SÃ, nena, sÃ… vale, vale, vale… Mierda, no, ahora no. ¿Por qué te tienes que despertar siempre en el mismo momento? Espera, no abras los ojos, quizá puedas continuar el sueño en el mismo punto. Nada, no funciona. En fin, veamos la situación: hoy es… sÃ, domingo, menos mal. Estás en tu cama, solo (mierda haberte despertado), asà que no estarÃan mal un café y un cigarro, claro está, no necesariamente en ese orden. Para ello habrá que levantarse. Una mirada al despertador, puro adorno en dÃa de asueto: ¡joder, qué temprano es, mierda haberte despertado, la nena no estaba nada mal!… pero bueno, ya está todo perdido, quizá la recuperes en la siesta. Ahora, necesidad acuciante de una soberana dosis de nicotina y cafeÃna y, bueno, la visita programada de todas las mañanas, esa que no entiende de domingos ni fiestas de guardar. Estirar un poco los músculos antes y ¡joder! Ese alfilerazo brusco en la cadera derecha te ha hecho recordar de repente ¿eh, querido? Te queda por pasar otro dÃa de la forma más estúpida de estar en la cama: ni sueño (¿cómo, si acabas de despertar?) ni sexo (quizá luego, si vuelves a encontrar a la exuberante nena). Toca reposo. Maldita pierna, carcelera de domingo.
Pero un hombre debe hacer lo que tiene que hacer, ante eso no hay reposo que valga, excusa perfecta además para llenar la cafetera y recolectar todo aquello que pueda llenar mis horas al menos hasta el próximo deber ineludible, a saber, necesitamos la prensa… OlvÃdalo, muchacho, para eso estás a expensas de los buenos samaritanos, y serÃa bastante más fácil si alguien en Samaria supiera de tu desdicha. En fin, algo para picar, galletas estarÃa bien. A falta de poder leer los periódicos, algún libro de esos que guardan el sueño de los justos pacientemente para ser leÃdos. Dices siempre que no tienes tiempo: amigo, ahora tienes todo el del mundo.
No olvidar coger papel y lápiz. Buena oportunidad para estrenar el precioso lapicero blanco. Quizá los calmantes nos hagan de negro y consigamos escribir algo decente, quién sabe.
Espera, espera un momento. A ver… sÃ, quizá tengas fuerzas para arrastrar el sofá hasta la ventana. Siempre serÃa algo más divertido que permanecer en la cama, sin otra vista que esas tres paredes y la patética visión de ti mismo haciéndote muecas en el espejo. ¿Estás en tus cabales? ¿La ventana? ¿Te has creÃdo que eres James Stewart? A ver, que la nena de hace un rato estaba buena, pero la princesa era la princesa. Además, de este patio lo más que puedes esperar es que alguna vecina metida en carnes tienda, refregándotelo en las narices, su toalla de propaganda y su bikini brasileño. Y dentro de un rato empezará a pegar el sol y ya no aguantarán aquà ni las chicharras.
Asà que a la cama, aunque el dormitorio parezca un bunker después de un ataque nuclear. Ante todo, ser positivo: seguro que mañana estás mejor y te alegras. Seguro que incluso podrás caminar un rato, únicamente hay que seguir la pauta del reposo por hoy. Al fin y al cabo, ¿quién no ha soñado con poder disfrutar de un par de dÃas de absoluta vagancia?
Jodida la vagancia cuando es por obligación, tan solo ha pasado una hora de este maldito domingo, es el quinto cigarrillo y la segunda taza de café. Has cerrado ya tres veces el libro sin pasar de la primera página y en un garabateado folio lo único legible es «SÃ, nena, sÃ… vale, vale…»