Ampharou’s library: abril

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Bueno, ya termina el mes de abril. El más raro que haya vivido, al menos desde que tengo memoria, en el que solo he salido a la calle anoche a tirar la basura. Y tengo el contenedor a escasos cuatro metros del portal, y aun así me resultó rarísimo salir.

En fin, sigamos. Me he prometido no daros la turra con lo del confinamiento, así que vamos al lío.

El cuadro de este mes lo he disfrutado muchísimo. Alejandro me ha estado acompañando todos los días, porque lo tengo colgadito en el despacho desde el que he estado trabajando, así que hemos estado juntos muuuuchas horas. Os lo presento: se trata de La familia de Darío ante Alejandro, del Veronés (ahora que caigo, eran muy aficionados en la época a ponerle apodos a la gente). El cuadro recoge el momento en el que Sisigambis, la madre de Darío, confunde a Hefestión con Alejandro y éste la saca de su error diciéndole que También es Alejandro. En el detalle de mi almanaque no aparece Estatira, esposa y hermana de Dario (¡¿?!), que también se postra ante el macedonio pidiendo misericordia después de la derrota, misericordia que Alejandro insistió que fuera tratamiento de reyes.

Vamos con el Veronés. Es bastante sencillo identificar sus obras, normalmente de gran tamaño, con ese sentido de la teatralidad y los escenarios arquitectónicos que cobran tanta fuerza como los protagonistas de los cuadros. Pero sobre todo por la suntuosidad de los ropajes de los personajes de sus obras, vestidos a la moda veneciana, con colores brillantes (¡ay, ese verde Veronés!) y la introducción de elementos exóticos y anacrónicos  (ojo al monito que juega con la cadena encima del muro. Os dejo el enlace de la National Gallery por si queréis observar el cuadro al detalle).

Me da mucha vergüenza deciros que no he leído prácticamente nada: solo me terminé el libro de Joan Didion, El año del pensamiento mágico, y no es ninguna heroicidad, ya que solo me quedaban unas veinte páginas. Pero es que soy incapaz de concentrarme en los ratos que tengo libre, y los libros que tengo entre manos necesitan un mínimo de atención.

Nos terminamos la quinta temporada de Better call Saul: magnífica, como siempre, ya se empieza a vislumbrar al Saul Goodman que todos conocíamos. También empezamos con la tercera de Westworld, a la que agradezco enormemente que se haya abierto un poco y no sea tan críptica como la anterior.

Por mi cuenta empecé a ver Hand of God, que no, no va de Maradona, y recogiendo el testigo de mi él, Historias del bucle. He visto demasiado poco de ambas, así que esperaré a tenerlas más avanzadas para contaros algo.

Y hasta aquí este library. Espero tener algo más que contaros el mes que viene. Sed prudentes, sed responsables y cuidaos mucho.

Ampharou’s library: marzo

 

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Son tiempos de congoja. Empezó la primavera y ni siquiera nos hemos dado cuenta (tampoco ha acompañado el tiempo y menos mal). A estas alturas no os voy a hablar de la pandemia, ni de lo mal que estamos, ni de lo difícil que es quedarse en casa… De la pandemia y sus consecuencias mejor que hablen los que saben. De lo de quedarse en casa, pues eso, qué os voy a contar que no sepáis. Pero es lo que toca. Es responsabilidad.

Hoy solo os quiero traer el mes de marzo a este Ampharou’s library. Quizá saquéis ideas para pasar el rato.

Marzo en mi calendario es El Temerario remolcado a su último atraque para el desguace, de William Turner. Es uno de mis favoritos del artista, tanto es así que nos trajimos de Londres una reproducción para ponerla en casa.

La luz de los cuadros de Turner, el estilo romántico con que impregnaba sus creaciones con ese apasionamiento por la naturaleza… rebuscad también en sus acuarelas y podréis disfrutar de la obra magnífica de este autor.  Para acercaros a él, hay una película de 2014, Mr. Turner, dirigida por Mike Leight. Es un poco larga, pero seguro que os hace enamoraros un poco de él.

De lecturas sigo tan vaga como el mes pasado. No he terminado ninguno de los que tenía empezados, y aún así, por no llevar ninguno de los dos a una escapada que hicimos a Madrid aprovechando el puente del Día de Andalucía -¡justo a tiempo! (el de Joan Didion es una edición demasiado bonita para aventurarme a que se estropeara en el viaje, y Solenoide podría haberme provocado una escoliosis al cargar con él), me empecé Sur, de Antonio Soler que, sí, adivinad, tampoco he terminado ¡Madre mía, cuánta faena acumulada!

De series, terminamos The New Pope, altamente recomendable y empezamos la quinta temporada de Better call Saul. Está siendo muy grande esta serie. Empezó siendo un spin off de Breaking Bad y para mi gusto, ya la ha superado con creces.

También hemos empezado La conjura contra América, lo nuevo de David Simons (sí, el de The Wire) sobre un libro de Philip Roth. Hasta ahora sólo hemos visto el primer capítulo, pero tiene muuuy buena pinta.

Al cine, evidentemente no hemos ido. Sí fuimos, como he comentado más arriba, a Madrid cuatro días a principios de mes. Exceptuando un ‘pequeño’ inconveniente, el viaje fue estupendo: estuvimos del Prado al Thyssen y del Thyssen al Prado. No había estado nunca en ninguno de los dos, y el Prado… bueno, es El Prado. Aprovechad ahora las visitas virtuales que hacen, con las explicaciones a algunos cuadros (esto lo podéis ver en su Instagram, no sé si en su página también, para volver. Todas las visitas que podáis hacerle nunca serán demasiadas.

Y el Thyssen… bueno, fuimos más que nada por la exposición temporal que tienen ahora Rembrandt y el retrato en Ámsterdam, donde me reencontré con mi querida Hendrickje (quédate con quien te pinte como Rembrandt pintaba a Hendrickje). Cada vez que pienso en esa exposición, magnífica por otra parte, allí cerradita y sin nadie que pueda verla… También disfrutamos, claro, de la exposición permanente (¡madre, ese Chagall, cuánto me hizo llorar!) y de la colección Carmen Thyssen. Aprovechad que tienen también visitas virtuales, incluso de la exposición de Rembrandt.

Y recordad: llegará un día de primavera (da igual el mes que sea) en que todos volveremos a la calle y volveremos a abrazarnos y volveremos a besarnos.

Ampharou’s library: febrero

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He estado estos días repasando el blog (o lo que queda de él) para ver qué había quedado y también un poco por nostalgia, así que me he encontrado con aquellos Ampharou’s library que mantuve unos cuantos años. Para los que no sepáis  qué era, o no os acordéis, era un post que escribía (más o menos. En las últimas épocas más menos que más) mensualmente. Aprovechaba el almanaque que todos los años compramos en la Ca’Ampharou real, cada año de un pintor distinto, os enseñaba el cuadro que tocaba cada mes y aprovechaba para contaros los libros que había leído y las películas y series que había visto durante ese tiempo.

Así que los he estado repasando y me ha dado penilla. Más que nada porque este año tengo un almanaque divino, que nos trajimos mi él y yo de la National Gallery cuando estuvimos el año pasado en Londres y sería una lástima que quedara para nosotros solos. Así que he decidido retomar la serie (tarde, que ya me he saltado enero) y aquí tenéis la primera entrega.

Febrero se corresponde con La Venus del espejo, de Diego Velázquez. Si os digo la verdad, conocía la obra pero no había reparado mucho en ella… hasta que la he tenido delante. Es de agradecer que los señores de la National hayan tenido el buen gusto de repartir bancos o sillones Chester por sus salas, y que uno de ellos haya caído casi enfrente de esta obra. Te sientas delante y el tiempo no pasa. O sí que pasa, mientras intentas descifrar qué quiere decirte el rostro que se esconde en el espejo, que es el centro físico y vital de la obra, allí donde se dirige la mirada, más allá del quiebro delicado de la cintura de la Venus, más allá de la pose juguetona del Cupido  (¿sujeta el espejo o está atado a él?).

En cuanto a lectura… bueno, pues estoy un poco vaga, todo hay que decirlo. Sigo con Solenoide, de Mircea Cӑrtӑrescu, desde (vergüenza suprema) Reyes del año pasado. Lo voy leyendo a ratos, es bastante denso y muchas de las imágenes que describe son complicadas de digerir.

El que sí me terminé fue Máquinas como yo, de Ian McEwan. Mi querido Ian nunca defrauda (bueno, sí, alguna vez me ha dejado picueta y con la cara torcida), siempre poniendo a los personajes y al lector en la situación más incómoda imaginable.

Y ahora dedico mi tiempo de desayuno a El año del pensamiento mágico, de Joan Didion, con unas maravillosas ilustraciones de Paula Bonet. Un libro durísimo y tremendamente triste. Ya os hablaré más de él cuando lo termine.

En cuanto a lo visto, la tercera temporada de The Crown, que supera con creces las dos primeras (Olivia Corman está divina), la tercera de La maravillosa señora Maisel, un poquito más floja que las dos primeras, pero descacharrante también. Vimos Drácula: atención aquí. Son tres capítulos de hora y media cada uno. Los dos primeros son estupendos, Drácula y Van Helsing se comen el uno al otro en la pantalla… pero ¡ay, madre mía el tercero! Os lo podéis ahorrar, directamente. Quedaos con el buen gusto de los dos primeros y decid que habéis visto una buena serie.

También intenté ver The Witcher. Mira que sale Henry Cavill y mira que está rico. Mira que incluso me tragué su infumable Superman y el horror aquél donde Ben Affleck hace de Batman. Mira que vi dos capítulos, pero de ahí no pude pasar, así que hasta aquí llega mi crónica de El brujero.

Otra con la que tampoco pude fue Carnival Row. Cara Delevigne poniendo morritos de hada  todo el rato me producía sarpullidos.

Y otra con la que me tenía que haber quedado con las ganas fue Years and years, pero me produjo curiosidad, y ya sabéis que la curiosidad mató al gato.

Ahora dedicamos nuestro tiempo libre a The new Pope, continuación de The Young Pope de Sorrentino. No solo no desmerece la primera parte, sino que John Malkovich añade un plus a lo que ya era muy bueno. Y Voiello, ese Voiello…

Me está quedando un poco largo el post, pero no quiero terminar sin contaros las veces que hemos ido al cine. La mayoría de ellas han sido para ver documentales de arte (¡bendita costumbre que están cogiendo los cines de diversificar la oferta!). Así, hemos disfrutado de Rembrandt, Van Gogh, Tintoretto, El Prado enterito, Las Meninas en particular. Os los recomiendo totalmente. Eso sí, debéis estar atento, normalmente sólo las pasan un par de veces, lunes y martes.

También vimos 1917 (y el Joker, pero de esa hace más rato). La de Sam Mendes, una película estupenda, que me mantuvo en vilo y acongojada toda la proyección. Vedla, pero vedla en el cine, merece la pena.

Y hasta aquí llegamos con febrero. Seguro que me dejo algo, intentaré hacer memoria. Para el mes que viene, más.