
Miércoles 29 de abril, 9:30 horas: Ampharitou, como cada mañana de su semana laboral, tras haber desplegado todos los clips y los lápices por la mesa, ordena los expedientes y se dispone a mecanizarlos. Clica sobre el icono de la aplicación, que se abre, como cada mañana, pidiéndole el usuario. Ampharitou, con las mismas ganas de ponerse a trabajar en tan divertida labor como de cortarse un dedo, teclea. Mensaje del administrador: usuario desconocido. La leche. A ver, hija, Amparou, presta atención. Vuelve a teclear. Usuario desconocido. Pregunta a sus compañeras si han podido entrar, que a veces la aplicación también se ha puesto farruca y ha reservado el derecho de admisión, la joía. Pero esta vez no. Todos entran sin problemas.
Vamos, chica. Teclea de nuevo. Nada. Jo.
Doscientas pruebas más tardes, entre las que se encontraba la inefable ‘apaga y enciende’, sigue siendo un “usuario desconocido” y termina por convencerse de que, aunque no quiera, tendrá que hacerlo: ir a ver a los informáticos.
Miércoles 29 de abril, 10:00 horas: Con suma cautela, Amparitou se adentra en la sagrada estancia donde los informáticos desarrollan toda su sabiduría. Se dirige a uno de ellos (no al gran ¡oh! maestro, por supuesto) y le cuenta sus cuitas con la aplicación. ¿No habrás puesto el usuario con mayúsculas?, le pregunta. Piensa ¿tanto se me nota, a simple vista, lo inútil que soy con un ordenador entre las manos?, pero se repone rápido y contesta que no, ninguna de las doscientas veces que ha intentado entrar sin conseguirlo. A partir de ahí, y después de preguntarle su usuario, deja de existir. Se centra en la pantalla, y Ampharitou se pregunta si no será en verdad un espejo, porque va haciendo unas muecas muy graciosas: infla un carrillo a la vez que arquea la ceja contraria, frunce el ceño, pone morros, arquea las dos cejas a la vez, encoge los ojos para abrirlos de golpe… y al fin, dictamina:
– Es que te hemos dado de baja.
Entonces a lo mejor va a ser por eso, piensa ella. Le explica que recibieron órdenes del jefazo todopoderoso para que diesen de baja todos los usuarios que no fueran utilizados o que fueran utilizados por otras personas que no fueran sus titulares.
– Ah, pero es que yo sí lo utilizo. Todos los días. Vamos, de hecho, no hago otra cosa.
– Claaaaaaaaaaaaro, pero estabas utilizando la clave de otro.
– Perdona, yo utilizo la que me asignasteis vosotros, ¡oh, grandezas!, cuando entré aquí.
– Sí, pero no era tuya. Era de Ampharitou Guapa Guapísima.
– ¡¡Pero si yo soy Ampharitou Guapa Guapísima!!
– Ah, ¿tú no te llamas Gema??
Viendo cómo pone un puchero, le explica que le va a volver a dar de alta, pero que los cambios no se consolidan hasta el día siguiente, por lo que, en esa mañana no podrá utilizar la aplicación. O sea, que le queda toda la mañana por delante para no hacer ni el huevo. Fantástico… si no tuviera que estar aquí sí o sí.
Miércoles 29 de abril, 14:00 horas: Se recibe un correo interno de personal, indicando los días de vacaciones que los empleados tienen según la antigüedad. Ser viejuna es un grado, y aquí se premia con días de vacaciones. Ampharitou este año es lo suficientemente vieja para que le den uno. Pero en ese correo aparecen los mismos días que tenía cuando era una mozalbeta. ¿Con arrugas y sin días extra? Ni mijita, así que se va al departamento de personal, donde le dicen que ‘tendrán que comprobarlo’. Espera que al salir, el guardia de seguridad de la puerta no le ponga una zancadilla.
Jueves 30 de abril, 9:00 horas: Ampharitou, como cada mañana de su semana laboral, tras haber desplegado todos los clips y los lápices por la mesa, ordena los expedientes y se dispone a mecanizarlos. Clica sobre el icono de la aplicación, que se abre, como cada mañana, pidiéndole el usuario. Ampharitou, con las mismas ganas de ponerse a trabajar en tan divertida labor como de cortarse un dedo, teclea, esperando a que los cambios se hayan consolidado. ¡Eureka! Puedo entrar. Pantalla, pantalla, pantalla… ¿dónde están los menús desde los que accede a su zona de trabajo?
Jueves 30 de abril, 9:15 horas: Con suma cautela, Amparitou se adentra en la sagrada estancia donde los informáticos desarrollan toda su sabiduría. Esta vez sólo está el gran ¡oh! maestro. Con una graciosa reverencia, se dirige a él y le cuenta sus cuitas con la aplicación. ¿Qué privilegios tienes?, le responde. Ampharitou piensa que, a juzgar por los últimos días, no tiene ninguno, pero en previsión a la pregunta, le planta delante el correo del verano pasado del jefazo todopoderoso en el que le asignaba todas las tareas. A partir de aquí, empieza a hablar en clave:
– ¿¿Pero tú entras en jaremorenauer o sólo en jaremor??
– Mira, ponme los mismos que a E., al fin y al cabo, hacemos prácticamente lo mismo.
– Sí, pero ¿es supercalifragilisticoespialidoso o abracadabrapatadecabra?
– Mira, yo hago esto, lo otro y lo de la moto. Igual que E.¿Por qué no me pones los mismos privilegios?
– ¿Tenías pablitoclavóunclavito o elobispodeconstantinopla?
Ampharitou vio como el gran ¡oh! maestro entraba en bucle y le dijo que sí. El miró extasiado el monitor durante un rato en el que cambiaba de pantallas rápidamente. Entonces volvió a repetirle aquello de ‘los privilegios se consolidan por las noches’. Ampharitou pensó que era una buena frase para tatuársela debajo del ombligo y regresó a su cubículo a volver a no hacer nada.
Lunes 4 de mayo, 9:00 horas: Habían pasado un día de fiesta y un fin de semana. Ampharitou pensó que en tres noches a los privilegios les habría dado tiempo a consolidarse, casarse y tener un par de niños, así que, tras cruzar todos los dedos que es posible cruzar y realizar todos los pasos que ya conocemos, comprueba que ya no es un usuario desconocido, que en una pantalla aparecen todos sus menús, pero que en la otra… no, como en un flan aguado, aquello no ha terminado de cuajar. Siguen faltando opciones.
Lunes 4 de mayo, 9:05 horas: De vuelta al templo de la sabiduría. El gran ¡oh! maestro no está, debe encontrarse salvándole el http a algún pobre mortal, así que se dirige al gurú que le atendió la primera vez.
– Sigo sin todos los privilegios que me hacen falta. ¿Por qué no me copias el perfil de E.?
– Vale… ya está. Y recuerda que los privilegios se consolidan por la noche.
Debe ser la frase de la logia, así que se despide uniendo el dedo índice al corazón y separándolos mucho del anular, que está unido al meñique. Le queda otra mañana de hacer poco más que nada. Afuera brilla el sol.
Martes, 5 de mayo, 9:00 horas: Ampharitou enciende. Usuario. Contraseña. Pantalla-pantalla, menú-menú. Todo vuelve a ser como en los viejos tiempos.