Ampharou’s library: septiembre

Cezanne, Paul (1885-87)_El jarr n azul.0

Se acabó septiembre y con él, toda esperanza de verano. Aunque siga haciendo buen tiempo (¡casi mejor que en agosto!), pero ya no es lo mismo: vamos irremediablemente hacia otro largo invierno. Exactamente igual que otros años por estas fechas, todo hay que decirlo. ¡Pero qué sería de nosotros sin los tópicos!

Pues nada, que septiembre se fue, y hoy volteo este Jarrón azul para dar paso a una nueva ilustración de nuestro pintor del año. No os voy a desvelar cuál es, así me obligo a escribir un nuevo post antes de que acabe el mes. Disfrutad mientras tanto de estas flores, de los colores. De la disposición de esa fruta, como dejada sin querer encima de la mesa. De la textura del lienzo, armazón de la belleza de un jarrón azul y unas flores silvestres.

Agosto y septiembre han sido buenos meses en lo que a lectura se refiere. Después de paladear convenientemente al maravilloso Leight Fermor, me atreví con un libro que me había regalado Beaumont, y que, por una reseña en un artículo que leí, creo que de Jacinto Antón, tenía muchas ganas de leer. Y mi gozo en un pozo. Se trata de El malogrado, de Thomas Bernhard: lo siento, no he conseguido contactar con él. Las ideas en las cuales se urden las poco más de ciento cincuenta páginas son el fracaso, la genialidad, la admiración y la frustración, y la reflexión que sobre ellas se hace me parece espléndida. Pero no he podido hacerme con el tono de la novela. Que esas poco más de ciento cincuenta páginas fuesen un solo párrafo no ha ayudado. Me producía angustia. Pero leído ha quedado.

Ya de vacaciones fue el turno de La fuerza y el viento, de Óscar Lobato. El tercero de mis libros dedicados este año (son los únicos tres que tengo, bien es cierto). Ni una semana me ha durado. Lo he leído a cara perro, reconozco. El cariño que le tengo al autor, y que algunos de los escenarios de la novela sean tan reconocibles han ayudado, pero sobre todo han sido las aventuras de ese trío de arcángeles (Uriel, Miguel y Gabriel) piratas lo que me ha tenido enganchada al libro, algunas veces hasta bien entrada la madrugada.

Hablemos ahora de las series: a estas alturas estamos pendientes de ver el último capítulo de la segunda temporada de Ray Donovan. Si la primera nos gustó mucho, ésta no le va a la zaga. Cada vez va a más, y no vemos el momento de sentarnos con este último capítulo y ver qué hace Ray con todos los enanos que le han crecido alrededor.

A Ray lo simultaneamos con la cuarta temporada de The Killing. La tercera fue una temporada de las que hacen que una serie brille por encima de todas las demás, pero esta tercera ha sido un pequeño desastre (pequeño porque son solo seis capítulos), con un final tan empalagoso y tan fuera de lugar del tono del resto de la serie que más parecía una película Disney que otra cosa.

Y mientras espero que empiece la cuarta de American Horror Story (que veo yo sola, a Beumont no le van esas cosas), seguimos las cuitas de Enoch Thompson en la quinta (y última) temporada de Boardwalk Empire. Cuando acabe, la vamos a echar de menos…

En cuanto a las películas de estos dos meses (acabo de caer en la cuenta que me salté agosto), pues básicamente han sido dos: Cars 2 y Despicable Me 2, así en inglés, que las hemos visto en versión original. Las mil quinientas veces. Cada una. En diez días. Diálogos enteros que me sé, y eso que yo en inglés no paso del hakuna matata..

Bromas aparte, hemos visto Gomorra. La peli, no la serie que pasan ahora no sé por qué cadena. Despiadada, dura, descorazonadora. No me extraña que Saviano esté en paradero desconocido… pero no callado, ojo.

También vimos el otro día X-Men: días del futuro pasado… y qué os voy a contar, que es un gustazo ver en un mismo plano a Michael Fassbender, Hugh Jackman y James McAvoy!

Ampharou’s library: julio

naturaleza muerta con flores y frutos

Ya se acaba este julio inmensamente largo. Largo me lo parece a mí, claro, que a los que habéis estado de vacaciones, o los que todavía apuráis estos últimos días os parecerá ínfimo.

Seguimos con Cezanne. Lo que estoy aprendiendo gracias al calendario de este año y a estos posts con los que os atormento. Por ejemplo, buscando la ilustración que acompaña a estas letras, la Naturaleza muerta con flores y frutos,  he encontrado también ésta otra, La Montaña Sainte Victoire  de 1904. Fijaos bien en la montaña y en el árbol de la izquierda. Ahora fijaos en la disposición del mantel (un tanto rebuscado) del bodegón  y en el ramo de flores a la derecha: Cezanne llegó a reproducir la montaña en 44 óleos y 43 acuarelas, pero parece que, además, la camufló en otras obras, tal era el poder que sobre él ejercía ‘su musa’.

Vayamos con los libros. Bueno, ‘el libro’. Terminé El tiempo de los regalos y Entre los bosques y el agua (como los tenía en un solo tomo, para mí son un único libro), de Patrick Leigh Fermor. Lloré al terminarlo. Pocas, muy pocas veces (y eso lo sabe mi adorado Chatwin) me he encontrado con un libro tan hermoso. Por eso será mejor que le dedique un post aparte: primero, porque apenas hace dos días que lo he acabado y todavía lo estoy paladeando. Segundo, porque se lo merece. Y tercero, quedaría un post demasiado largo y no quiero ahuyentar a mi extenso público (a vosotros dos, quiero decir). Así que un día de estos me pongo y os cuento de don Paddy.

A ver, series… Os dejé en que estábamos con las últimas temporadas (emitidas) de Juego de Tronos y Mad Men. Como podéis suponer, a estas alturas, ya las tenemos más que vistas. Además, nos ha dado tiempo a ver también la segunda temporada de Endeavour (no tiene mucho mérito, a cuatro capítulos por temporada) y la primera de Penny Dreadful (¡ah, tenéis que verla! Ambiente victoriano y mezcla de monstruos clásicos que se citan a sí mismos. Un poquito de Shakespeare, mucha aventura, una mijita de gore, el vozarrón de Timothy Dalton y los ojos y la magistral interpretación de la bella Eva Green, que da muuuucho susto). Y ahora estamos metidos de lleno en Ray Donovan. Nos hemos encontrado (Ray, Beaumont y yo) justo cuando comenzaba a emitirse la segunda temporada, así que nos estamos dando un pequeño atracón de la primera para ponernos al día. Muy recomendable, sobre los entresijos de Hollywood, las mentiras y las apariencias. Además, Jon Voight hace un papelín muy simpático (es mentira. Su personaje es de los que te dan ganas de inflarlo a hostias y él ocupa toda la pantalla hasta cuando no sale).

Ahora llega el turno de las películas. O de la película, para ser más exactos, porque sólo recuerdo (tengo que ir anotándolas) haber visto Viva la libertad, la última que ha estrenado Toni Servillo, el Jep Gambardella de La gran belleza. Que sí, que somos muy pesaditos, pero es que desde la película de Sorrentino nos hemos enamorado de este hombre, y con razón. Porque también tenéis que ver Viva la libertad. Ya luego, si eso, me decís si os recuerda a algo…

El mes de julio ha dado para más. Primero, para la presentación de un libro. No le voy a hacer publicidad, porque Óscar Lobato no la necesita, pero por fin ha publicado su tercer libro, La fuerza y el viento, y el pasado día dieciocho lo presentó en Cádiz. Y allá que nos fuimos, arrastrada por el cariño que le tengo: coincidimos poco más de un año en el cafetal, pero aprendí de él lo que no hay en los escritos. Literalmente. Así que, desde aquí, le deseo la mejor fortuna a este nuevo libro (ni que decir tiene que ya tengo mi ejemplar, con una cariñosísima dedicatoria, esperando a ser leído).

Segundo, y sobre todo, para un reencuentro largamente deseado con la persona más dulce y más achuchable en dos mil cuatrocientos kilómetros a la redonda por lo menos, mi querida India. Aunque al llamarla querida no os podréis hacer una idea de cuánto lo es. Para empezar a sospecharlo, tendríais que haber visto el abrazo de cuando nos encontramos.

Perrísimas que somos las dos, hacía mil que no nos veíamos, cuando apenas vivimos a quince kilómetros la una de la otra. La excusa perfecta nos la dio José Alberto López y su exposición (junto a Mª  Ángeles Robles) Paisaje interior: Arte y sueño en kimono, que a su vez se integra en la exposición Made in Japan que se encuentra en el Castillo San Sebastián de Cádiz hasta el 12 de octubre y que no debéis dejar de ver si pasáis por este trocito de orilla atlántica. De la exposición os diré que es preciosa, aunque lo explican mejor José Alberto y también India. Del día que pasamos… bueno, eso lo saben la piel y las pajarillas del sentío.

 

Ampharou’s library: abril y mayo

cezanneredroof

Mujer de azul y tejado rojo. Ya me he vuelto a columpiar y a saltarme un mes. Y casi son tres, que mira a qué fecha estamos. Pero os traigo los dos cuadros, preciosos, un paisaje y un retrato, de d. Paul. No sé por qué, pero los dos me evocan tristeza, un atisbo de soledad. A pesar de los colores intensos, brillantes incluso en el caso del paisaje.

Terminé de leer La sonrisa etrusca. Ni que decir tiene que cuando cerré el libro por última vez me acometió un llanto inconsolable: por lo hermoso del libro, por lo bellamente que está escrito, por la historia en sí y por todo a lo que me lleva. Y tras un par de días de reposo, empecé El tiempo de los regalos, de Patrick Leigh Fermor, libro de título precioso y más precioso contenido. Sólo la sinopsis basta para atraer a cualquiera, que esté prologado por Jacinto Antón son muchos puntos a favor, y leer la cita que lo comienza, es dejarte enganchada hasta su final:

Abandona tu hogar, y busca costas extranjeras, oh joven: para ti nacerá un estado más grande de las cosas. No cedas al infortunio: el lejano Danubio te conocerá, el frío viento boreal y los tranquilos reinos de Canopo y quien contempla el renacer de Febo y su ocaso haga que, más grande, descienda en arenas extrañas.

Tito Petronio

Mientras tanto, hemos seguido con las series: terminamos (anteayer mismo) la segunda temporada de House of cards. Enormísima. Todo un estudio de cuánto más malo y más ambicioso se puede ser. Kevin Spacey se sale de la pantalla, pero es que Robin Wright es la Lady Macbeth perfecta (¡ay, la pequeña Buttercup!)

También terminé (ayer) la segunda de Hannibal. ¡Qué temporada, madredelamorhermoso! Éste también es malo malísimo, y listo listísimo, pero además da muchísimo susto. Y supongo que ya sabréis por qué…

Y llevamos al día Juego de tronos, que cada vez da más nervios, y seguimos con Mad Men, con la que será la primera parte de su última temporada (no mola nada esto de dividir las temporadas, encima que perdemos las uñas a base de esperarlas, hay que multiplicar esa espera por dos para una menor dosis de capítulos).

Y hasta aquí llegamos. El mes que viene, más. Y si no, para el siguiente.

womaninblue

Ampharou’s library: febrero y marzo

vue-de-l-estaque-et-du-chateau-d-if-paul-cezanne

Este año me propuse no saltarme ningún mes. Y al segundo, ¡ea!, llega febrero, pasa febrero, y yo sólo me doy cuanta cuanto toca voltear la página del calendario. ¿Y quién se resiste a poner esta ilustración? Yo no, claro. Pero ya casi estamos a mitad de marzo, no va a colar… O a lo mejor sí, si fundimos el mes pasado y el presente y lo presentamos como uno solo. Así que aquí está, febrerarzo, con sus dos ilustraciones correspondientes, una al principio y otra al final, que don Pablo no se nos enfade, paisaje y bodegón, o bodegón y paisaje, Vista de L’Estaque y al Chateaux d’If, y Naturaleza muerta con pote verde y jarra de peltre. Hasta los nombres son hermosos.

Acabé el último libro de Ian McEwan, Operación Dulce. No es su mejor libro, y tampoco es el peor, o mejor dicho, no es el que más me gusta y tampoco el que menos, pero me ha divertido mucho el inesperado final, del que no voy a hablar, claro, no está en mí destriparle a nadie la historia.

Después de Operación, me he entregado a los brazos de José Luis Sampedro y a La sonrisa etrusca. Llevo apenas cien páginas leídas, y al menos noventa y cinco lo he hecho con un nudo en la garganta. Lo leo en la cafetería, y no me gusta que me vean llorar en público, pero ayer, lo siento, una lágrima contra la que luché a vida o muerte a base de intentar tragar el nudo, terminó rodándome por la cara. Ya os seguiré contando.

Seguimos con las películas. Ya os conté que vimos La gran belleza. Cuando ganó el Oscar, para celebrarlo, volví a verla. Claro que entre la primera vez y ésta, la he visto unas cuantas veces más: algunas, entera; otras, los trozos que más nos gustan. Me sigue pareciendo prodigiosa, triste y hermosa a la vez. Me temo que seguiré viéndola muchas veces más.

Y gracias a La gran belleza, descubrimos a Sorrentino y a Servillo, así que hemos visto también todas las películas que han hecho juntos: Il divo (no, gracias a dior nada que ver con esa cosa que la Wikipedia llama grupo internacional de ópera-pop), La consecuencia del amor (que me gustó extrañamente) y L’uomo in piu, agradeciéndoles a los dos que se embarquen en historias, al menos, tan sorprendentes.

Como homenaje a Philip Seymour Hoffman vimos Capote, que nos convenció (¡como si no lo estuviéramos ya!) de que hemos perdido a un actor como la copa de un pino.

Ahora las series. Las dos primeras temporadas de American Horror Story me duraron un par de semanas. En vena, que se dice. Definitivamente, Jessica Lange es el alma de esa serie.

Terminamos de ver (ésta está todavía calentita. El último capítulo lo devoramos este mismo lunes) True detective. Mucho es lo que se ha dicho de Matthew McConaughey (yo incluso diría más si tuviera forma de pronunciar su apellido), pero en esta serie es más todavía. Nos toca hacerle homenaje por su Oscar viendo la peli que se lo ha dado. La serie es, desde luego, redonda.

Y empezamos a ver la segunda temporada de House of Cards, que si Matthew se sale, lo de Kevin Spacey es ya de antología. Su personaje de Francis Underwood merece subir a los altares de los malos malísimos pero ya.

Y hasta aquí hemos llegado. El mes que viene, más. Lo prometo.

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Ampharou’s library: enero

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Ya está aquí, ya llegó, el calendario del 2014. Ya lleva un mes, de hecho. Porque aunque parezca que hace cinco minutos que nos estábamos comiendo las uvas, ya nos hemos pelado el mes de enero. Ea! Pero todavía llego a tiempo para presentaros a Cézanne, aunque creo que ya lo conocéis todos. Enero termina con un bodegón suyo, pero tenemos todo un año por delante para ir descubriéndolo y para disfrutar de él. Espero darle mejor vida que la que le di el año pasado al pobre señor Lowry.

Tengo que daros una buenísima noticia: por fin me terminé El final del desfile, de Fox Madox Ford. He disfrutado muchísimo de ella, pero se me ha hecho eterna, al no tener todo el tiempo que me hubiese gustado para leerla. Leer un ejemplar de mil páginas a ratines diarios de veinte minutos puede hacerte perder todo el furor lector (no tanto si es una magnífica novela como ésta, claro), pero lo acabé, como una campeona, y deseando pasar al siguiente.

Mes de series: empezamos y terminamos Sherlock. Es lo malo que tiene una serie de tres capítulos. Y lo peor, es que tendremos que esperar al menos un año para la siguiente temporada. Esta tercera temporada ha provocado reacciones encontradas en casa: Beaumont la odia, Lorah la adora y yo me encuentro entre los dos, tirando más a la esquina de ella que a la de él.

También me terminé (ayer mismo) la tercera temporada de American Horror Story ¡Bien! ¡Ya estoy lista para empezar con las dos primeras! Me ha gustado mucho, me parece tan excesiva que no da ni miedo. Otra cosa es que quiero empezar a ver Hannibal… y ésta ya me da un poco más de respeto.

Hemos empezado (tres capítulos llevamos) True detective, y tengo que deciros que tiene una pinta fantástica. Matthew MacConaughey nunca ha sido santo de mi devoción, sólo lo soporté en Lone Star, pero en lo que llevamos de serie me ha encandilado, igual que todas las muecas de Woody Harrelson. Apuntaos la serie. Aunque sólo sea por la entradilla, merece la pena. Luego ya me contáis si conseguís desengancharos de ella.

Llega el turno de las películas: In the mood for love sigue siendo maravillosa. ¡Y pensar que la descubrí por un anuncio de coches! La mejor oferta, de Tornatore, con un Geoffrey Rush magnífico.

También vimos La gran belleza, de Sorrentino. Soy muy pesada con esta película, pero es lo que tenemos los obsesivos. La primera vez que vi (probando) la primera escena, se me hizo un nudo enorme entre la garganta y los ojos, tanto que no creí que fuese capaz de verla entera. Y sí que fui, gracias a dior. Rendida a sus fotogramas me hallo ahora, a la belleza de sus imágenes y a la simpleza de lo que cuenta. A su protagonista, que con su primera frase, ya sienta la base de lo que será el resto de la película. En fin, que vosotros veréis. Si os la perdéis, luego no vengáis quejándoos.