Hace menos de un mes que, al entrar en la «cocina» de este vuestro blog, descubrí que tenía un montón de comentarios en una entrada antigua, concretamente en una del verano de hace dos años. En ellos, un montón de nuevos amigos me invitaba, amablemente (creo, porque todos los mensajes estaban en inglés y yo, en la lengua de Shakespeare, del «oui» no paso), a jugar en sus casinos. A mí, que no juego ni a la primitiva.
El caso es que parece ser que, como este blog es conocido mundialmente, todos los casinos de Las Vegas se pusieron de acuerdo para tomarme como plataforma publicitaria. Bueno, todos los casinos no, que del Montecito todavía no he detectado ningún mensaje.
Y como los comentarios no dejaban de llegar en cantidades industriales (más que casinos son cansinos) y se hacía un poco farragoso ir borrándolos (sí, lo siento, señores croupiers) uno a uno, tiré del tutorial que Phoebe, con su infinita paciencia y vía chat, tuvo a bien (gracias, gracias, Phoebe) proporcionarme y me instalé un plugin para detectar el spam y bloquearlo. Así que ahora, cada día, reviso los entre cien y doscientos comentarios bloqueados para asegurarme que todos son susceptibles de ser borrados y que no se ha colado entre el spam alguno vuestro.
En fin, que a estas alturas ya tengo más comentarios bloqueados y borrados que los que he recibido y permanecen en los más de dos años que tiene este blog. Pero no me importa, porque sé que ellos, en realidad, no me quieren y vosotros sí… ¿no?


