Agosto.

Se me acaban las vacaciones, se acaba el mes, y como prometí a la promotora de esta serie y mi Pepito Grillo particular cuando los días van pasando sin que haya colgado este post mensual, la inestimable India, aquí tenéis el Schiele que ha estado decorando una de las paredes de mi, aún todavía en proceso de remodelación, despacho.

Es Dos muchachas acostadas, de 1911, aguada, acuarela y lápiz perteneciente a una colección particular, con las que volvemos a los desnudos típicos de Schiele de cuerpos extremadamente delgados y trazos apenas insinuados, llevando la mirada del espectador a las partes que quiere destacar por medio del color.

Y si casi todo el mundo aprovecha las vacaciones para leer, para mí este año ha sido todo lo contrario: abandoné a Kapuściński en la Siberia de El Imperio cuando las comencé y ahí se ha quedado el pobre hombre. Ni media página, vamos. Pero vamos, como lo de volver el lunes al tajo no tiene remedio, me consuelo pensando que al menos lo haré de la mano del polaco y volviendo a tomar café en mi cafetería favorita.

Vacaciones.

A ver, hagamos inventario.

La tengo a ella:

a él

ella está casi de camino

Y me trae a

y a

También volverán mis padres, y estará

con

y

Ya ha llegado

así que seguramente también veremos a

y a

Espero por fin conocer a India (como la joía ha cerrao el blog, no tengo forma de seguir con el criptograma),

que nos hará una visita junto con

Además también tengo esto

y esto

 

Así que mejor que irme de vacaciones, me voy a quedar de vacaciones.

Cumpleaños feliz.

Lavarse las manos, con agua y jabón y durante aproximadamente 1 minuto* para que el lavado sea eficaz

¿Por qué?

El virus de la gripe se transmite por medio de las gotitas de saliva y las secreciones nasales al toser o estornudar.

Las gotitas pueden quedar en las manos o en superficies (de muebles, pomos, objetos…) por eso es importante, además del lavado de manos, evitar compartir objetos como vasos, cubiertos, botellas, etc. y limpiar más frecuentemente estas superficies con los productos de limpieza habituales.

¿Cómo? 

Con agua y jabón durante, al menos, un minuto

* 1 minuto equivale a cantar 2 veces seguidas CUMPLEAÑOS FELIZ.

 

Ésta es una de las recomendaciones que hace el Ministerio de Sanidad y Política Social para evitar el contagio de la gripe A (H1N1).

Pillarla no sé si la vamos a pillar, pero lo vamos a tener más que ensayado para el próximo aniversario.

Cumpleaños feliz.

Lavarse las manos, con agua y jabón y durante aproximadamente 1 minuto* para que el lavado sea eficaz

¿Por qué?

El virus de la gripe se transmite por medio de las gotitas de saliva y las secreciones nasales al toser o estornudar.

Las gotitas pueden quedar en las manos o en superficies (de muebles, pomos, objetos…) por eso es importante, además del lavado de manos, evitar compartir objetos como vasos, cubiertos, botellas, etc. y limpiar más frecuentemente estas superficies con los productos de limpieza habituales.

¿Cómo? 

Con agua y jabón durante, al menos, un minuto

* 1 minuto equivale a cantar 2 veces seguidas CUMPLEAÑOS FELIZ.

 

Ésta es una de las recomendaciones que hace el Ministerio de Sanidad y Política Social para evitar el contagio de la gripe A (H1N1).

Pillarla no sé si la vamos a pillar, pero lo vamos a tener más que ensayado para el próximo aniversario.

Despedidas.

Después de tanto tiempo regando con lágrimas y tristezas los suelos de aeropuertos y estaciones, de tardes de domingo que ni por asomo eran fiesta, de kilómetros y kilómetros recorridos en direcciones opuestas, de conjugaciones de transportes y robos a mano armada de minutos al reloj, de recibir un puente como una bendición y unas vacaciones como el paraíso absoluto. Después de meses y meses contando los días, de fines de semana santificando los minutos, de horas interminables de teléfono como sucedáneo de lo que debía ser, el martes pasado llegó la última despedida. Ni una más.

Hoy iré a buscarte. Y también será la última vez. A partir de hoy, nuestros viajes serán en la misma dirección.

¡He ligao!

Llegaba hoy arrastrándome a la oficina (es lo que tiene estar a una semana de las vacaciones: una llega fané y descangayá), pensando en mis cosas y con los auriculares puestos. En la puerta de entrada, tres compañeros formaban un grupito en torno a un anciano, viejo como el sol, trajeado y pinturero, que blandía un bastón con el que parecía querer reforzar el discurso que daba a tan temprana hora.

Al verme llegar me abrieron paso, di mis buenos días, ellos contestaron y mientras subía las escaleras dejándolos donde los había encontrado, oí unas risas a mis espaldas. Intuí que las risas las había provocado mi paso, así que me giré y los vi a todos vueltos hacia mí y a D. diciéndome algo. Como no lo oía bien, volví a bajar las escaleras y me incorporé al grupo. D. repitió lo que me decía:

D.: Que le has gustado a este señor. Dice que eres una monada.

Señor viejo como el sol: No, yo sólo estaba diciendo que mi hija es catedrática de filosofía.

D. me aclara. Estaba el señor sumido en su perorata hasta que he pasado. Entonces ha parado de hablar y me ha hecho tres radiografías y dos escáners en lo que yo subía las escaleras.

D.: Pero dígalo usted. Si la muchacha es una monería y usted se la ha quedado mirando… (recordar: hacerle un monumento a D. Por lo de muchacha, no por lo de monada)

Señor viejo como el sol: Que yo lo que estaba diciendo es que mi hija es catedrática. No. Es mentira. La que es catedrática es mi nieta. Y mi nieto también.

El señor viejo como el sol seguía en sus trece, negando lo que decía D. para hilaridad de éste y de los otros dos compañeros, cuando de pronto ha avanzado torpemente hacia mí, haciendo gestos con la mano como para que me acercara y ha soltado, tomándose tiempo para respirar, como si para él fuese incompatible hacerlo y hablar al mismo tiempo:

Señor viejo como el sol: Lo que dice ese señor es mentira. Pero ven, acércate y dame un besito.

Ahí la carcajada ya ha sido general. Yo he dado un salto para atrás mientras abría los ojos todo lo que daban de sí y el anciano seguía acercándose a mí, diciendo una y otra vez, entre respiración y respiración:

Señor viejo como el sol: Pero ven, mujer, dame un besito.

He puesto la disculpa de que llegaba tarde, le he dado los buenos días al señor y he huido escaleras arriba como alma que lleva el diablo.

D. lleva riéndose toda la mañana. Ya se ha quedado sin monumento, ea.

¡He ligao!

Llegaba hoy arrastrándome a la oficina (es lo que tiene estar a una semana de las vacaciones: una llega fané y descangayá), pensando en mis cosas y con los auriculares puestos. En la puerta de entrada, tres compañeros formaban un grupito en torno a un anciano, viejo como el sol, trajeado y pinturero, que blandía un bastón con el que parecía querer reforzar el discurso que daba a tan temprana hora.

Al verme llegar me abrieron paso, di mis buenos días, ellos contestaron y mientras subía las escaleras dejándolos donde los había encontrado, oí unas risas a mis espaldas. Intuí que las risas las había provocado mi paso, así que me giré y los vi a todos vueltos hacia mí y a D. diciéndome algo. Como no lo oía bien, volví a bajar las escaleras y me incorporé al grupo. D. repitió lo que me decía:

D.: Que le has gustado a este señor. Dice que eres una monada.

Señor viejo como el sol: No, yo sólo estaba diciendo que mi hija es catedrática de filosofía.

D. me aclara. Estaba el señor sumido en su perorata hasta que he pasado. Entonces ha parado de hablar y me ha hecho tres radiografías y dos escáners en lo que yo subía las escaleras.

D.: Pero dígalo usted. Si la muchacha es una monería y usted se la ha quedado mirando… (recordar: hacerle un monumento a D. Por lo de muchacha, no por lo de monada)

Señor viejo como el sol: Que yo lo que estaba diciendo es que mi hija es catedrática. No. Es mentira. La que es catedrática es mi nieta. Y mi nieto también.

El señor viejo como el sol seguía en sus trece, negando lo que decía D. para hilaridad de éste y de los otros dos compañeros, cuando de pronto ha avanzado torpemente hacia mí, haciendo gestos con la mano como para que me acercara y ha soltado, tomándose tiempo para respirar, como si para él fuese incompatible hacerlo y hablar al mismo tiempo:

Señor viejo como el sol: Lo que dice ese señor es mentira. Pero ven, acércate y dame un besito.

Ahí la carcajada ya ha sido general. Yo he dado un salto para atrás mientras abría los ojos todo lo que daban de sí y el anciano seguía acercándose a mí, diciendo una y otra vez, entre respiración y respiración:

Señor viejo como el sol: Pero ven, mujer, dame un besito.

He puesto la disculpa de que llegaba tarde, le he dado los buenos días al señor y he huido escaleras arriba como alma que lleva el diablo.

D. lleva riéndose toda la mañana. Ya se ha quedado sin monumento, ea.