Ampharou’s library: agosto 2021

A lo justo y por los pelos, que se nos acaba agosto y todavía no os he enseñado el precioso cuadro que lo corona en mi almanaque, así que vamos a ello.

Se trata de la Santa Catalina de Alejandría, de Rafael Sanzio. La ilustración de mi almanaque solo recoge un fragmento, el busto, y es una lástima porque es una obra para admirarla entera. En ella aparece Santa Catalina, mártir cristiana, quizá la más representada durante el barroco, con la rueda, símbolo de su martirio (aunque al final fuera decapitada), en éxtasis, con la mirada al cielo y una mano en el pecho y sobre un paisaje árido.

La figura, monumental, destaca por su postura: apoyada en la pierna derecha, hace un tirabuzón con el cuerpo, dirigiendo las caderas hacia la izquierda, el pecho hacia la derecha y la cabeza de nuevo hacia la izquierda del cuadro. Esto, unido al diseñó retorcido del peinado y de la tela amarilla que la envuelve por la cadera, confiere dinamismo a la imagen de la santa, que recuerda en la pose a la Leda de Leonardo, que Rafael había copiado poco antes de pintar a esta santa Catalina.

Como siempre, os dejo el enlace a la página de la National Gallery donde podéis encontrarla.

Sigo ahora con las lecturas. Bueno, con la lectura, que lo único que he hecho es terminar el que os comenté el mes pasado, El ferrocarril subterráneo, de Colson Whitehead. Magnífico libro, sí señor, más duro que la serie, que suaviza la historia (sin dejar de ser tremenda) con el toque onírico que le da Barry Jenkins. Vuelvo a recomendaros encarecidamente tanto el libro como la serie.

Y sigo con las series: el visionado anual de Yo, Claudio, que no puede faltar cada verano en Ca’Ampharou, y en ella estamos, aunque Claudio ya está viejito y no le queda demasiado. Retomamos también Gangs of London, que habíamos empezado hace unos meses. Error. Teníamos que haberla dejado ahí. El último capítulo es un despropósito detrás de otro y se carga por completo el buen comienzo que tuvo. Os la podéis ahorrar sin ningún remordimiento.

Y ahora os voy a hablar del descubrimiento del mes. ¡Qué digo del mes, del año!! Estoy absolutamente enganchada y fascinada por Inside n. 9. Es una serie inclasificable. Humor británico, ahí lo dejo. La pareja de cómicos Reece Shearsmith y Steve Pemberton, creadores y que aparecen en todos los capítulos, dando vida a los más variados personajes. Capítulos de media hora, autoconclusivos y sin nada que ver entre ellos. De miedo, de risa, tiernos. Siempre sorprendentes, eso sí. Lo único que tienen en común es que todos se desarrollan dentro del número nueve. Y el nueve puede ser cualquier cosa: una planta de hotel, un coche patrulla, una cabina de karaoke, la casilla de un calendario de adviento… Todo es posible y nada es lo que parece. Me he visto casi sin pestañear las cinco temporadas que tenía disponibles Filmin… ¡¡Y hoy se estrena la sexta!! Así que me voy a dar prisa, que tengo faena…

Cuando terminé las cinco temporadas que os comentaba arriba, me quedé con ganas de más, y bicheando en internet me enteré que esta pareja tenía un par de series anteriores. Así que me dispuse a verlas y así di con Psychoville. Inside n. 9 repite algunos de los personajes de ésta y son absolutamente memorables. Divertida, desvengonzada, me queda solo un capítulo de la primera temporada (son dos)  y ya estoy deseando ver más.

Como os he dicho, tengo una serie que meterme en vena. Cuidaos, quereos y sed buenos.

Ampharou’s library: agosto

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Un suspiro. Eso es lo que le queda a agosto. Suspiro y medio como mucho. Un agosto raro, eso sí, pero vamos, que con el año que llevamos, ya nada debería sorprendernos.

Agosto fue Tiziano. El Baco y Ariadna de Tiziano, para ser exactos, un precioso y preciosista cuadro que tuvimos la suerte de disfrutar en la National Gallery. En él se describe el momento en el que Baco, que está en plena celebración por su regreso de Egipto (loquísima fiesta, diría yo), encuentra a Ariadna, que ha sido abandonada por Teseo (que ya le vale, después de que le ayudara a derrotar al Minotauro) en la isla de Naxos  y se enamora perdidamente de ella.

Se pueden apreciar elementos clásicos de la iconografía de estos personajes (mi él os lo explicaría mucho mejor), como podría ser la guirnalda de vid sobre la cabeza de Baco, así como los sátiros y ménades que lo acompañan, o la Corona Borealis que representa a Ariadna y que podemos ver en el cielo sobre su cabeza, y que es la corona que Baco lanzó al cielo cuando le prometió las estrellas a Ariadna para que se casase con él  (que el dios sería un crápula y un disoluto, pero arte para cortejar a una señorita no me digáis que no tenía).

La obra pertenece a una serie que encargó el duque de Ferrara para decorar un camerino de su palacio ducal a Tiziano, Bellini y Dosso Dossi con escenas mitológicas tan del gusto de la época.  La pintura es exquisita, con colores vibrantes y puros, y dividida cromáticamente en dos partes cuya diagonal nos lleva directamente a Ariadna: los colores vivos para la escena principal, y pardos y ocres para la cohorte de Baco.

Como siempre, os dejo el enlace a la obra en la página de la National, para que podáis bichearla a gusto y profundizar más en ella.

Por fin me acabé Solenoide, de Mircea Cărtărescu. Dios y ayuda me ha costado. Es un libro interesantísimo pero sumamente denso y oscuro. Os lo recomiendo porque está magníficamente escrito, pero tenedle paciencia.

Y ya me he empezado Monsieur o El Príncipe de las Tinieblas, la primera parte de El quinteto de Aviñón, de Lawrence Durrell. Aquí ya llevo mejor ritmo. Ya os iré contando…

Series: terminamos Retorno a Brideshead (¡ay!) y seguimos con Yo, Claudio. Todavía no hemos designado sucesora para las noches de los fines de semana, que es cuando solemos verlas. Para unas tardes más aburridas de lo normal, nos enganchamos a The Umbrella Academy. Es simpática, tiene algunos personajes que son caramelitos  y, bueno, se disfruta en general.

De las que veo yo sola después de cenar, llamando al sueño antes de ir a la cama, este mes ha dado para tragarme, literalmente, las tres temporadas de Dark. No os voy a decir nada de ella. Bueno sí, que es una serie alemana muy bien hecha, que me ha encantado, que he flipado con el casting y que si os vais a disponer a verla, os arméis con un cuaderno y un boli. De nada. (Por cierto, si alguien la ha visto, que se manifieste, ¡que estoy loca por comentarla con alguien!)

Después vi Turn up Charlie, una miniserie (supimos que era una miniserie cuando nos enteramos que no renovaban para la segunda temporada) británica, donde Idris Elba (¡ay, omá!) se lo guisa y se lo come. Facilita, y es que la combinación tipo rudo y con miedo al compromiso que se ve obligado a hacerse cargo de un niño, ha funcionado desde Cateto a babor, solo que aquí el cateto es Idris, el niño es una cría que es, con diferencia, lo mejor de la serie, San Fernando es Londres y en vez de llevarse al niño al parque de atracciones, se lleva a la cría de rave a Ibiza, donde todo el mundo va puestísimo de todo. Por modernizar el relato será.

Y ahora estoy con Dead to me. Llevo cuatro capítulos, así que tampoco os puedo contar demasiado. Por ahora se deja ver.

Y hasta aquí lo que ha dado de sí agosto. A los que volváis de vacaciones, bienvenidos, espero que la vuelta no se os haga demasiado cuesta arriba. A los que os vais ahora, disfrutadlas. A todos, prudencia, mucha. Poneos las mascarillas, seguid guardando las distancias y lavaos mucho las manos aunque os estén empezando a salir escamas, que quiero seguir viéndoos a todos por aquí. O por los bares mejor, cuando todo esto termine.

Ampharou’s library: julio

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De abril a julio y tiro porque me toca: que una dice que va a escribir más a menudo y se le viene una pandemia de nada y ya tiene la excusa perfecta para estar meses sin aparecer por aquí. Precioso está eso, vamos…

En julio nos acompañaron en nuestro almanaque Los embajadores, de Hans Holbein el Joven, pintura de 1533 (os dejo su enlace en la página de la National Gallery, por si queréis bichearla a fondo). Quizá una de las obras más enigmáticas de las que vimos en el museo, también una de las más imponentes, casi cuadrada, de poco más de dos metros de lado, con lo que sus figuras se aproximan bastante al tamaño natural.

Realmente no sabría decir si esas figuras son la excusa para un bodegón (el que se encuentra entre ambas) o si el bodegón es la excusa para los retratos: Jean de Dinteville, el joven de la izquierda, embajador de Francia en Inglaterra, y su amigo Georges de Selve, obispo que había sido embajador ante Carlos V, Venecia y la Santa Sede. Todo el cuadro está lleno de simbolismo, tanto los ropajes de los personajes, en todos los  objetos que se encuentran en la consola que hay entre ellos e incluso en los que parecen encontrarse fuera de lugar, como ese ‘hueso de sepia’ (así dio en llamarse) que parece flotar entre los hombres o el crucifijo colocado en la esquina superior izquierda, tan fuera de plano que en algunas reproducciones ni aparece.

Sin duda, lo que más extraña y llama la atención del cuadro es precisamente ese hueso de sepia que no es más que la representación anamórfica de un cráneo humano. Así el supuesto bodegón quedaría convertido en un vanitas, recordándonos de lo vacía que realmente es la vida, todos sus aconteceres y sus cuitas, frente a la omnipresencia de la muerte.

Si queréis profundizar en la obra, cosa que os recomiendo, leed la reseña en la misma página de la National o la que podéis encontrar en Wikipedia.

Lo de mis lecturas lo vamos a dejar pasar, en serio. No haré ningún comentario más si no es en presencia de mi abogado. Tampoco haré la promesa de leerme El quinteto de Avignon en vacaciones.  ¡Pasad de largo de este párrafo ya, malditos!

Series: como cada verano desde hace ya unos cuantos, estamos con Yo, Claudio. Sigue siendo una maravilla verla. Y a cada capítulo vuelvo a repetirle a mi él que tiene que leerse los libros de Robert Graves. ¡Yo los disfruté tanto!

A las series vintage le hemos incorporado este año Retorno a Brideshead. Siempre le he tenido cariño a esta serie, aunque no la recordara demasiado. Con ella me enamoré de Jeremy Irons, y, como contaba el otro día en otra red social, ahora me he enamorado del Sebastian Flyte de Anthony Andrews. Estoy considerando buscar la novela en una librería de viejo y empapármela en cuanto pueda…  (de hecho, acabo de comprarla mientras escribía esto…)

En estos meses que os he tenido abandonados, nos terminamos la tercera temporada de Westworld (que podéis obviar tranquilamente, no os vais a perder nada), terminé Tales from the Loop, que al final vi yo sola (mi él no estaba por la labor) y ha sido de las que más he disfrutado este año: ese toque cotidiano de lo sobrenatural y la tecnología, la calma, la vida, la muerte, la soledad como protagonistas. La magnífica banda sonora. ¡Os la recomiendo encarecidamente!

También vi Penny Dreadful: City of Angels. Haceos un favor y no os acerquéis a ella ni con un palo. Penny Dreadful solo tiene las tres temporadas anteriores. Esta, además de no tener nada que ver con ellas, no tiene ni pies ni cabeza, pero sí tiene a Natalie Dorman, así que ¡huid!

La semana pasada terminé Las Luminarias (tenía que volver a por Eva Green después del desastre de la que os he comentado antes).Solo seis capítulos, una historia un tanto enrevesada, la narración bastante liosa, con continuos saltos en el tiempo, algunos cabos sueltos al final, pero en conjunto me ha dejado buen sabor de boca.

Echamos algunas tardes viendo La monja guerrera: monjas ninjas que luchan contra demonios en Málaga ¿qué puede salir mal? Es una tontería de serie, pero de las que enganchan (llegamos a ver cinco capítulos del  tirón). Además, una de las localizaciones me trajo muy buenos recuerdos de hace muuuchos, muchos años. Para pasar el rato y ya está.

Y anoche terminé de ver Unorthodox. Gran serie, aunque sean solo cuatro capítulos y encuentre el final un tanto almibarado. No os cuento más, ¡vedla!

Cine poco. En sala nada, todo en casa y el que han ido poniendo en la tele. Me pareció muy interesante Relatos salvajes. Vi (y lloré, como no podía ser de otra forma) Cinema Paradiso. Anoche vi La heredera, y he rogado a La 2 de Televisión Española que no programen más Historias de Filadelfia, que se nos mueren los grandes.

Seguid siendo responsables. Usad la mascarilla, no os amontonéis por muchas ganas que tengáis. Besaos y abrazaos con la mirada. Llegarán tiempos mejores y tenemos que estar aquí para verlos. Todos.