
..ya se fue, con todas sus castas, que podría ser el subtítulo del post. Porque después de que se acabara la ‘cima’, me las prometía yo muy felices respecto a la tranquilidad, hasta que me di de bruces con la realidad. Ha sido un mes de asco, de cabo a rabo, en el que todo era para la semana pasada y en el que no he tenido ni un ratito pa’ná. Os he tenido abandonados, he tenido abandonada ca’Ampharou y hasta a mí misma, y es que salir a las tantas de currar día sí y día no, y el que no, hacerlo con la cabeza tan saturada que sólo te apetecía golpearla con una esquina, no es bueno para mi vida social… ni para mi salud mental.
Pero vayamos a lo importante: un post para celebrar que ya está, que se acabó, que cumplió con sus treinta días que parecieron trescientos, aunque sea a tres días después.
Para ello, el cartel con el que conocí y me enamoré perdidamente de Mucha, hace unos cuantos años, en el Museo de Arte de Cataluña, en una exposición sobre carteles de principios del siglo XX. Allí estaba él, y me quedé prendada del humo que salía de esa boca. Me recuerdo anotando todos los nombres en servilletas de papel, nombres que no conocía y de los que quería aprender. El que más se repetía, Mucha, y por méritos propios, se convirtió en parte de mi obsesivo particular.
Aquí, la publicidad del papel de fumar Job. Una maravilla, sin duda. El rostro de la modelo, haciendo émulo de Saritísima en aquello de que fumar es un placer. El cabello, el fondo, el marco que se hacen humo para envolverla.
En cuanto a lo demás que suelo contaros en estas librarys, poca cosa. Poco he avanzado con el libro de Sherlock, y eso que me tiene enganchada. No me queda demasiado y espero acabarlo en estos días. Hilando con el libro, una de las películas que he visto: El signo de los cuatro, basada en una de las historias largas de Conan Doyle, con Peter Cushing. Tremendamente entrañable, como un Estudio 1 con pocos recursos, y bastante prescindible, nos hizo pasar, sin embargo, un buen rato.
La otra película mencionable fue Olvídate de mí, de Michel Gondry, o Eternal Sunshine of the Spotless Mind (recordadme que le envíe una cajita del polvorones al traductor), que ya había visto hace unos años. Me volvió a parecer encantadora. Y absurda, pero sobre todo encantadora.
Seguimos hilando y seguimos viendo Elementary. Y ésta sí que es totalmente prescindible. Y denunciable, por mancillar el nombre de Sherlock en vano, que lo sepáis.
También sigo viendo la séptima temporada de Dexter, paciente y semanalmente. Y que es una temporada normalita tirando a cortita da buena muestra de que puedo esperar perfectamente a que pase la semana para ver el nuevo capítulo sin roerme las uñas hasta la muñeca.
Y seguimos también con Boardwalk empire. Al terminar la segunda temporada nos pareció que había acabado de una forma redonda, que no hacía falta llevar más allá las aventuras de Enoch Thompson, que la spoiler de spoiler había puesto el the end definitivo a la serie. Pues nos habíamos equivocado: ha seguido, y de una forma magistral. La aparición de nuevos personajes le ha dado nueva vida que, a falta de un capítulo para terminarla, parece magnífica.
El mes que viene, o mejor, dentro de unos días, más.