Ser padre.

Mi adolescencia es un periodo oscuro en mi vida. Yo contra el mundo y todos contra mí. Casi no recuerdo nada de ella, sólo algunas malas situaciones. Es increíble que pueda revivir momentos de mi infancia y no sea capaz de traer imágenes de cuando era adolescente. Creo que ahí comenzó mi infortunio. Creo que en ese momento empecé a estar presente en el mundo, aunque no consiga recordarlo. Hasta entonces debí ser más un querubín en el limbo que otra cosa. Por eso sonrío para mis adentros cuando oigo a alguien decir que está preparado para ser padre. ¿Se sabe realmente lo que se viene encima al tomar esa decisión? En mi caso, ser madre es un todo de cariño y un mucho de intuición, pero, si no pude entender mi propia adolescencia, ¿cómo voy a poder ayudar a mi hija? Que conste que ser su madre es lo mejor que me ha podido suceder, pero hay cosas que me superan. Y esas cosas se van sucediendo cada vez con más rapidez, con la conciencia, además, de que lo peor está aún por llegar. Espero que logremos salir victoriosas las dos de la experiencia. Como decía aquél, sólo hay una cosa peor que la edad del pavo: la edad del pavo de tus hijos.

Búsquedas.

Tendría que plantearme en serio lo de salir a buscarme, porque ya hace mucho que no sé de mí. Sé que encontrarme me va a llevar demasiado tiempo, y lo voy demorando disfrazando mi pereza con excusas. O quizá no sea pereza, sino miedo. Pero ya me voy echando de menos, así que tendré que hacerme con un candil y armarme de valor.

Búsquedas.

Tendría que plantearme en serio lo de salir a buscarme, porque ya hace mucho que no sé de mí. Sé que encontrarme me va a llevar demasiado tiempo, y lo voy demorando disfrazando mi pereza con excusas. O quizá no sea pereza, sino miedo. Pero ya me voy echando de menos, así que tendré que hacerme con un candil y armarme de valor.

Demasiados malos días.

Cambio de tercio. Física, mental y anímicamente bajo cero. El mes de mayo ha resultado un mes para olvidar. Es más, ha sido un mes recomendadamente omitible. Época de vacas flacas. Además, demasiadas horas de insomnio. Y a las cuatro de la madrugada, cualquier solución parece factible. Y cuando digo cualquier, quiero decir hasta la más improbable. Pero gracias a los fatos, con las luces de la mañana aparece también el resquicio de razón que me queda. Así que me queda rato de estar por aquí… al menos por ahora.

Demasiados malos días.

Cambio de tercio. Física, mental y anímicamente bajo cero. El mes de mayo ha resultado un mes para olvidar. Es más, ha sido un mes recomendadamente omitible. Época de vacas flacas. Además, demasiadas horas de insomnio. Y a las cuatro de la madrugada, cualquier solución parece factible. Y cuando digo cualquier, quiero decir hasta la más improbable. Pero gracias a los fatos, con las luces de la mañana aparece también el resquicio de razón que me queda. Así que me queda rato de estar por aquí… al menos por ahora.

Chica maravilla.

Resulta que soy una chica maravillosa: interesante, divertida, inteligente, guapa… o eso al menos es lo que dicen mis ‘ex’ (mi verdadero ‘ex’ es el único que piensa que soy un bicho, y yo se lo agradezco enormemente). Además, dos de ellos han coincidido en pocas horas diciéndomelo, aderezado con unos cuantos ‘te echo de menos’ y ‘cuántos buenos momentos tuvimos’… de lo que no se acuerdan, por supuesto, es de lo mal que me lo hicieron pasar. Y aquí es donde viene mi pregunta: si tan, tan… todo eso que dicen soy, ¿por qué a fecha de hoy estoy más sola que la una? Viernes noche, y aquí estoy yo, con mis dos gatos, y quejándome en lo que ha venido a ser el sustituto del psicoanalista. Tendré que replantearme la estrategia y dejar de ser una chica maravillosa…

Truman.

La casualidad no existe. Como si viviésemos en un enorme show de Truman, nuestras vidas están sujetas y ancladas a un plan ‘divino’ que no deja nada al azar. Ya puede deberse a Dios, a Buda, a la Confederación Intergaláctica o a Ed Harris. No hay casualidad, sólo causalidad. Causa y efecto. Todo tiene un porqué y un sentido. Todo medido, todo estudiado, hilos manejados… Mi titiritero debe tener un extraño sentido del humor.

Miércoles.

Hoy me he quedado dormida… inconsciente, diría más bien. A las 8.36 he abierto los ojos como si estuviese haciendo algo muy, pero que muy malo. Corriendo para la ducha, con el objetivo claro de terminar de abrir los ojos. Intento convencerme de que, total, ya da igual. Voy a llegar tarde de todas formas, así que qué más dan cinco minutos más. Pero ya no hay remedio. El mal está hecho. He abierto la caja de Pandora. Si me quedo dormida, ya sé que el resto del día va a ir de mal en peor. Es como si mi rutina matinal tuviera que ser a esa hora y no a otra, y una suerte de fatídico numen me castigara por mi falta. Es inevitable, por mucho que quiera deshacer el entuerto atropellándome para salir de casa lo antes posible. Aunque me lave los dientes y me peine mientras termino de ponerme los zapatos. Aunque me pinte los labios y me ponga los pendientes en el ascensor. Ya no hay remedio, los demonios están desatados. Y uno con forma de autobús ha estado a punto de aplastarme al cruzar la calle. Y sólo ha sido el principio…

Miércoles.

Hoy me he quedado dormida… inconsciente, diría más bien. A las 8.36 he abierto los ojos como si estuviese haciendo algo muy, pero que muy malo. Corriendo para la ducha, con el objetivo claro de terminar de abrir los ojos. Intento convencerme de que, total, ya da igual. Voy a llegar tarde de todas formas, así que qué más dan cinco minutos más. Pero ya no hay remedio. El mal está hecho. He abierto la caja de Pandora. Si me quedo dormida, ya sé que el resto del día va a ir de mal en peor. Es como si mi rutina matinal tuviera que ser a esa hora y no a otra, y una suerte de fatídico numen me castigara por mi falta. Es inevitable, por mucho que quiera deshacer el entuerto atropellándome para salir de casa lo antes posible. Aunque me lave los dientes y me peine mientras termino de ponerme los zapatos. Aunque me pinte los labios y me ponga los pendientes en el ascensor. Ya no hay remedio, los demonios están desatados. Y uno con forma de autobús ha estado a punto de aplastarme al cruzar la calle. Y sólo ha sido el principio…

Detalles.

Hay pequeñas cosas que te alegran la vida. Hoy ha sido en el camino hacia el trabajo, cuando ya estaba llegando, caminando con cuidado al pasar bajo la morera del Parque Varela para no resbalar con la alfombra de moras maduras que han ido cayendo con el viento de estos días. Había un niño, pequeño, rubio, pegado a una columna de la fachada de uno de los tantos bancos que pueblan la avenida… miraba de reojo hacia un lado y otro, queriendo fundirse con el mármol de la columna cuando, de detrás de ella, ha salido un hombre viejo como el sol, con una sonrisa que le iluminaba cada una de sus arrugas. El crío ha dado un gritito nervioso al que ha seguido una risa de cascabel. Debe ser una de las mejores formas de empezar el día, jugar al escondite con un abuelo con todo el tiempo del mundo para perder antes de entrar al cole…