Rituales.

Ayer me apetecía encontrarme con una vieja amiga. Como sabía dónde encontrarla, me puse mi bikini y dirigí mis pasos a las afueras de la ciudad, por la playa, hacia esa que llaman Cortadura. Temí que un atardecer nublado le hiciera desistir de aparecer, pero la puesta de sol y un improbable arcoíris de tarde de agosto parecían un buen augurio. Me dispuse a esperarla, me senté en la arena y fumé un cigarro. Y por fin llegó. Tímida y cubierta de nubes. Decidí que el encuentro merecía un homenaje, y acompañé su baño en la bahía quitándome el bikini y metiéndome a mi vez en el agua. Volví a casa y ella siguió su camino.

Esta mañana vino a despedirse. Yo dormía aún cuando ella ya se tenía que marchar. Me dejó un rayo de luna sobre la almohada. Un trozo de luna de agosto.

Nightmare

Subo una escalera que gira hacia la izquierda. Es un edificio viejo y no hay ninguna luz en esa escalera, pero puedo ver el color verde en algún sitio. Tengo prisa por llegar arriba, subo los escalones de dos en dos apoyándome en un pasamanos de hierro. Quizá esté pintado de verde. Se parece mucho a la escalera de la casa de mi abuela. De pronto una figura pequeña aparece bajando. Grito. Sé que es un niño desnudo y no debe medir más de medio metro, pero lo que en verdad veo no es más que una sombra que se queda parada delante de mí. Adelanto un golpe, me despierto de un sobresalto, acabo de atrapar a Wey con las piernas haciéndole un ovillo con la sábana. Se zafa y huye. Yo me tranquilizo y me duermo. Pero ya no es lo mismo.

La casa por la ventana.

Toda la cafetería estaba pendiente de lo que sucedía fuera: mal aparcado, entorpeciendo el tráfico y espoleando el innato mal humor de los conductores de autobuses, había un camión con una cuba metálica. Tres chicos y una señora daban viajes, estorbándose unas veces, ayudándose las más, transportando cosas desde una casapuerta cercana hasta la cuba: muebles, electrodomésticos,… todo lo iban tirando dentro sin el mínimo cuidado, haciendo de cosas que posiblemente habían servido hasta ayer mismo un enorme montón de basura y chatarra.
Nadie en la cafetería hizo ningún comentario, todos atentos a cada ida y venida, pero seguro que cada uno de nosotros hizo conjeturas sobre el qué lleva a alguien a deshacerse de esas cosas, tantas por otra parte, de esa forma. Confieso que también me abstraje en la idea de ser yo la persona que hacía esa mudanza hacia la nada, y el motivo que más me seducía era el de convertir mi casa en un tonel de Diógenes totalmente diáfano como la forma más extrema del desapego, como la forma más completa de renacimiento… Lástima que no se puedan tirar en una cuba todos los tiestos rotos que pueblan alguna que otra cabeza…

Réentrée.

Ya de vuelta. Se acabaron las vacaciones, al menos la mitad de ellas, a la espera de una buena excusa para poder tomarme el resto. La mente un poco más despejada y el cuerpo igual de cansado que cuando me fui. Igual de cansado pero con muchas ganas de juerga, supongo que hasta que me entregue a una buena fiesta o me invada de nuevo la rutina, lo que suceda primero. Opto por la fiesta.

Réentrée.

Ya de vuelta. Se acabaron las vacaciones, al menos la mitad de ellas, a la espera de una buena excusa para poder tomarme el resto. La mente un poco más despejada y el cuerpo igual de cansado que cuando me fui. Igual de cansado pero con muchas ganas de juerga, supongo que hasta que me entregue a una buena fiesta o me invada de nuevo la rutina, lo que suceda primero. Opto por la fiesta.

Horrible sensación.

Esta mañana me he despertado como si hubiese sobrevivido a un naufragio. Respirando como lo hacen los niños cuando juegan a ver quién aguanta más debajo del agua, como si hubiese estado toda la vida sin hacerlo y de pronto percibiera lo necesario que es el oxígeno. He tardado unos treinta segundos en recordar quién era, algunos más en saber donde estaba, y cuando he conseguido identificar el sonido del despertador, ya he sabido qué día era. Ahora, algunas horas después, todavía no me puedo quitar de la cabeza la horrible sensación. Algo por aquí dentro no va demasiado bien.

Horrible sensación.

Esta mañana me he despertado como si hubiese sobrevivido a un naufragio. Respirando como lo hacen los niños cuando juegan a ver quién aguanta más debajo del agua, como si hubiese estado toda la vida sin hacerlo y de pronto percibiera lo necesario que es el oxígeno. He tardado unos treinta segundos en recordar quién era, algunos más en saber donde estaba, y cuando he conseguido identificar el sonido del despertador, ya he sabido qué día era. Ahora, algunas horas después, todavía no me puedo quitar de la cabeza la horrible sensación. Algo por aquí dentro no va demasiado bien.

Días extraños.

Vuelven los días extraños. Y no es ninguna película. Un verano que, casi en su ecuador, está resultando ser como temía y no como deseaba. Todavía me quedan las vacaciones, pero esto no tiene visos de mejorar demasiado. Ni el verano ni el resto del año.

Días extraños.

Vuelven los días extraños. Y no es ninguna película. Un verano que, casi en su ecuador, está resultando ser como temía y no como deseaba. Todavía me quedan las vacaciones, pero esto no tiene visos de mejorar demasiado. Ni el verano ni el resto del año.