Diez días.

Los días en que no estás aquí se me queda la caricia en suspenso y boqueo buscando tu boca.

Los días en que no estás aquí soy como pez fuera del agua, sin tu cuello en el que respiro, con los ojos cerrados, mientras me abrazas.

Los días en que no estás aquí río por reír, pero sigo amando por amor.

Los días en que no estás aquí mi cama, la tuya, está fría, demasiado ancha, demasiado vacía, con solo un cuerpo que busca y busca.

Los días en que no estás aquí me pierdo por las aceras porque no me llevas del talle, y los semáforos dejan de ser la excusa perfecta para un beso.

Los días en que no estás aquí me envuelvo en celofán. Esperándote.

Diez días.

Los días en que no estás aquí se me queda la caricia en suspenso y boqueo buscando tu boca.

Los días en que no estás aquí soy como pez fuera del agua, sin tu cuello en el que respiro, con los ojos cerrados, mientras me abrazas.

Los días en que no estás aquí río por reír, pero sigo amando por amor.

Los días en que no estás aquí mi cama, la tuya, está fría, demasiado ancha, demasiado vacía, con solo un cuerpo que busca y busca.

Los días en que no estás aquí me pierdo por las aceras porque no me llevas del talle, y los semáforos dejan de ser la excusa perfecta para un beso.

Los días en que no estás aquí me envuelvo en celofán. Esperándote.

Dos velas.

Me encomiendo a San Judas Tadeo, a Santa Gema Galgani y a Santa Rita. A San Pau lo encomiendo a San Servando y San Germán.

Me encomiendo a Buda, a Krisna, a Alá y a Javhé. Me encomiendo a los Ocho Inmortales, a Tláloc y a Quetzalcóatl, a Amón y a Isis, a Thor y a Freyja.

Me encomiendo a Mama Cocha, a Sin, a Kukulcan, a Ishtar y a Lily. Y a los Santos de los últimos días.

Pero sobre todo, me encomiendo a Shiva.

Cumpleaños.

Hoy es mi cumpleaños. No ha habido tarta, ni velas, ni fiesta. Y sin embargo, ha sido de los mejores cumpleaños que recuerdo. Porque he tenido un beso, aunque fuera por teléfono, al despertar. Porque han sido muchas las llamadas, muchos los correos, muchos los mensajes. Porque estabais todos ahí para hacerlo más feliz.

Gracias a los que os habéis acordado. Gracias a los que os habéis enterado y habéis dedicado vuestro tiempo a felicitarme. Gracias a todos. Y gracias, muchas gracias a ti.

Cumpleaños.

Hoy es mi cumpleaños. No ha habido tarta, ni velas, ni fiesta. Y sin embargo, ha sido de los mejores cumpleaños que recuerdo. Porque he tenido un beso, aunque fuera por teléfono, al despertar. Porque han sido muchas las llamadas, muchos los correos, muchos los mensajes. Porque estabais todos ahí para hacerlo más feliz.

Gracias a los que os habéis acordado. Gracias a los que os habéis enterado y habéis dedicado vuestro tiempo a felicitarme. Gracias a todos. Y gracias, muchas gracias a ti.

Topito.

«Topito llegó a casa cuando Pablo todavía estaba en la barriga de mamá. Aunque al principio Pablo no le hacía mucho caso, pronto, en cuanto se descubrió las manos y cómo llevarse cosas a la boca, se hicieron inseparables. Así, Topito dormía cuando y donde lo hacía Pablo, comía cuando y lo que comía Pablo y jugaba al mismo tiempo que Pablo y con él.

Y aunque es mayor que Pablo, mientras que éste se ha convertido en un niño grandote de trece meses y medio, Topito sigue siendo un osito de trapo muy pequeño.

Pero llegó un día, no hace mucho, en que Topito sufrió un pequeño accidente y una de sus patitas se descosió, dejando ver el algodón que lleva por dentro. Y aunque mamá hizo lo que pudo cosiéndole la pequeña patita, Topito todavía se queja de que tiene pupa y Pablo tiene que cuidar de él. Así, cuando Pablo se levanta por las mañanas, con sus chapetas sonrojadas y su risa de cascabel, con ayuda de mamá y antes de ir a desayunar, deja a Topito en su cuna, bien acurrucadito. Y para que no llore, Pablo le deja su chupete. De este modo, Pablo pasa el día jugando, ahora con otros juguetes. Si por un ratito se acuerda de su chupete, mamá lo acompaña hasta la cuna, despacito, sin hacer ruido no se vaya a despertar Topito, y allí Pablo ve lo tranquilo y contento que está Topito con él, y Pablo se lo deja un ratito más para que no le duela la patita y siga durmiendo sin llorar.

Así que Pablo pasa todo el día sin el chupete, y sólo por la noche, cuando Topito ya no lo necesita y no le duele la patita porque Pablo está en la cuna con él, es cuando Pablo se pone su chupete y se queda dormido agarrado a su osito.»

Este es el cuento que inventé y con el que Pablo no ganó su oso cuentacuentos. Pero no importa. Será por osos y será por cuentos. ¡Y será por tener quién se los cuente!

Nuevo año.

Un año más terminó la vorágine de la Navidad y volvemos a la rutina aplastando el papel brillante de los últimos regalos y con los pies cansados del no parar que ha sido reencontrarnos con los amigos, buscar nuestra contribución para ser reyes magos por un día y seguir nuestra propia estrella para ser felices.

Una vez más, las navidades han sido casi perfectas. Las empecé abriéndole la puerta por sorpresa a un vendedor de enciclopedias del estatut y las continué rodeada a más no poder de la gente a la que quiero y que me quiere, demostrándonos alegría verdadera en cada encuentro, en cada beso, en cada abrazo. Dando y recibiendo lo que damos y recibimos durante todo el año, pero más felices y más alegres por poder traspasar el umbral de un nuevo año otra vez todos juntos.

Y con todo, han sido casi perfectas. El casi lo pone un tren que parte inexorablemente a las diecinueve treinta.

Recuerda que me lo has prometido.

Nuevo año.

Un año más terminó la vorágine de la Navidad y volvemos a la rutina aplastando el papel brillante de los últimos regalos y con los pies cansados del no parar que ha sido reencontrarnos con los amigos, buscar nuestra contribución para ser reyes magos por un día y seguir nuestra propia estrella para ser felices.

Una vez más, las navidades han sido casi perfectas. Las empecé abriéndole la puerta por sorpresa a un vendedor de enciclopedias del estatut y las continué rodeada a más no poder de la gente a la que quiero y que me quiere, demostrándonos alegría verdadera en cada encuentro, en cada beso, en cada abrazo. Dando y recibiendo lo que damos y recibimos durante todo el año, pero más felices y más alegres por poder traspasar el umbral de un nuevo año otra vez todos juntos.

Y con todo, han sido casi perfectas. El casi lo pone un tren que parte inexorablemente a las diecinueve treinta.

Recuerda que me lo has prometido.

Amigo invisible.

Al fin llegó el día en que los amigos invisibles quedarán desvelados y esta red que todos formamos quedará un poco más compacta, un poco más tupida y esperemos que mucho, mucho más feliz.

Este es mi regalo para mi ‘amigo invisible’. He querido hacer -modestamente y dentro de todo mi desconocimiento técnico-, un poco de Fredo, aquel viejo proyector de ‘Cinema Paradiso’ y regalarle a Borja una pequeña colección de besos, segura de que gustará a un romántico empedernido como es.