Klaus.

Nadie sabe cómo se llama en realidad, pero, sin lugar a dudas, Klaus debería ser su nombre, por esa pinta de Papá Noel de paisano que luce. Enorme, rubísimo, con unos ojos insultantemente azules y unas mejillas que, de puro coloradas, pareciera que están a punto de estallar, en la cara todo es de un color vivo menos esas barbas que de tan rubias casi son blancas y esos dientes, más blancos aún, que se obstina en enseñar en una eterna sonrisa.

Klaus (digamos que sí, que se llama así) vive en la zona de más boato de la ciudad, aunque no precisamente en un loft de gran lujo y primerísimas calidades, sino más bien en el hueco que dejan las escaleras cubiertas de un edificio oficial. Allí pasa las tardes y sus noches, con todas sus pertenencias -que no son pocas- metidas, en un orden extremo, en un carrito de supermercado. Por las mañanas, antes de que las oficinas abran y empiecen a llegar los empleados, Klaus recoge todas su cosas y, dejando el rincón donde ha dormido impecable, empuja su carrito hasta un par de manzanas más allá, donde el retranqueo de los edificios de la gran avenida han dejado un pequeño espacio acotado por unos bancos de cemento. Ahí se aposta, viendo pasar a la gente con sus prisas y sus caras largas, hasta que los funcionarios dejan la oficina. Entonces él vuelve a su rincón, acomoda las mantas perfectamente dobladas encima del murete que, adosado a la escalera, le sirve de trono, saca sus auriculares y su pequeña radio maltrecha y, sin perder la sonrisa que ha lucido toda la mañana, sestea beatífico hasta que llega la hora de volver a mudar su residencia.

Reinauguración

Aquí de nuevo. ¡Por fin! ¡Y parece que definitivamente!

Es que veréis, aquel virus que en el último post os decía que 3nity había exterminado en un pispás… pues bueno, no estaba tan exterminado. Todavía coleaba, y no ha costado (a ella, a 3nity) un pispás derrotarlo, sino que esta vez, mi maravillosa webmisstress se ha dejado dos dioptrías y catorce pestañas rubísimas en acabar con él. Porque tampoco tenía el tamaño de Cuenca. Era más bien como la estepa rusa: igual de grande. E igual de malaje.

Pero ya sí. Me faltan un par de ‘poyaítas’ (ya sabéis: po ya que…, po ya que…) a nivel interno y de ejecución propia y que la GADA (guapísima arregladora de desastres ajenos) me ayude a cambiar la cerradura, pero por supuestísimo, ya que os podéis acercar por aquí de nuevo sin tener que vacunaros ni utilizar mascarilla, lo primero es ¡dar una gran fiesta de reinauguracíón a la que estáis todos invitados!

Reinauguración

Aquí de nuevo. ¡Por fin! ¡Y parece que definitivamente!

Es que veréis, aquel virus que en el último post os decía que 3nity había exterminado en un pispás… pues bueno, no estaba tan exterminado. Todavía coleaba, y no ha costado (a ella, a 3nity) un pispás derrotarlo, sino que esta vez, mi maravillosa webmisstress se ha dejado dos dioptrías y catorce pestañas rubísimas en acabar con él. Porque tampoco tenía el tamaño de Cuenca. Era más bien como la estepa rusa: igual de grande. E igual de malaje.

Pero ya sí. Me faltan un par de ‘poyaítas’ (ya sabéis: po ya que…, po ya que…) a nivel interno y de ejecución propia y que la GADA (guapísima arregladora de desastres ajenos) me ayude a cambiar la cerradura, pero por supuestísimo, ya que os podéis acercar por aquí de nuevo sin tener que vacunaros ni utilizar mascarilla, lo primero es ¡dar una gran fiesta de reinauguracíón a la que estáis todos invitados!

Cuatro tonterías por minuto.

He estado unos días sin poder postear (y eso que estaba inspirada. Además, me he tenido que saltar el post de Febrero) porque hemos tenido la viruela en ca’Ampharou. En concreto, ha sido ca’Ampharou la que ha estado pocha, con un virus del tamaño de Cuenca, con sus conquenses, sus casas colgantes y todo. En un principio pensé que era cosa de mi portatil, que ya está viejecito el pobre y me lo pilla todo. Entonces Beaumont le hizo una cura de urgencia y pareció solucionado el tema. Pero luego Vinti me advirtió que cuando abría mi blog, le saltaban todas las alarmas, incluida la del coche que tenía aparcado abajo en la calle, y yo, ni corta ni perezosa (bueno, un poco perezosa sí que soy) me dispuse a poner fin al virus y al ataque de los clones que había infectado mi página de una vez por todas. Así que llamé a 3nity. 3nity, además de lista-listísima y guapa-guapísima (no es peloteo, es la verdad), es un solete de webmistress, y en un pispás, luego de meterme todo el miedito del mundo en el cuerpo, no sólo redujo y aniquiló al bicho, sino que además le ha dado una manita de pintura y me ha ordenado las tripas de ca’Ampharou, que me lo ha dejado hecho un primor, oigas.

Siguiendo con mi vocación de Terminatrix, también me he cargado mi móvil. Ahora tengo miedo, porque como todo el mundo sabe, no hay dos sin tres, así que a la espera estoy de lo que pueda suceder. En fin, que eso, que me lo he cargado. Mi móvil preciosísimo, que me lo regaló Beaumont hace… pues creo que va a hacer cinco años!! Que vosotros diréis que ya iba siendo hora de que lo cambiara, pero que eso es algo que a mí me cuesta horrores. Me acostumbro a uno y ya sé a qué tecla tengo que darle sin mirar, y sé dónde tiene cada cosa. Ahora me tengo que acostumbrar a otro (ya he dicho antes que soy muy perezosa), que además no me gusta nada. Y es que mi móvil en realidad funciona: todo le va perfectamente, lo único que, cuando llamo o recibo llamadas, mi interlocutor no me oye. Una tontería de nada, vamos, pero que, siendo un teléfono, igual sí que es importante, no?

Hoy ha amanecido un día espectacular: precioso, sin el viento del norte que nos ha helado estos días atrás, un poco frío pero delicioso. A medida que ha ido avanzando la mañana, el cielo ha tornado del azul prodigioso al negro abetunado. Hace un momento, desde mi balcón en el cafetal, he podido ver pasar un autobús turístico de esos que llevan la parte de arriba descubierta. Iba repleto de turistas sonrosados. Aunque acababan de pasar por uno de nuestros monumentos ilustres, creo que no atendían a las explicaciones del guía. Sólo tenían ojos para elevar plegarias al cielo a fin de que éste no descargara sobre sus cabezas todo lo que su negritud prometía.

Hablando del cafetal (ea, la última vez, lo prometo), hoy comienza mi prueba de fuego: mi compañero se ha tomado una semana de vacaciones, así que estaré sola ante el peligro los próximos días. Si el lunes catorce queda algo más que los cimientos de esta ilustre casa, creo que habré superado la prueba.

Cuatro tonterías por minuto.

He estado unos días sin poder postear (y eso que estaba inspirada. Además, me he tenido que saltar el post de Febrero) porque hemos tenido la viruela en ca’Ampharou. En concreto, ha sido ca’Ampharou la que ha estado pocha, con un virus del tamaño de Cuenca, con sus conquenses, sus casas colgantes y todo. En un principio pensé que era cosa de mi portatil, que ya está viejecito el pobre y me lo pilla todo. Entonces Beaumont le hizo una cura de urgencia y pareció solucionado el tema. Pero luego Vinti me advirtió que cuando abría mi blog, le saltaban todas las alarmas, incluida la del coche que tenía aparcado abajo en la calle, y yo, ni corta ni perezosa (bueno, un poco perezosa sí que soy) me dispuse a poner fin al virus y al ataque de los clones que había infectado mi página de una vez por todas. Así que llamé a 3nity. 3nity, además de lista-listísima y guapa-guapísima (no es peloteo, es la verdad), es un solete de webmistress, y en un pispás, luego de meterme todo el miedito del mundo en el cuerpo, no sólo redujo y aniquiló al bicho, sino que además le ha dado una manita de pintura y me ha ordenado las tripas de ca’Ampharou, que me lo ha dejado hecho un primor, oigas.

Siguiendo con mi vocación de Terminatrix, también me he cargado mi móvil. Ahora tengo miedo, porque como todo el mundo sabe, no hay dos sin tres, así que a la espera estoy de lo que pueda suceder. En fin, que eso, que me lo he cargado. Mi móvil preciosísimo, que me lo regaló Beaumont hace… pues creo que va a hacer cinco años!! Que vosotros diréis que ya iba siendo hora de que lo cambiara, pero que eso es algo que a mí me cuesta horrores. Me acostumbro a uno y ya sé a qué tecla tengo que darle sin mirar, y sé dónde tiene cada cosa. Ahora me tengo que acostumbrar a otro (ya he dicho antes que soy muy perezosa), que además no me gusta nada. Y es que mi móvil en realidad funciona: todo le va perfectamente, lo único que, cuando llamo o recibo llamadas, mi interlocutor no me oye. Una tontería de nada, vamos, pero que, siendo un teléfono, igual sí que es importante, no?

Hoy ha amanecido un día espectacular: precioso, sin el viento del norte que nos ha helado estos días atrás, un poco frío pero delicioso. A medida que ha ido avanzando la mañana, el cielo ha tornado del azul prodigioso al negro abetunado. Hace un momento, desde mi balcón en el cafetal, he podido ver pasar un autobús turístico de esos que llevan la parte de arriba descubierta. Iba repleto de turistas sonrosados. Aunque acababan de pasar por uno de nuestros monumentos ilustres, creo que no atendían a las explicaciones del guía. Sólo tenían ojos para elevar plegarias al cielo a fin de que éste no descargara sobre sus cabezas todo lo que su negritud prometía.

Hablando del cafetal (ea, la última vez, lo prometo), hoy comienza mi prueba de fuego: mi compañero se ha tomado una semana de vacaciones, así que estaré sola ante el peligro los próximos días. Si el lunes catorce queda algo más que los cimientos de esta ilustre casa, creo que habré superado la prueba.

Periódicos.

FEDERICO. Bueno, di… ¿Dónde te metes?

– ¿Dónde voy a meterme? En el periódico. Me tiene preso. Ya sabes tú lo que es un periódico… Un vampiro de la inteligencia, un calabozo bien iluminado… Palanca de la edad moderna, altavoz de las acciones humanas…

– … multicopista del pensamiento, trampolín de la gloria…

– … espuela de las actividades ajenas, faro de la cultura…

– … Kodak de la casualidad…

– … opinión de los que no la tienen…

– … desesperación del gramático…

– … apóstol de la mentira, cristalización del medio ambiente, palacio de la errata…

La tournée de Dios.
Enrique Jardiel Poncela.
Edit. Blackie Books

Periódicos.

FEDERICO. Bueno, di… ¿Dónde te metes?

– ¿Dónde voy a meterme? En el periódico. Me tiene preso. Ya sabes tú lo que es un periódico… Un vampiro de la inteligencia, un calabozo bien iluminado… Palanca de la edad moderna, altavoz de las acciones humanas…

– … multicopista del pensamiento, trampolín de la gloria…

– … espuela de las actividades ajenas, faro de la cultura…

– … Kodak de la casualidad…

– … opinión de los que no la tienen…

– … desesperación del gramático…

– … apóstol de la mentira, cristalización del medio ambiente, palacio de la errata…

La tournée de Dios.
Enrique Jardiel Poncela.
Edit. Blackie Books

Y más…

Sede central de cafetal, también llamada Gran Cafetal. Departamento de Migajas a Esclavos:

¡Así que la tal Ampharou no sólo es una traidora que nos abandona, sino que además va contando por ahí que somos unos chungos tan grandes como una tonelada de achicoria! ¡Pues se va a enterar! ¡Nuestra venganza será terrible!

¡Sí, enviémosle al burro de Juan Valdés para que se coma la orquideapreciosa que se va llevando de tostadero en tostadero!

No, esa no es suficiente venganza. Además, nuestro inflitrado ya se encargó de espachurrarle la orquideapreciosa contra el suelo simulando un accidente. No creo que la maldita planta sobreviva a esta primavera.

¡Entonces, pongamos un topo en su nuevo cafetal para que le haga la vida imposible!

No serviría de nada. ¿No sabes que a ese sitio se le conoce como Buenrollismo-cafetal? Hasta las malas vibraciones heredadas de épocas pretéritas allí no tienen efecto… Mejor, ya que no tenemos que darle su saco mensual de café molido, hagamos que tampoco pueda conseguir, durante un buen tiempo, la dosis de cafeína en cápsulas de la que tanto se vanagloria ahora. ¡Maldecirá al mismísimo Clooney, muahahahahaha!!!

¡Gran idea, Excelentísimo Cafetero Mayor! Ahí será donde le duela de veras. ¡A ver qué hace sin poder llevarse cafeína al coleto!! Aunque para eso… para conseguirlo… creo que sólo tenemos que dejar que los nuestros trabajen de la forma habitual. Que vamos, que eso, al fin y al cabo, es lo que hacemos siempre, ¿no?

Y más…

Sede central de cafetal, también llamada Gran Cafetal. Departamento de Migajas a Esclavos:

¡Así que la tal Ampharou no sólo es una traidora que nos abandona, sino que además va contando por ahí que somos unos chungos tan grandes como una tonelada de achicoria! ¡Pues se va a enterar! ¡Nuestra venganza será terrible!

¡Sí, enviémosle al burro de Juan Valdés para que se coma la orquideapreciosa que se va llevando de tostadero en tostadero!

No, esa no es suficiente venganza. Además, nuestro inflitrado ya se encargó de espachurrarle la orquideapreciosa contra el suelo simulando un accidente. No creo que la maldita planta sobreviva a esta primavera.

¡Entonces, pongamos un topo en su nuevo cafetal para que le haga la vida imposible!

No serviría de nada. ¿No sabes que a ese sitio se le conoce como Buenrollismo-cafetal? Hasta las malas vibraciones heredadas de épocas pretéritas allí no tienen efecto… Mejor, ya que no tenemos que darle su saco mensual de café molido, hagamos que tampoco pueda conseguir, durante un buen tiempo, la dosis de cafeína en cápsulas de la que tanto se vanagloria ahora. ¡Maldecirá al mismísimo Clooney, muahahahahaha!!!

¡Gran idea, Excelentísimo Cafetero Mayor! Ahí será donde le duela de veras. ¡A ver qué hace sin poder llevarse cafeína al coleto!! Aunque para eso… para conseguirlo… creo que sólo tenemos que dejar que los nuestros trabajen de la forma habitual. Que vamos, que eso, al fin y al cabo, es lo que hacemos siempre, ¿no?

Pros y contras.

Después de una semana en el nuevo cafetal, creo que ya estoy en disposición de hacer una lista de pros y contras con respecto al anterior. Y aunque no lo estuviera, la verdad es que no se me ocurre nada más para postear, así que ahí va la listita:

Pros:

El nuevo cafetal mola. Está en un sitio magnífico, tengo un balcón desde el que si me asomo mucho, prácticamente caigo al mar. Bueno, en realidad, caigo casi a los pies de uno de los monumentos más significativos de esta ciudad, pero una vez caída, me bastaría rodar sólo un poquito para llegar a la playa.

En el nuevo cafetal no nos entrenan para el fin del mundo, ese momento en el que el sol habrá estallado y se precipitará sobre nosotros una nueva era glacial. Aquí saben que para entonces ya no quedará ni el Tato y podemos vivir sin tener que quitarnos constantemente una capa de hielo de encima.

En el nuevo cafetal trabaja muuuucha gente. Pero yo tengo un despacho que comparto sólo con otra persona. Esa persona, además, no grita ni hace chistes de mal gusto, ni me cuenta detalles de su vida que no me interesan ni se interesa por detalles de la mía que yo considero que no le interesan a él. Lo mejor: no hay radio.

Los baños del nuevo cafetal también molan. Para llegar a ellos cruzo una galería de ventanales desde los que se ve la calle. Y están im-po-lu-tos. Todo el día. Que en el anterior curro, llegabas por la mañana y sí, olía a lejía que tú no sabías si sería peligroso cerrar la puerta por aquéllo de la intoxicación por inhalación, pero a medida que pasaban las horas y las señoras que consideran que no hay que sentarse en los baños públicos, aunque sean los de tu trabajo y pases más horas allí que en tu casa, pero que también consideran que para qué van a levantar el asiento o, mejor aún, para qué van a limpiarlo luego de haberlo regado por aspersión, aquello se ponía que si acaso ya aguanto un poco y lo hago al llegar a casa.
En fin, que divago: que estos están impecables todo el día, que parece que hay alguien esperando detrás de la puerta a que tú acabes para entrar a limpiarlos. Eso sí, algo malo tenían que tener,  y es que por lo visto, al señor arquitecto, para ahorrar costes, se le debió ocurrir que para qué vamos a poner un portarrollos en cada servicio. Y una perchita, eso es un despilfarro. Eso sí, no sé yo si al final le cuadraron las cuentas, porque para mitigar el inconveniente de su ausencia, colocó en cada servicio un bidé.

En el nuevo cafetal todo el mundo es simpático a rabiar. Bueno, mejor dicho, simpáticos de tres tipos diferentes, a saber: la gente a la que ya conocía y han sido simpáticos siempre; la gente a la que no conocía y parecen simpáticos y majos; y los que ya conocía, para los que parecía ser absolutamente invisible en cualquier sitio en el que me los encontrara y ahora parece que he adquirido el don de la corporeidad y ellos son mis amigosss amigosss de la muerte.

El nuevo cafetal está más lejos que el anterior. Medio kilómetro, según GoogleMaps. Esto, lejos de ser un inconveniente, es una ventaja, porque, como voy y vuelvo caminando, a velocidad crucero, me pego cada día unos tres kilómetros y medio de lo más parecido al ejercio que hago. Además, como trabajo dos tardes, se le suman dos nuevas ventajas: que hay días que hago doble ejercicio y que, además, no puedo caer desmayada en el sofá después de comer y pegarme una siesta de antología, que como todo el mundo sabe, es la máxima aspiración del criador de lorzas. Vistas así las cosas, preveo que ya para verano, tendré unas cachas de la firmeza (y el color, me temo) del alabastro.

En los últimos tiempos en el antiguo curro dormía como un bebé, es decir, me despertaba cada media hora casi llorando, y me costaba un triunfo volver a dormirme. Además, me levantaba día sí y día no con el mismo dolor de cabeza con el que me había acostado (sé que eran los mismos porque les ponía nombre y cuando los llamaba me contestaban y todo). Ahora duermo toda la noche como un lirón con narcolepsia.

Y éstas son las ventajas que se me ocurren por ahora.

Contras:

… …

..

.

Ya.