Soy lo que se suele llamar una saboría. Carezco por completo del gen que se nos presupone a los que nacemos al sur del sur, y ni gracia, ni salero ni nada que se le parezca: soy incapaz de seguir un compás con las palmas, no digamos ya cantar y bailando parezco un click de famobil con epilepsia.
Soy de pronto antipático. Cuando me conozcas, seguramente será la impresión que te daré, y seguramente, también la conservarás hasta que nos mandemos mutuamente a la porra.
Han dicho de mí que soy mala gente (en documento público), que hago daño a mi alrededor (en documento privado. Y sí, éste también lo conservo), y el último epíteto que me han dedicado (verbalmente y con testigos) es el de seca.
Y estos son los motivos (no están científicamente comprobados, pero es que no le encuentro otra explicación) por los que estoy segura que, ante un ataque masivo de mosquitos hambrientos, soy la única de cuantos me rodean que sale sin un solo picotazo.
