Ayer fue mi cumpleaños. Un montón de años, tantos, que nunca he sido tan mayor como hoy. Los últimos han pasado como un suspiro. Vamos, que la última vez que los conté, tenÃa treinta y siete. Luego recuerdo una frase de Beaumont sobre mis cuarenta y en un pispás, ya estoy a dos pasos del medio siglo. Y a estas alturas, empiezo a recoger los intereses de mis herencias: los malos huesos de la tÃa Juana me rentan una artrosis incipiente que se empeña en recordarme que tengo dedos en las manos, como si no lo supiera. Y la miopÃa de la tÃa Ana se incrementa en una presbicia de abuela prematura que ya corrijo con lentes progresivas.
Y sin embargo, ha sido un buen cumpleaños: lo he pasado con mi chico y mi chica favoritos, que me han mimado en sobremanera. Ha corrido el champaña (supongo que para que no lo pilláramos) y hemos comido cosas ricas ricas. Me han regalado cosas preciosas, canciones maravillosas, fotografÃas impresionantes, reseñas fantásticas e ilustraciones adorables. Hasta un vÃdeo descacharrante. Y lo mejor de todo: todas vuestras felicitaciones, vuestros buenos deseos, todas vuestras palabras. Asà da gusto hasta cumplir años.
