
Nada, no hay forma. No tengo enmienda. Mira que me propongo hacer este post los primeros días del mes, y poco a poco me voy retrasando y aquí me tenéis, el último día y a lo justo. Casi mejor tendría que poner la foto del Conejo Blanco!
Pero no, vamos a lo que vamos, que es ver un nuevo cuadro de Modigliani, Retrato de muchacha, óleo sobre lienzo de 1918. La modelo es Jeanne Hébuterne, una joven estudiante de arte que el pintor había conocido el año anterior y con la que inmediatamente se fue a vivir. Se dice de Modigliani que tuvo tantas amantes como borracheras, pero sin dudas, Jeanne fue el amor de su vida, la madre de su hija y la compañera hasta el final de sus días y más allá. Más allá porque, cuando Amedeo muere el 24 de enero de 1920, a causa de una tuberculosis que había arrastrado prácticamente desde niño y que la vida de crápula no había ayudado precisamente a mejorar, ella, a punto de dar a luz al segundo hijo del artista, se suicida arrojándose por una ventana en casa de sus padres.
En la época en la que, debido a un empeoramiento en su salud, Jeanne y él se trasladaron a Niza, periodo al que corresponde el cuadro que ilustra este post, aunque sigue fiel a su estilo, sus figuras se estilizan aún más y los colores se hacen más vivos. Es también en esta época en la que llega a pintar unos veinticinco retratos de su principal musa, en los que llega a reflejar por completo su interior a través de la expresión de sus ojos.
Vayamos ahora con las lecturas que he tenido a bien disfrutar este mes (mes y medio, no voy a tener más poca vergüenza). Aunque la verdad es que he ido retrasando este post porque quería que me diera tiempo a incluir el último que tenía entre manos y luego veréis por qué (aparte de porque soy una novelera sin remedio)
El primero que leí fue Opiniones de un payaso, de Heinrich Böll, autor alemán del que no había oído hablar a pesar de que fue Premio Nóbel de Literatura en 1972. El payaso del título es un joven, payaso de profesión, abandonado por su amante, desengañado por todo y por todos, abocado al fracaso en una Alemania de postguerra que, en su intento por recuperar a su pareja, va hablando con distintos personajes a la vez que explica su historia y lo que le ha llevado a encontrarse en esa situación. Esa historia y esas conversaciones las aprovecha Böll para arremeter vigorosamente contra todos los estamentos: la iglesia protestante y la católica, la sociedad, la guerra, los nuevos ricos, los viejos pobres, sin dejar títeres con cabeza.
Al payaso le siguió El inocente, de Ian McEwan. Sí, lo sé, soy tremendamente cansina con este autor, y no soy nada objetiva con él. Pero es que mientras me siga encontrando relatos como el que ha caído este mes, ni quiero ni puedo serlo. He leído sobre él que es el mejor narrador actual en lengua inglesa. Yo, pobre de mí, me gustaría ser como mi también adorado Harold Bloom, capaz de aprender una lengua para poder leer los libros en su idioma original, pero, pobre de mí otra vez, sólo me apaño en castellano y a duras penas.
A lo que iba: la narración, las descripciones de McEwan son de abrir la boca cuando abres el libro y no poder cerrarla hasta que no te lo acabas. Eso sí, si os interesáis por éste en concreto, espero que tengáis el estómago sano sanito y en buena disposición.
El tercero (y aquí me tengo que inclinar y quitarme el sombrero) ha sido Vercoquin y el placton, de Boris Vian. Cuando me llegó el boletín de Casa del libro y vi que lo iban a editar (ha estado inédito en España hasta ahora y ha sido Impedimenta quien ha tenido ocasión de sacarlo a la luz) no tardé ni cero coma en reservarlo, y cuando me llegó a casa, casi lloro: Impedimenta ha sacado una edición que es una auténtica maravilla. Un libro que huele intensamente a libro, con unas páginas que da gusto pasar y con una portada y sobreportada que, simplemente, son preciosas. Esto en cuanto al continente. El contenido, desde luego, no desmerece esta edición deliciosa: el ritmo rápido, los diálogos delirantes, las situaciones absurdas y los personajes más absurdos aún. Palabras descontenidas de su significado con las que Vian juega a su antojo realizando malabarismos que hacen de este libro una auténtica joya.
Por lo tanto, tres nuevos libros recomendados.
Mientras tanto, seguimos con Treme. No es que sean tantos capítulos, es que nos da rabia que se acabe y nos la vamos dosificando mucho. Quizá este finde le demos un nuevo empujoncito.
Y en cuanto a cine, nos fuimos el otro día, venciendo la pereza (pereza porque sólo la ponían en la sala que menos nos gusta de esta bendita ciudad, en los macrocines del centro comercial, con lo encantadores que son las pequeñas salitas del centro) a ver El americano, de Corbijn, con George Clooney. Un aviso para navegantes sobre esta película: los que queráis ir a verla convencidos por los trailers y escenas que se ven por ahí, pensando que es un nuevo 007 malísimo o un Bourne madurito, olvidaos. No tiene nada que ver. Avisados quedáis (eso sí, las que queráis ir convencidas por Clooney, deciros que los cuarenta y nueve años los tiene muuuuy bien cumplidos).