carlos V, Venecia y la Santa Sede. Todo el cuadro está lleno de simbolismo, tanto los ropajes de los personajes, en todos los  objetos que se encuentran en la consola que hay entre ellos e incluso en los que parecen encontrarse fuera de lugar, como ese ‘hueso de sepia’ (así dio en llamarse) que parece flotar entre los hombres o el crucifijo colocado en la esquina superior izquierda, tan fuera de plano que en algunas reproducciones ni aparece.

Sin duda, lo que más extraña y llama la atención del cuadro es precisamente ese hueso de sepia que no es más que la representación anamórfica de un cráneo humano. Así el supuesto bodegón quedaría convertido en un vanitas, recordándonos de lo vacía que realmente es la vida, todos sus aconteceres y sus cuitas, frente a la omnipresencia de la muerte.

Si queréis profundizar en la obra, cosa que os recomiendo, leed la reseña en la misma página de la National o la que podéis encontrar en Wikipedia.

Lo de mis lecturas lo vamos a dejar pasar, en serio. No haré ningún comentario más si no es en presencia de mi abogado. Tampoco haré la promesa de leerme El quinteto de Avignon en vacaciones.  ¡Pasad de largo de este párrafo ya, malditos!

Series: como cada verano desde hace ya unos cuantos, estamos con Yo, Claudio. Sigue siendo una maravilla verla. Y a cada capítulo vuelvo a repetirle a mi él que tiene que leerse los libros de Robert Graves. ¡Yo los disfruté tanto!

A las series vintage le hemos incorporado este año Retorno a Brideshead. Siempre le he tenido cariño a esta serie, aunque no la recordara demasiado. Con ella me enamoré de Jeremy Irons, y, como contaba el otro día en otra red social, ahora me he enamorado del Sebastian Flyte de Anthony Andrews. Estoy considerando buscar la novela en una librería de viejo y empapármela en cuanto pueda…  (de hecho, acabo de comprarla mientras escribía esto…)

En estos meses que os he tenido abandonados, nos terminamos la tercera temporada de Westworld (que podéis obviar tranquilamente, no os vais a perder nada), terminé Tales from the Loop, que al final vi yo sola (mi él no estaba por la labor) y ha sido de las que más he disfrutado este año: ese toque cotidiano de lo sobrenatural y la tecnología, la calma, la vida, la muerte, la soledad como protagonistas. La magnífica banda sonora. ¡Os la recomiendo encarecidamente!

También vi Penny Dreadful: City of Angels. Haceos un favor y no os acerquéis a ella ni con un palo. Penny Dreadful solo tiene las tres temporadas anteriores. Esta, además de no tener nada que ver con ellas, no tiene ni pies ni cabeza, pero sí tiene a Natalie Dorman, así que ¡huid!

La semana pasada terminé Las Luminarias (tenía que volver a por Eva Green después del desastre de la que os he comentado antes).Solo seis capítulos, una historia un tanto enrevesada, la narración bastante liosa, con continuos saltos en el tiempo, algunos cabos sueltos al final, pero en conjunto me ha dejado buen sabor de boca.

Echamos algunas tardes viendo La monja guerrera: monjas ninjas que luchan contra demonios en Málaga ¿qué puede salir mal? Es una tontería de serie, pero de las que enganchan (llegamos a ver cinco capítulos del  tirón). Además, una de las localizaciones me trajo muy buenos recuerdos de hace muuuchos, muchos años. Para pasar el rato y ya está.

Y anoche terminé de ver Unorthodox. Gran serie, aunque sean solo cuatro capítulos y encuentre el final un tanto almibarado. No os cuento más, ¡vedla!

Cine poco. En sala nada, todo en casa y el que han ido poniendo en la tele. Me pareció muy interesante Relatos salvajes. Vi (y lloré, como no podía ser de otra forma) Cinema Paradiso. Anoche vi La heredera, y he rogado a La 2 de Televisión Española que no programen más Historias de Filadelfia, que se nos mueren los grandes.

Seguid siendo responsables. Usad la mascarilla, no os amontonéis por muchas ganas que tengáis. Besaos y abrazaos con la mirada. Llegarán tiempos mejores y tenemos que estar aquí para verlos. Todos.

Ampharou’s library: abril

1darius[1]

Bueno, ya termina el mes de abril. El más raro que haya vivido, al menos desde que tengo memoria, en el que solo he salido a la calle anoche a tirar la basura. Y tengo el contenedor a escasos cuatro metros del portal, y aun así me resultó rarísimo salir.

En fin, sigamos. Me he prometido no daros la turra con lo del confinamiento, así que vamos al lío.

El cuadro de este mes lo he disfrutado muchísimo. Alejandro me ha estado acompañando todos los días, porque lo tengo colgadito en el despacho desde el que he estado trabajando, así que hemos estado juntos muuuuchas horas. Os lo presento: se trata de La familia de Darío ante Alejandro, del Veronés (ahora que caigo, eran muy aficionados en la época a ponerle apodos a la gente). El cuadro recoge el momento en el que Sisigambis, la madre de Darío, confunde a Hefestión con Alejandro y éste la saca de su error diciéndole que También es Alejandro. En el detalle de mi almanaque no aparece Estatira, esposa y hermana de Dario (¡¿?!), que también se postra ante el macedonio pidiendo misericordia después de la derrota, misericordia que Alejandro insistió que fuera tratamiento de reyes.

Vamos con el Veronés. Es bastante sencillo identificar sus obras, normalmente de gran tamaño, con ese sentido de la teatralidad y los escenarios arquitectónicos que cobran tanta fuerza como los protagonistas de los cuadros. Pero sobre todo por la suntuosidad de los ropajes de los personajes de sus obras, vestidos a la moda veneciana, con colores brillantes (¡ay, ese verde Veronés!) y la introducción de elementos exóticos y anacrónicos  (ojo al monito que juega con la cadena encima del muro. Os dejo el enlace de la National Gallery por si queréis observar el cuadro al detalle).

Me da mucha vergüenza deciros que no he leído prácticamente nada: solo me terminé el libro de Joan Didion, El año del pensamiento mágico, y no es ninguna heroicidad, ya que solo me quedaban unas veinte páginas. Pero es que soy incapaz de concentrarme en los ratos que tengo libre, y los libros que tengo entre manos necesitan un mínimo de atención.

Nos terminamos la quinta temporada de Better call Saul: magnífica, como siempre, ya se empieza a vislumbrar al Saul Goodman que todos conocíamos. También empezamos con la tercera de Westworld, a la que agradezco enormemente que se haya abierto un poco y no sea tan críptica como la anterior.

Por mi cuenta empecé a ver Hand of God, que no, no va de Maradona, y recogiendo el testigo de mi él, Historias del bucle. He visto demasiado poco de ambas, así que esperaré a tenerlas más avanzadas para contaros algo.

Y hasta aquí este library. Espero tener algo más que contaros el mes que viene. Sed prudentes, sed responsables y cuidaos mucho.

Zapatero

test2_bcCtv6H.b11a6dab.fill-720x720

Un jueves que tuve la tarde libre en marzo  cogí un par de pares de botas y las llevé al zapatero. Tenían las tapas de los tacones nuevas, esas tapas de plasticucho que en cuanto se desgastan un poco te da igual llevar esos zapatos o unos patines para el hielo. Y una, aficionada a las caídas en la calle, desde la última que tuve en mi casa, le ha cogido un miedo horroroso a perder la verticalidad abruptamente. Mis botas altas de serraje y tacón cubano y los botines camel preciosos, ambos regalos de mi él.

El señor zapatero es un señor amabilísimo que me reconoce en cuanto llego aunque no soy muy asidua. Tengo el honor de llevar el mismo nombre (nombre y apellido)  que su madre, así que es un tema más sentimental que de fisonomía. Me dijo que no sabía si podría tenérmelos para el sábado por la mañana y yo le dije que no se preocupara, que ya me pasaría el lunes. El plan era salir de trabajar por la tarde y alargar el paseo hasta allí para recogerlos. Ese domingo, claro, ya estábamos confinados. Así es que allí tienen que estar los cuatro, entre olores a betún y pegamento. No se me ocurriría mejor sitio para estar si yo fuese zapato.

Tampoco es que me hagan mucha falta ahora. El otro día le leí a una chica que decía que sus zapatos debían pensar que había muerto. Mis zapatos también, y mis sujetadores ni os cuento.

En fin, que me parece que el día que vaya a recogerlos, llevaré unas sandalias monísimas que tengo con tiras de strass para que les haga lo mismo. Y cuando vuelva a casa, guardaré, con mucho cariño, mis botas hasta la próxima temporada.

La imagen es de una exhibición de Manolo Blanik que hubo el año pasado en la Wallace Gallery de Londres y que nos encontramos totalmente por sorpresa en nuestro viaje.

Ampharou’s library: marzo

 

1280px-Turner,_J._M._W._-_The_Fighting_Téméraire_tugged_to_her_last_Berth_to_be_broken

Son tiempos de congoja. Empezó la primavera y ni siquiera nos hemos dado cuenta (tampoco ha acompañado el tiempo y menos mal). A estas alturas no os voy a hablar de la pandemia, ni de lo mal que estamos, ni de lo difícil que es quedarse en casa… De la pandemia y sus consecuencias mejor que hablen los que saben. De lo de quedarse en casa, pues eso, qué os voy a contar que no sepáis. Pero es lo que toca. Es responsabilidad.

Hoy solo os quiero traer el mes de marzo a este Ampharou’s library. Quizá saquéis ideas para pasar el rato.

Marzo en mi calendario es El Temerario remolcado a su último atraque para el desguace, de William Turner. Es uno de mis favoritos del artista, tanto es así que nos trajimos de Londres una reproducción para ponerla en casa.

La luz de los cuadros de Turner, el estilo romántico con que impregnaba sus creaciones con ese apasionamiento por la naturaleza… rebuscad también en sus acuarelas y podréis disfrutar de la obra magnífica de este autor.  Para acercaros a él, hay una película de 2014, Mr. Turner, dirigida por Mike Leight. Es un poco larga, pero seguro que os hace enamoraros un poco de él.

De lecturas sigo tan vaga como el mes pasado. No he terminado ninguno de los que tenía empezados, y aún así, por no llevar ninguno de los dos a una escapada que hicimos a Madrid aprovechando el puente del Día de Andalucía -¡justo a tiempo! (el de Joan Didion es una edición demasiado bonita para aventurarme a que se estropeara en el viaje, y Solenoide podría haberme provocado una escoliosis al cargar con él), me empecé Sur, de Antonio Soler que, sí, adivinad, tampoco he terminado ¡Madre mía, cuánta faena acumulada!

De series, terminamos The New Pope, altamente recomendable y empezamos la quinta temporada de Better call Saul. Está siendo muy grande esta serie. Empezó siendo un spin off de Breaking Bad y para mi gusto, ya la ha superado con creces.

También hemos empezado La conjura contra América, lo nuevo de David Simons (sí, el de The Wire) sobre un libro de Philip Roth. Hasta ahora sólo hemos visto el primer capítulo, pero tiene muuuy buena pinta.

Al cine, evidentemente no hemos ido. Sí fuimos, como he comentado más arriba, a Madrid cuatro días a principios de mes. Exceptuando un ‘pequeño’ inconveniente, el viaje fue estupendo: estuvimos del Prado al Thyssen y del Thyssen al Prado. No había estado nunca en ninguno de los dos, y el Prado… bueno, es El Prado. Aprovechad ahora las visitas virtuales que hacen, con las explicaciones a algunos cuadros (esto lo podéis ver en su Instagram, no sé si en su página también, para volver. Todas las visitas que podáis hacerle nunca serán demasiadas.

Y el Thyssen… bueno, fuimos más que nada por la exposición temporal que tienen ahora Rembrandt y el retrato en Ámsterdam, donde me reencontré con mi querida Hendrickje (quédate con quien te pinte como Rembrandt pintaba a Hendrickje). Cada vez que pienso en esa exposición, magnífica por otra parte, allí cerradita y sin nadie que pueda verla… También disfrutamos, claro, de la exposición permanente (¡madre, ese Chagall, cuánto me hizo llorar!) y de la colección Carmen Thyssen. Aprovechad que tienen también visitas virtuales, incluso de la exposición de Rembrandt.

Y recordad: llegará un día de primavera (da igual el mes que sea) en que todos volveremos a la calle y volveremos a abrazarnos y volveremos a besarnos.

Ampharou’s library: febrero

venusespejo-k78D--510x349@abc

He estado estos días repasando el blog (o lo que queda de él) para ver qué había quedado y también un poco por nostalgia, así que me he encontrado con aquellos Ampharou’s library que mantuve unos cuantos años. Para los que no sepáis  qué era, o no os acordéis, era un post que escribía (más o menos. En las últimas épocas más menos que más) mensualmente. Aprovechaba el almanaque que todos los años compramos en la Ca’Ampharou real, cada año de un pintor distinto, os enseñaba el cuadro que tocaba cada mes y aprovechaba para contaros los libros que había leído y las películas y series que había visto durante ese tiempo.

Así que los he estado repasando y me ha dado penilla. Más que nada porque este año tengo un almanaque divino, que nos trajimos mi él y yo de la National Gallery cuando estuvimos el año pasado en Londres y sería una lástima que quedara para nosotros solos. Así que he decidido retomar la serie (tarde, que ya me he saltado enero) y aquí tenéis la primera entrega.

Febrero se corresponde con La Venus del espejo, de Diego Velázquez. Si os digo la verdad, conocía la obra pero no había reparado mucho en ella… hasta que la he tenido delante. Es de agradecer que los señores de la National hayan tenido el buen gusto de repartir bancos o sillones Chester por sus salas, y que uno de ellos haya caído casi enfrente de esta obra. Te sientas delante y el tiempo no pasa. O sí que pasa, mientras intentas descifrar qué quiere decirte el rostro que se esconde en el espejo, que es el centro físico y vital de la obra, allí donde se dirige la mirada, más allá del quiebro delicado de la cintura de la Venus, más allá de la pose juguetona del Cupido  (¿sujeta el espejo o está atado a él?).

En cuanto a lectura… bueno, pues estoy un poco vaga, todo hay que decirlo. Sigo con Solenoide, de Mircea Cӑrtӑrescu, desde (vergüenza suprema) Reyes del año pasado. Lo voy leyendo a ratos, es bastante denso y muchas de las imágenes que describe son complicadas de digerir.

El que sí me terminé fue Máquinas como yo, de Ian McEwan. Mi querido Ian nunca defrauda (bueno, sí, alguna vez me ha dejado picueta y con la cara torcida), siempre poniendo a los personajes y al lector en la situación más incómoda imaginable.

Y ahora dedico mi tiempo de desayuno a El año del pensamiento mágico, de Joan Didion, con unas maravillosas ilustraciones de Paula Bonet. Un libro durísimo y tremendamente triste. Ya os hablaré más de él cuando lo termine.

En cuanto a lo visto, la tercera temporada de The Crown, que supera con creces las dos primeras (Olivia Corman está divina), la tercera de La maravillosa señora Maisel, un poquito más floja que las dos primeras, pero descacharrante también. Vimos Drácula: atención aquí. Son tres capítulos de hora y media cada uno. Los dos primeros son estupendos, Drácula y Van Helsing se comen el uno al otro en la pantalla… pero ¡ay, madre mía el tercero! Os lo podéis ahorrar, directamente. Quedaos con el buen gusto de los dos primeros y decid que habéis visto una buena serie.

También intenté ver The Witcher. Mira que sale Henry Cavill y mira que está rico. Mira que incluso me tragué su infumable Superman y el horror aquél donde Ben Affleck hace de Batman. Mira que vi dos capítulos, pero de ahí no pude pasar, así que hasta aquí llega mi crónica de El brujero.

Otra con la que tampoco pude fue Carnival Row. Cara Delevigne poniendo morritos de hada  todo el rato me producía sarpullidos.

Y otra con la que me tenía que haber quedado con las ganas fue Years and years, pero me produjo curiosidad, y ya sabéis que la curiosidad mató al gato.

Ahora dedicamos nuestro tiempo libre a The new Pope, continuación de The Young Pope de Sorrentino. No solo no desmerece la primera parte, sino que John Malkovich añade un plus a lo que ya era muy bueno. Y Voiello, ese Voiello…

Me está quedando un poco largo el post, pero no quiero terminar sin contaros las veces que hemos ido al cine. La mayoría de ellas han sido para ver documentales de arte (¡bendita costumbre que están cogiendo los cines de diversificar la oferta!). Así, hemos disfrutado de Rembrandt, Van Gogh, Tintoretto, El Prado enterito, Las Meninas en particular. Os los recomiendo totalmente. Eso sí, debéis estar atento, normalmente sólo las pasan un par de veces, lunes y martes.

También vimos 1917 (y el Joker, pero de esa hace más rato). La de Sam Mendes, una película estupenda, que me mantuvo en vilo y acongojada toda la proyección. Vedla, pero vedla en el cine, merece la pena.

Y hasta aquí llegamos con febrero. Seguro que me dejo algo, intentaré hacer memoria. Para el mes que viene, más.

Conversaciones con mi padre #3: Futuro

800px-Queen_Olga_of_Greece

M.A comparte mesa con mi padre durante las comidas en Balmoral*. M.A. tiene noventa y dos años, una cara de puro melocotón, el porte de una duquesa rusa y, normalmente, los modos de una princesa Disney. Al menos, hasta la hora en la que los visitantes debemos marcharnos, que coincide, por las tardes, con la hora de la cena: entonces M.A. se enfada un poco porque su hijo no quiere quedarse a cenar con ella. Él unos días utiliza la táctica de decirle que no le dejan, otras, que no hay sitio en la mesa para él (error, M.A. termina echando a alguno de los residentes) y, últimamente la más socorrida, por ser también la más efectiva, es decirle que lleva toda la tarde sin fumar y que va a aprovechar que ella está cenando para echar un cigarro y enseguida vuelve. Yo, algunas tardes en las que lo veo más apurado, le ayudo reafirmando lo del cigarro y apuntándome al supuesto volver enseguida.

Hace algunas tardes, M.A. se convenció rápidamente y dejó ir al hijo al supuesto pitillo. Yo estaba despidiéndome de mi padre y ella, risueña y habladora como estaba, se disculpó con mi padre en nombre del hijo porque éste no le había invitado a que lo acompañara a fumar. Yo le dije que no se preocupara, que mi padre no fumaba ni había fumado nunca.

¿Pero nunca, nunca?

No, M.A. Nunca.

¡Ay, qué suerte tiene! ¡Si no ha fumado nunca, qué vejez más buena va a tener!

Noventa y dos años que tiene M.A. Ochenta y siete que tiene mi padre.  ¡Qué vejez más buena van a tener!

_________________

*Lo de Balmoral es una pequeña broma familiar. Mi madre se parece tanto a la reina Isabel de Inglaterra que me extraña que todavía no la hayan llamado de la productora de The Crown para protagonizar la sexta o séptima temporada. Cuando vamos a su casa decimos que vamos a Buckingham, así que por ende, la residencia de mi padre es Balmoral.

2020

2020

Me las prometía muy felices yo empezando de nuevo un blog: voy a escribir todos los días, bueno, al menos una vez a la semana, y aquí estoy, a finales de enero y con la última entrada del 25 de septiembre.

Han pasado muchas cosas desde entonces. Para empezar, hemos cambiado de año (yo también he cambiado las unidades de todas mis decenas). Antes de eso, a mediados de octubre, nos fuimos de vacaciones. Una semana a Londres. Así que ya sé dónde quiero vivir: descartada la primera opción, porque el vigilante al que le preguntamos nos dijo que en la National Gallery no podíamos quedarnos y que, además, era very creepy at night, le hemos echado el ojo a algunos sitios en los alrededores del Victoria&Albert Museum y de la Wallace Gallery. Para ello nos hemos encomendado a San Ildefonso, que es el patrón de los niños que reparten dineritos en cantidad.

Ya en diciembre, el primer día para ser exactos, decidí comprobar la dureza del suelo de mi cocina. Con la nariz. Y la frente. Que me parecía a mí que la baldosa del centro no estaba bien ajustada, mirusté. Y sí que lo estaba. Porque resulta que tengo dos manos, pero ¿para qué voy a ponerlas por delante si veo que me he resbalado y me estoy cayendo? Resultado: nariz maltrecha y brecha en la frente, postillas en ambas y una sombra de ojos que fue pasando del morado al amarillo en el lapso de dos semanas.  La opinión médica la reservo más que nada porque, salvo la sangre y el dolor, yo estaba bien y no fui. Así puedo agarrarme a la excusa de un puente desviado para operarme la nariz y que me la dejen como la de Amy Adams, como si fuera yo una reina cualquiera.

Después de un mes de diciembre hasta arriba de trabajo, empecé el año de vacaciones, que es la mejor forma de empezarlo: comer, beber, reír, dormir. Libros, cine, juegos, series. La falta de prisas. Lo mejor para recargar fuerzas. Lo malo es que en cuanto empiezas a trabajar, al par de horas más o menos, ya las has vuelto a perder todas.

Y hasta aquí más o menos el resumen.  No soy yo de hacer buenos propósitos para el año nuevo, ni de hacer promesas que no sé si voy a poder cumplir, pero procuraré pasarme por aquí más a menudo, aunque sea solo a saludar.

Vacaciones

4e809061-a06a-05d9-9a0b-e0c200fd5faf

El primer año que pasé en el cafetal al dueño se le ocurrió jubilarse en verano y su sucesor le pidió a mi querido compañero de cuarto que, si no le importaba, retrasase sus vacaciones al menos quince días (se ve que al hombre no le daba mucha confianza quedarse solo conmigo. Un señor inteligente). Mi compañero siempre se ha pillado de quince de julio a quince de agosto. Al atrasar las suyas, obviamente, se atrasaron también las mías, que me quedé con septiembre enterito. Y mira por donde, no estuvo ni medio mal eso de retrasarlas.

Para el año siguiente, había cambiado al compañero por una compañera. Dicha compañera (el dios de la flojera la tenga en su gloria. Ahora, jubilada, además de no trabajar, no tiene ni que ir) es de una provincia de esas en las que en verano no se bajan del rojo en los mapas del tiempo ni un ratito por la tarde, y claro, ella veranea en el pueblo. Como para ir el cuatro de agosto. Así que ese año retrasé mis vacaciones un poquito más. Y mira por donde, no estuvo ni medio mal eso de retrasarlas.

Llevo en el cafetal ocho años, y he ido comprobando, año tras año, que en verano, más que un cafetal, es un oasis: ni gente ni líos (eso sí, cuando llega uno, es de agárrate y no te menees), y que no merece la pena, viviendo donde vivo, en esta esquinita al sur del sur, tomar las vacaciones en esa época. Tanto es así que todavía me queda algo más de un mes antes de irme, y que volveré bien entrado noviembre, y eso que sólo me cojo parte de las que me corresponden.

Eso sí, tengo que aguantar que toooooda la plantilla, a medida que van llegando de las suyas, invariablemente encadenen un ¿Y las tuyas? ¿Pero todavía no te has ido? ¡Qué suerte tienes, esa es la mejor época para estar de vacaciones!