Conversaciones con mi padre #3: Futuro

800px-Queen_Olga_of_Greece

M.A comparte mesa con mi padre durante las comidas en Balmoral*. M.A. tiene noventa y dos años, una cara de puro melocotón, el porte de una duquesa rusa y, normalmente, los modos de una princesa Disney. Al menos, hasta la hora en la que los visitantes debemos marcharnos, que coincide, por las tardes, con la hora de la cena: entonces M.A. se enfada un poco porque su hijo no quiere quedarse a cenar con ella. Él unos días utiliza la táctica de decirle que no le dejan, otras, que no hay sitio en la mesa para él (error, M.A. termina echando a alguno de los residentes) y, últimamente la más socorrida, por ser también la más efectiva, es decirle que lleva toda la tarde sin fumar y que va a aprovechar que ella está cenando para echar un cigarro y enseguida vuelve. Yo, algunas tardes en las que lo veo más apurado, le ayudo reafirmando lo del cigarro y apuntándome al supuesto volver enseguida.

Hace algunas tardes, M.A. se convenció rápidamente y dejó ir al hijo al supuesto pitillo. Yo estaba despidiéndome de mi padre y ella, risueña y habladora como estaba, se disculpó con mi padre en nombre del hijo porque éste no le había invitado a que lo acompañara a fumar. Yo le dije que no se preocupara, que mi padre no fumaba ni había fumado nunca.

¿Pero nunca, nunca?

No, M.A. Nunca.

¡Ay, qué suerte tiene! ¡Si no ha fumado nunca, qué vejez más buena va a tener!

Noventa y dos años que tiene M.A. Ochenta y siete que tiene mi padre.  ¡Qué vejez más buena van a tener!

_________________

*Lo de Balmoral es una pequeña broma familiar. Mi madre se parece tanto a la reina Isabel de Inglaterra que me extraña que todavía no la hayan llamado de la productora de The Crown para protagonizar la sexta o séptima temporada. Cuando vamos a su casa decimos que vamos a Buckingham, así que por ende, la residencia de mi padre es Balmoral.

Conversaciones con mi padre #1

album008

La frase que más me repite mi padre últimamente es ¡Cuánta ilusión le hizo a mi madre comprarse este campiño, y cuánto le gustaba, en sus ratos libres, venirse ella sola a plantar sus habichuelillas y sus coles! Entonces yo le pregunto por todas las cosas que tenía aquel huerto, si también había árboles frutales, si tenían animales, o si siempre iba ella sola o también iban  él y sus hermanos a ayudarla. Él me lo explica todo, emocionado, y cómo su madre después cubrió todo el campo y solo dejó los arriates que lo rodean donde plantó sólo cosas bonitas ¡¿Y no van a ser bonitas, si las plantó mi madre?!

Mi padre tiene Alzheimer. Ese campiño es la azotea de la residencia donde vive desde hace algo más de un año. Una azotea bonita, rodeada de arriates con rosales, pequeños manzanos, jazmines y muchas plantas aromáticas donde los familiares pasamos las tardes con los residentes cuando el tiempo acompaña (¡bendito verano!). Mi padre se quedó huérfano muy pequeño. De lo único de lo que le he oído quejarse en toda mi vida es de eso, de lo pronto que se le fue su madre y la faltiña que le hacía.

Mi padre es un hombre fuerte y valiente. Marinero, ha recorrido medio mundo y un poco más. Así que nunca supo rendirse y ahora tampoco. Cuando le pido que me cuente algún cuento, me dice que no sabe dónde los ha puesto, pero en lugar de rendirse al olvido, se inventa nuevos recuerdos. Hoy cumple ochenta y siete años.