– Tendrás que esperar un poco, Manoli todavÃa no ha llegado.
– Ah, no te preocupes, no tengo prisa (voz en off: mierda, me dejé el libro en casa).
Resignación cristiana, me siento y cojo una revista. El Hola. Con lo que hemos avanzado en comunicaciones, y esta revista sigue teniendo el mismo formato que hace ¿treinta años? Absolutamente el mismo, me darÃa igual estar viendo una de abril de 1.976. Sobre todo cuando llego a las páginas de ‘Ecos de sociedad’. Todo normal, una peluquerÃa es el lugar perfecto para tanta caspa.
Llega mi salvadora, mi peluquera. ¿El mismo color? Claro. Ella lo llama ‘seiscientos dos’. A mà me gusta más el nombre de ‘chocolate’. Charla totalmente trascendente mientras va separando pequeños mechones y pintándolos con el mismo desapego con el que le pondrÃa mantequilla a una tostada. ¿Tu hermana bien? SÃ, llega el viernes. Le cuento lo precioso que está mi sobrino y las ganas que tengo de verlo. Mientras, ya ha terminado y me abandona a la fatalidad de la revista un rato más.
Se cumple el tiempo de ‘pose’ y llega el momento de aclarar el pelo. Manoli está totalmente absorta contándole las gracias de su hija a otra clienta y se recrea en el masaje que me está dando mientras me lava el pelo. Sà señor, este es el primer motivo por el que voy a la peluquerÃa. Y es justo lo que necesitaba después de la mañana que he tenido.
Me corta un poco el flequillo y se embadurna las manos con una crema superbrillo que va a terminar en pocos segundos en mi pelo. Definitivamente, tengo que reencarnarme en gato. Toca secador. Con esta melena de leona, desesperación de cuanta peluquera he visitado, ya me he acostumbrado a que la sesión de secado sea a cuatro manos. Segundo motivo: el pelo tan liso y tan brillante que parece que haya sido planchado. Ya sé qué me voy a pedir para Reyes. Al anterior peluquero al que iba, Nolo (vaya, parece condición sine quanon llamarse con cualquier variante del nombre Manuel para ser peluquero) le proponÃa invariablemente cada vez que iba llevármelo a mi casa para que me peinara cada mañana. No coló. A Manoli todavÃa no se lo he propuesto. Básicamente, no es mi tipo.