
¿No es verdad, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando al día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor?
Terminamos octubre y nos damos de bruces con noviembre, y para darnos de morros, ahí tenemos la fiesta de Todos los Santos, los Tosantos gaditanos, con sus mercados adornados, sus huesos de santo, sus nichos limpios (y tan limpios, como que en la ciudad ya no queda ninguno y los gaditanos pasamos a mejor vida -si existiera una mejor vida que la de estar en Cádiz- en municipios cercanos). Así que aprovecho esta víspera para entonar el mea culpa de postear octubre tan tarde y para romper una lanza por los Tosantos, sin denostar por ello el Halloween del truco y el trato. Que cada uno piense en sus muertos como quiera y cuando quiera y se divierta como tenga a mejor entender.
Mi queridísima India, impulsora de esta sección, me ha preguntado algunas veces de dónde saco las imágenes que ilustran mis posts (del anterior, con la niña del sexto sentido, no me ha preguntado: se ha acordado directamente de mis ancestros). Casi en cada artículo que cuelgo, tardo más en buscar la imagen que en escribir lo que os quiero decir. Y si no encuentro una imagen que me satisfaga, ese post se quedará metidito en la nevera esperando tiempos mejores.
Lo que ha ocurrido con este post tiene que ver con esto que os cuento: no he sido capaz de encontrar en toda la red (debe ser que voy perdiendo las facultades que han hecho que mis compañeros me llamen Miss Google) el cuadro que lleva adornando mi despacho todo este mes. Ni levantándole las alfombras al google la he encontrado. Y lo normal es que no lo hubiese publicado, pero con esta sección tengo una especie de compromiso, así que simplemente he decidido cambiar la imagen del calendario por ésta otra que iba a poner de todas formas, cuando acabase el año por ejemplo, porque es un cuadro que me maravilla absolutamente. Además, el título es parecido al del no encontrado.
Se trata de Dos muchachas acostadas y entrelazadas, de 1915, realizado con lápiz y técnica de aguada. Y me encanta. Me encanta por el color, mucho más cálido que todos los que hemos visto hasta ahora. Me encanta por esos escorzos fantásticos de los cuerpos, por el dibujo impecable. Pero sobre todo me encanta por lo que es capaz de transmitir, la tristeza que lo impregna, las historias que evoca.
En cuanto a libros, ha estado flojito el mes. Bueno, la que ha estado flojita he sido yo, y sólo ha caído uno, Primer amor, últimos ritos, de Ian McEwan. Se trata de un libro de relatos, el segundo que leo de este autor (el primero fue Entre las sábanas), y me ha dejado la misma sensación que éste: la singular maestría del escritor para el relato corto, la desbordante imaginación, la capacidad de resolver situaciones, por más rocambolescas que parezcan, en breves páginas y de forma brillante y el talento de tejer un mundo de sensaciones en historias en las que parece que no pasa nada.
Para el mes que viene, prometo que habrá más.
Editado a 3 de noviembre:
Valiada, cabezota y sabuesa que es, aburrida que está, después de varios infructuosos intentos, ha dado con el cuadro en cuestión. Está visto que le va haciendo falta una nueva edición de enigmas.
Aquí está el maldito:
